Sociólogo - Escritor

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"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales.
Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.
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jorgealiagacacho@hotmail.co.uk
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http://www.jorgealiagacacho.com/

3 de julio de 2020

MADRE Y MAESTRA

 
A HERMILA MARGARITA MENDO SALAZAR DE ALBITRES
CONSTELACIÓN ETERNA
Por Luis Albitres Mendo
Cómo olvidar los instantes preciosos
de esfumados detalles en tus ofrendas
o tus risas alborotadas al calor de recuerdos.
El color de tus ocurrencias eran
largas caminatas hacia un rocío risueño
donde daba gusto acurrucarse en tu regazo.
Manantial de bondades.
Maestra incontenible minuto a minuto
con novedades y sorpresas que se instalaron
para siempre en nuestro común imaginario
¡Madre y Maestra inmortal!
Tu amor persiste Hermila Margarita
¡Madre constelada!
Y eso basta para soportar pruebas y devaneos
en el duro trajinar de la existencia.
Junto a Dios nos quedan la insistencia
de tu cariño y los dones magnánimos
de tu maternidad
.
¡Constelación eterna!
Que vives permanente en cada una
de nuestras células ¡Oh Madre exquisita!
Púrpura flor bellísima, encendiste en los tuyos
brillos especiales, contagiando entusiasmos
inusitados en los frutos amados
de tu bienaventurado corazón.
¡Madre eterna! Tus hijos jamás te olvidan,
pletóricos de ensueños bendicen la hora
de tu nacimiento ¡Madre infinita!
ESCANCIAR FELICIDAD A BORBOTONES
Centro y motor de las fiestas, bella señora,
dama señera, encantadora anfitriona.
De niña tuviste profesora de marinera,
he allí ese donaire y la elegancia de
tu abolengo, luciendo encajes y faldas que
acomodabas a tu antojo, siguiendo casi
en cámara lenta los exquisitos pasos
de una marinera de salón.
Remembranzas familiares con imágenes tiernas,
la casa anterior con su larga cocina y amplio patio,
el piso de piedras azules,
ambientes que permanecen en mi memoria,
no se han borrado aún, tintinean radiantes
los cantos y músicas lejanas
desde el tiempo en que papá y tú organizaban
rumbosas fiestas estelares en el hogar dichoso.
Rutilantes días de fastos y festejos,
de glorias encendidas en rostros y recuerdos
familiares, de amistad, enhorabuena, albricias,
abrazos, llegadas y retornos bienvenidos.
Alborozo de niños, juegos intermitentes.
La noche alargaba su frenesí.
Música, copas, baile, el banquete de potajes varios.
Era el momento preciso
de escanciar felicidad a borbotones.
PLEGARIAS INFANTILES
La iluminación en el brillo de tus ojos
Madre querida
permanece aún cada vez que acudimos
al templo San Francisco, con sus antiguas naves.
Iglesia y convento testifican
la ternura de tus manos juntando las nuestras.
En la iglesia de Las Monjas, bajo la efigie
del Nazareno, musitando preces que se elevan
al cielo entrelazando aromas, volutas de incienso
y fragancias de romero y mirra,
con plegarias y añoranzas retozando gozos
anteriores.
Mensajera amorosa que tallaste
nuestra esencia y la memoria,
vertiendo en nuestro espíritu esa sed
de infinito, portadora incandescente
de la luz divina colocada en el centro
del dorado corazón de cada uno
de tus siete hijos sobrevivientes.

¡Gracias padres queridos por darnos la vida!
AFORTUNADOS DÍAS
I
Reveladora de prodigios a la hora decisiva
en que una madre junta a sus hijos.
Por tu abnegación y los gloriosos momentos
de nuestra vida junto a ti.
Por la entrega sacrificada sin pedir nada a cambio
¡Madre admirable!
En cada minuto de nuestra existencia
fuiste inventora de lo agradable,
fecunda vibración de alegrías contínuas,
tu pasión por las flores, tu amor al cultivo
de jardines que heredaste de tu padre,
grabaron también los gustos y la predilección
de tus hijos.
II
Las frutas aquietaban apetitosas bocas infantiles
mientras los juegos alborotaban la casa
llenándola de bullas querendonas
y el breve escándalo de juguetones párvulos
apabullaba dichoso el vuelo hacia el zaguán,
corredor o patio trasero,
aunque se hacían apetecibles el huerto y los frutales.
Afortunados días que trasuntan ferias,
carruseles, tíovivos.
En la molicie del zaguán de nuestros juegos
la calle quedaba atrás
mientras el solaz reemplazaba al recreo
interminable que la noche ponía fin.

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