Sociólogo - Escritor

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"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales.
Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.
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19 de marzo de 2019

EL SHAMIR

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Cuentan las antiguas leyendas hebreas que el Shamir es un ser viviente (aparentemente un gusano), que fue creado con la caída de la tarde del día sexto de la creación del universo, o sea, momentos antes de ingresar el día de reposo (Shabat). Según Midrash Tehilim (En Yalḳ, I Reyes, 182), el Shamir fue traído del paraíso por el águila a la tierra. La función de este ser era ayudar en la construcción del Templo Sagrado, pues hacían falta para tal fin piedras cortadas a medida y labradas (en la actualidad pueden apreciarse las piedras del muro de los lamentos que es lo que quedó de esa construcción). Estas piedras no podían ser cortadas con cincel, pues estaba prohibido el uso de metales para tal fin, al ser que el metal se utiliza para fabricar armas que acortan la vida de la persona, mientras que el Templo Sagrado prolonga la vida de la persona. Por eso, no es correcto alzar lo que acorta la vida de la persona sobre aquello que la alarga. Debido a esto, no se utilizó ninguna clase de metal en el corte y labrado de las rocas sino que se dio uso al Shamir por parte de los maestros constructores. 
La Guemará relata la historia de Salomón, a quien el Creador le ordeno construir el Templo sin el sonido de los martillos ni objeto metálico alguno, por lo que no podía cortar las piedras de manera ordinaria. Ante esta necesidad,Salomón le preguntó a los rabinos y ellos le dijeron que había un ser llamado “Shamir”, una clase de gusano-demonio, que fue usado por Moisés y Aarón para cortar las piedras del pectoral (Efod) como parte de la vestimenta del sumo sacerdote y grabar en cada una de ellas el nombre de cada una de las tribus de Israel; y que además, al recostar el Shamir contra el lado de cualquier roca, la misma, instantáneamente y sin hacer ruido, se separaba según el patrón que se deseaba. 
Salomón sabía que Elohim nunca nos da más obstáculos a superar de lo que somos capaces de manejar, por lo que el precepto de la Torá en contra del uso de herramientas de hierro tenía que significar que existía otro método. Así que convocó a todos los sabios de su reino, y preguntó si alguno de ellos conocía el secreto. 
Un viejo mago, instruido en la tradición antigua reveló a Salomón que en el sexto día de la creación, además de muchas otras maravillas, Elohim había creado el Shamir. Esta pequeña piedra (algunos dicen que fue un pequeño gusano, que se refiere a la Shamir el Dragón, el Poder de la Serpiente, la Voluntad de Elohim que actúa sobre la piedra dura del mundo) del tamaño de un grano de cebada, se utilizó supuestamente por Moisés para grabar los nombres de las tribus en las doce piedras preciosas en el efod (vestiduras sacerdotales usadas por los sacerdotes judíos durante el antiguo testamento) usado por el Sumo Sacerdote. El Shamir podría cortar las piedras para el templo en completo silencio. Pero ni él, ni ningún otro de los sabios reunidos sabía dónde se encontraba el Shamir. Entonces Salomón reunió a todos los demonios que estaban bajo su control. Al consultarlos no tenían ni idea de dónde se encontraba el Shamir. Se sospechaba, sin embargo que su líder Asmodeo, el rey de los demonios, probablemente sabía el secreto. Los demonios inferiores le señalaron a Salomón el nombre de una montaña donde habitaba Asmodeo. Además, le informaron que había un manantial de agua pura dentro de esta montaña donde Asmodeo, el Gran Rey de los Sombrajes o Gran Jefe de Todos los Demonios, le podía dar la información que deseaba. Asmodeo acostumbraba beber, actividad placentera para él. Posteriormente de saciar su sed sellaba el pozo con una gran roca antes de regresar a sus ocupaciones. Cada vez que él regresaba siempre se cercioraba de que el sello no había sido manipulado durante su ausencia. Salomón pidió a su general y mano derecha, Benaía (cuyo nombre significa "hijo de Elohim"), diseñara un plan para capturar a Asmodeo. Benaía salió en busca del demonio a la montaña con una cadena, un manojo de lana, un recipiente de vino y el anillo de Salomón en el que el viejo mago había inscrito el nombre de Elohim. 
Cuando Benaía llegó a la montaña hizo un orificio en la parte inferior dejando que el agua que contenía el pozo de manantial saliera. Al terminar la tarea, éste bloqueó la abertura con un poco de lana creando un tapón temporal para evitar saliera el contenido que se preparaba a verter en el pozo. Benaía escaló la montaña, hizo otro hoyo en la parte superior y comienzó a verter el vino que traía en las garrafas para así llenar una gran porción del pozo con vino y posteriormente tapando dicha abertura con el resto de la lana, toda esta obra sin haber tocado la gran roca que coloco Asmodeo para proteger su pozo. Cuando Asmodeo regresó, se sorprendió al encontrar vino en lugar de agua en su pozo, pero el sello no había sido tocado. Al principio, él no la quiso beber, pero pronto sucumbió ante su sed y bebió hasta que sus sentidos fueron vencidos y el vino lo puso en un profundo sueño. Benaía ahora salió de su escondite, deslizó el anillo con el nombre de Elohim en la cadena y puso la cadena alrededor del cuello del rey de los demonios. Asmodeo despertó y trató de escapar, pero la lucha fue inútil, el anillo con la inscripción era demasiado poderoso para el demonio. Benaía regresó a ver a Salomón con el demonio atado. 
Salomón habló con Asmodeo y le exigió que revelara el escondite del Shamir. El demonio dijo que Elohim le había dado el Shamir al ángel del mar y que este desde hacía mucho tiempo se lo confió a un gran pájaro que había hecho un juramento para guardarlo cuidadosamente. El ave buscó la montaña más rocosa y elevada para hacer su nido, empleaba el Shamir para romper la roca para luego rellenar las aberturas con semillas y así las plantas crecieran y crearan un hábitat más habitable. Pero hay muchos, muchos lugares, entre las montañas del sur donde el pájaro puede estar. 
Una vez más Salomón y Benaía idearon un plan. Benaía llevó a una fuerza expedicionaria en busca del gran pájaro. Finalmente encontraron su nido, tal como Salomón había esperado, estaba lleno de las crías de la gran ave. Siguiendo el plan de Salomón, Benaía cubrió el nido con un gran cristal plano y transparente que había traído con él. Entonces se escondió y esperó. Cuando el gran pájaro volvió y vio a sus polluelos hambrientos y desamparados debajo de la piedra, sacó el Shamir para destruirlo. Benaía saltó de su escondite de forma inesperada, gritando y agitando los brazos creando tal escándalo que el ave escapó del lujar no sin antes dejar caer el Shamir. Benaía recogió el Shamir, removió la piedra del nido y volvió con el rey Salomón. 
Una vez que Salomón sabía que las piedras podrían ser cortadas y montadas sin violencia y sin emplear herramientas de hierro, la tarea de la construcción comenzó. 
Salomón se dio cuenta que Asmodeo, el Gobernante del Mal era un personaje arrogante, por lo cual rápidamente lo aseguro con la cadena a una piedra. 
Asmodeo se mantuvo en cautiverio hasta que el templo fue completado. Este demonio logró su liberación de la siguiente manera: cuando Salomón se mostró curioso de los poderes mágicos de Asmodeo, el Rey de los Sombrajes contestó que si Salomón removía las cadenas que llevaban el nombre de Elohim y le otorgaba el anillo con el sello que tenía puesto, entonces le demostraría sus poderes sobrenaturales. Salomón acató la solicitud, y el Sombraje, cargando al Rey, lo lanzo cuatrocientas millas hasta un país distante, y tras llevar sobre sí mismo la figura y apariencia del Rey Salomón, gobernó a Israel en su lugar. Salomón, triste pero sabio, retomo su trono tras muchas aventuras. Luego de esto, Ashmedai desplegó sus alas y viajó a su propio trono en el mundo elemental
Fuente:Mashìaj, TORÁ Y Cabalá.

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