Sociólogo - Escritor

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"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales.
Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.
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13 de mayo de 2023

Zeñó Manué: Manuel Solari Swayne

Chabuca Granda y Manuel Solari Swayne, en 1982

Por Jorge Aliaga Cacho

Manuel Solari Swayne, nacido en 1914, fue un cronista que defendió a la Lima de antaño, a la que Chabuca Granda cantara. A él, Chabuca Granda, le dedicó su composición: ''Zeñó Manué'', que fuera estrenada en la algarabía de un almuerzo, ofrecido por Fernando Graña. Esto sorprendió y disgustó a Manuel Solari, quien se sintió avergonzado, al verse convertido, en el centro de la atención del público. Y, por esta razón, muy molesto, Solari dejaría de usar el seudónimo: Zeñó Manué, con el que firmaba sus artículos periodísticos, y que, en ese momento, era tomado por Granda para darle título a su nueva canción. Se dice que Manuel Solari fue reprendido por su hermano:'eres un suicida porque ya te condenaste a no pasar a la historia sólo por este vals que te dedicó Chabuca'. Sin embargo, pasado un tiempo, Solari recuperó el seudónimo Zeñó Manué y, también la amistad con Chabuca Granda, la autora de ''La flor de la canela''. Manuel Solari Swayne falleció el 16 de abril de 1990. Además de periodista, crítico taurino y de teatro, fue también difusor cultural. 

Aunque discrepo con algunos aspectos del espíritu conservador de Manuel Solari Swayne, como, por ejemplo, la defensa de las corridas de toros, un espectáculo vergonzoso traído por los españoles a América, y que surgiera de los 'juegos' sangrientos de los romanos, para divertir a una plebe amante de espectáculos 'emocionantes' y 'sanguinarios'. Debo reconocer, considerando lo anterior y la prosapia de Solari Swayne, que podemos rescatar los elementos positivos en las campañas de difusión cultural, que realizara Solari, para conservar la Lima tradicional: con sus personajes, costumbres, monumentos y calles, a las que Chabuca Granda les daba marco en sus composiciones y que, ahora, son reconocidas y admiradas en el mundo entero. Alguien dijo que: Chabuca Granda llevó la poesía al vals peruano.  

12 de mayo de 2023

Los muchachos de antes no usaban sneakers




Por Jorge Aliaga Cacho
 
Recuerdo la película ''Kramer vs Kramer'', que se estrenó a finales de los años 70. 1979 para ser más exacto. Escrita y dirigida por Robert Benton fue, ese año, la película más taquillera. Tuvo nueve nominacione al Oscar. En ella actuaron Dustin Hoffman, Meryl Streep, Jane Alexander y Justin Henry.

La historia presentaba a Ted Kramer, (Dustin Hoffman), un padre y esposo que adoraba a su familia, pero que debido al trabajo tenía poco tiempo para pasarla con su esposa e hijo. Por ello, su mujer, Joanna,(Meryl Streep), discutiría con él y, lo abandonaría junto a su hijo de seis años. Ted tuvo que luchar para aprender a realizar las labores domésticas 'propias' de una madre, pero al mismo tiempo, tuvo que luchar para no descuidar su trabajo. Fue difícil su adaptación para el rol de padre y madre, a la vez, pero cuando ya estaba dominando la situación, Joanna regresa y le pide que le devuelva a su hijo.

Recuerdo un diálogo y despedida en la escena final. Me causó risa ver a Hoffman vistiendo, si mal no recuerdo, una chaqueta (saco formal) y calzando 'sneakers'. Desde luego, que Hoffman se adelantó a su tiempo, pero yo no me daba cuenta. Además retiene mi memoria la escena final cuando Se ve alejar a la pareja protagonista: Meryl Streep con su 1.69 cm de estatura, no recuerdo si llevaba tacones; y Dustin Hoffman con su 1.68 cm de estatura que llevaba puestos un par the sneakers.

Si estoy en lo cierto, esta escena podría haber iniciado, en gran medida, la popularidad de ese calzado que domina la moda en nuestros días. Por mi parte me resistí a usarlos por mucho tiempo, pero ahora empiezo a calzarlos con más frecuencia. Sin embargo, considero que estos zapatos de jebe no pueden superar la elegancia del calzado formal.

En la presente entrada pueden ver la historia del calzado hasta llegar a los sneakers. También les recomiendo la película Kramer vs Kramer.

La ternura del iceberg

1
L A T E R N U R A D E L I C E B E R G
( N O V E L A )
A U T O R: “P E R S E O”
2
Si toda novela trata de imaginar los capítulos que faltan en una vida, toda biografía es de alguna manera una inspirada ficción.
Alberto Manguel, crítico literario.
La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados
( Jean Paul )
¿Por qué contemplas con tanto ardor esas vívidas luces y no reparas en los que vienen
detrás de ellas?
(Canto Vigésimo Nono. Purgatorio. La Divina Comedia, Dante Alighieri)
3
( I )
Por varios meses había estado retrasando el viaje a la República Dominicana, pero denada me sirvió esa efímera evasión. Lucio llamó, molesto ─algo no muy inusual en él de un tiempo acá─ y me advirtió que si no iba lo más pronto posible a Santo Domingo,
él dejaría de considerarme su hijo.
Estas últimas palabras las dijo como saboreándolas, masticándolas, imaginé; haciéndolas durar más en esa tensión que forman espacio y tiempo, sobre todo cuando, como sucede en nuestro caso, estamos separados por el fragoroso y azul
océano Atlántico. Realmente me estremecieron sus palabras.
Imaginé a papá con su camisa a cuadros, arremangada hasta los codos, pantalón beige o negro y sandalias cafés. Ah, y con sus gafas de montura negra, con sus cristales divididos por los bifocales. Esas gafas hacían que su solemne expresión facial
se acentuara.
Cuando yo era pequeño escuche a mucha gente, sobre todo en lugares públicos, preguntarle si él era o había sido militar. Mi padre siempre lo negaba: las primeras veces molesto, pero después resignado.
─No ─decía él─ soy el encargado de una ferretería que queda en la Carretera Mella con Charles de Gaulle, pero jamás me ha pasado por la cabeza meterme a la milicia.
4
Y esto era cierto.
Quien sí había sido militar era su hermano, mi tío Eugenio, a quien corrieron de la institución castrense, siendo nada menos que sargento mayor, porque un capitán lo encontró, en uno de los baños de la Base Aérea de San Isidro, cogiéndose de perrito a
una de las cocineras, que era, por más señas particulares, menor de edad. La muchacha era sobrina nieta de la encargada de la cocina y acababa de llegar de Gaspar Hernández, de donde su familia la exilió para que olvidara a un novio que no le convenía, un malviviente, un bueno para nada. Eso decían ellos. Vaya usted a saber.
El incidente ocurrió durante los Doce años de Balaguer [quien subió al gobierno después de la sangrienta guerra civil dominicana, la Revolución de 1965, la Revolución de abril], y mi tío Eugenio se salvó de ir a la cárcel porque mi padre era
muy amigo de un Senador del Partido Reformista ─partido que ostentaba el poder─ y mi padre corrió a pedirle, en cuanto se enteró del lío en que su hermano menor se había metido, que le hiciera el favor de echarle la mano en ese penoso asunto.
─Ah, pero qué cabrón nos salió el “Geño” ─dijo el Senador.
El Senador era del mismo pueblo y hasta de la misma calle que mi padre y que mi tío; en su infancia habían jugado pelota, todos las tardes, en el mismo Play, y de vez en vez se fueron al río Yuna, a escondidas de sus padres, a darse una buena zambullida.
El Senador soltó una carcajada que hizo que su secretaria, que estaba en un rincón apartado tecleando en una máquina Olivetti, levantara la vista y la fijara en ellos, por un momento fugaz. Dice mi padre que en ese mirar fugaz se dio cuenta de que la
muchacha tenía los ojos verdes. Él sólo había hablado con ella por teléfono, pues la que él conocía, Marilú Encarnación, que era también de Sánchez, ya se había jubilado.
5
─Entonces, a ese “Diablo cojuelo” todavía se le para el ripio ─dijo el Senador, después de reírse muchísimo─ hay que estar vivo para ver vainas…Hizo un par de llamadas y en menos de lo que canta un gallo, mi tío estaba en la calle, despedido, sí, pero, vivo y en libertad, que ya era mucho pedir. Esa vez, por poquito y la sangre llega al río.
Después, mi tío consiguió un trabajo en Aduanas y ahí trabajó, fiel y burocráticamente, hasta que lo alcanzó la muerte, el día quince de mayo del 1988: día nublado, después de haber llovido toda la noche, y en el que amaneció haciendo frío.
─Dime si vas a venir o no─ dijo Lucio, molesto.
─Ya te dije que sí, papá ─afirmé yo, empezando a molestarme.
Del otro lado de la línea se hizo un profundo silencio, un silencio tan compacto que se podía tocar con las manos. Por lo menos eso imaginé, pero yo siempre he sido muy dado a las elucubraciones mentales.
─Sólo déjame y resuelvo algunas situaciones que tengo pendientes─ argumenté.
─Te paso a tu madre ─dijo él, cortante─ ¡Ten, Angélica… el teléfono!
Y me la pasó.
Mi madre, en el teléfono, fue el contrapunto de la voz y del tono de mi padre.
─¿Cómo estás hijito?─ preguntó ella, con su voz dulce, pausada.
─Bien ─dije yo─ ¿Cómo sigue tu salud?
─Bien… ─contestó ella─ bien dentro de lo que cabe. Ya ves cómo son los médicos, hospitales y clínicas de este país. No sirven para nada. Están como la compañía de la luz.
─Sí ─dije yo, más para entrar en empatía que porque estuviese cien por ciento de acuerdo con mi madre─ están para llorar, todos.
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─Sí, para llorar, como dices ─contestó ella, y se interrumpió para toser.
Su tos era profunda, cavernaria, con matices asmáticos. Quizá durase un minuto, a lo sumo dos, pero a mí me pareció una eternidad. Se me hacía que se ahogaba.
─Toma ─escuché que le decía mi padre─ acábate el té, tiene eucalipto. Ya sé que está frío, pero yo te lo traje caliente, así que no es mi culpa; y tampoco importa que esté amargo, ya que no es una piña colada o un licuado de fresa, es una medicina.
¿Por qué eres tan mala bebedora, mujer? No, no me hagas señas de que me calle, tu hijo tiene que saber cómo eres.
Mi madre debió de tapar el auricular para que yo no escuchara lo que le contestó, porque cuando volví a escuchar, mi padre, refunfuñando, le decía:
─Bueno, haz lo que tú quieras, total, siempre haces las cosas a tu manera; no pienso seguir discutiendo contigo, ya estoy cansado. A ti fue que salieron tus hijos.
Ninguno de los tres se parece a mí.
Mamá, después de sortear otro acceso de tos, más prolongado que el primero, afirmó:
─No le hagas caso a tu padre, ya sabes cómo es, últimamente pelea por cualquier cosa y está preocupándose por todo. Él se toma la vida demasiado en serio. Una tontería, ¿verdad?, porque no importa lo que hagamos, al final, terminaremos muertos… es una suerte que ni tú ni tus hermanos sean como él ─ me dijo.
─Sí, una suerte ─afirmé yo.
─¿Y cuándo vienes?─ preguntó.
─Todavía no lo sé con certeza ─dije─ pero espero hacerlo lo más pronto posible.
─Joel…─ musitó.
─Dime…
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─Hijito…no le des tiempo al tiempo ─dijo ella─ haz por venir al país, porque tu hermano Everardo te extraña demasiado aunque no te lo diga, y nosotros también.
─Sí… ─dije yo, tragando en seco, en uno de esos momentos en que la nostalgia y el dolor se encuentran y se besan, y se nos trenzan como en un nudo de serpientes entre pecho y espalda─ te prometo que en esta misma semana te llamo para decirte cuándo
voy.
─No sabes la alegría que me das─ dijo mi madre─ Pensar que de nuevo voy a tener a mis tres hijos juntos.
Conversamos quince minutos más sobre mil y un temas diferentes.
Antes de que colgara el teléfono, Selene, mi pareja de aquella época, bajó las escaleras, tarareando la canción “Macarena” con la que el dúo español Los Del Río habían pegado en el gusto popular. Hasta el presidente de Estados Unidos la bailaba.
Selene traía puesta su bata de dormir, una camisola color limoncillo, transparente, que dejaba apreciar sus bragas rojas y diminutas y sus pechos grandes, de pezones rosados.
Encendió la luz de la cocina; enjuagó un par de copas y un plato, para luego acomodar bien las ollas y cucharas que yo había lavado mientras ella iba a darse un baño de espumas.
Acomodó todo sobre la tarja de aluminio inoxidable, junto al fregadero y su llave mezcladora cromada que brillaba de una manera especial bajo la luz de la lámpara ahorradora de electricidad.
Selene abrió la nevera y sacó un ramillete de enormes uvas que puso sobre el plato, a su lado colocó unas pasas y pistaches y dos ciruelas rojas; luego agarró una botella de vino cabernet, y con el plato, las copas y la botella de vino, en equilibrio perfecto,
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volvió a subir las escaleras. Pensé que iba cargada como una hormiga arriera en día de picnic.
─A la mesa y a la cama se llama una sola vez─ me sentenció.
Y se movió como lo hubiera hecho la colombiana Shakira. ¡Pura sabrosura!
Me despedí de mi madre, cuyas conversaciones telefónicas siempre se alargaban al infinito, porque si no había novedades en el barrio, en el seno de la familia, o en el país, ella las inventaba; la cosa era seguir escuchando mi voz a través del teléfono.
Colgué el auricular con no disimulada prisa y subí las escaleras, saltando los escalones de dos en dos.

Extracto de la novela: ''La ternura del iceberg'', de la autoría de un excelso escritor y amigo, ,que escribe con el seudónimo Perseo. Su pluma ágil y descriptiva registra verazmente los pormenores sociológicos y sicológicos de nuestra sociedad.

Ildiko Nassr: microrrelato

Libros de Ildiko Nassr


 

11 de mayo de 2023

La muerte de un funcionario, un cuento de Antón Chéjov

Antón Chéjov

'Un alguacil estornuda, mientras asiste a la ópera, en dirección a la nuca de un anciano consejero de Estado. Sus vanos intentos por transmitirle sus disculpas lo sumen en un hondo estado de preocupación. En torno a este enredo absurdo teje su fantasía el maravilloso Anton Chéjov en 'La muerte de un funcionario'.


Por Antón Chéjov

El gallardo alguacil Iván Dmitrievitch Tcherviakof se hallaba en la segunda fila de butacas y veía a través de los gemelos Las Campanas de Corneville. Miraba y se sentía del todo feliz…, cuando, de repente… —en los cuentos ocurre muy a menudo el «de repente»; los autores tienen razón: la vida está llena de imprevistos—, de repente su cara se contrajo, guiñó los ojos, su respiración se detuvo…, apartó los gemelos de los ojos, bajó la cabeza y… ¡pchi!, estornudó. Como usted sabe, todo esto no está vedado a nadie en ningún lugar.

Los aldeanos, los jefes de Policía y hasta los consejeros de Estado estornudan a veces. Todos estornudan…, a consecuencia de lo cual Tcherviakof no hubo de turbarse; secó su cara con el pañuelo y, como persona amable que es, miró en derredor suyo, para enterarse de si había molestado a alguien con su estornudo. Pero entonces no tuvo más remedio que turbarse. Vio que un viejecito, sentado en la primera fila, delante de él, se limpiaba cuidadosamente el cuello y la calva con su guante y murmuraba algo. En aquel viejecito, Tcherviakof reconoció al consejero del Estado Brischalof, que servía en el Ministerio de Comunicaciones.

—Le he salpicado probablemente —pensó Tcherviakof—; no es mi jefe; pero de todos modos resulta un fastidio…; hay que excusarse.

Tcherviakof tosió, se echó hacia delante y cuchicheó en la oreja del consejero:

—Dispénseme, excelencia, le he salpicado…; fue involuntariamente…

—No es nada…, no es nada…

—¡Por amor de Dios! Dispénseme. Es que yo…; yo no me lo esperaba…

—Esté usted quieto. ¡Déjeme escuchar!

Tcherviakof, avergonzado, sonrió ingenuamente y fijó sus miradas en la escena. Miraba; pero no sentía ya la misma felicidad: estaba molesto e intranquilo. En el entreacto se acercó a Brischalof, se paseó un ratito al lado suyo y, por fin, dominando su timidez, murmuró:

—Excelencia, le he salpicado… Hágame el favor de perdonarme… Fue involuntariamente.

—¡No siga usted! Lo he olvidado, y usted siempre vuelve a lo mismo —contestó su excelencia moviendo con impaciencia los hombros.

“Lo ha olvidado; mas en sus ojos se lee la molestia —pensó Tcherviakof mirando al general con desconfianza—; no quiere ni hablarme… Hay que explicarle que fue involuntariamente…, que es la ley de la Naturaleza; si no, pensará que lo hice a propósito, que escupí. ¡Si no lo piensa ahora, lo puede pensar algún día!…”

Al volver a casa, Tcherviakof refirió a su mujer su descortesía. Mas le pareció que su esposa tomó el acontecimiento con demasiada ligereza; desde luego, ella se asustó; pero cuando supo que Brischalof no era su «jefe», se calmó y dijo:

—Lo mejor es que vayas a presentarle tus excusas; si no, puede pensar que no conoces el trato social.

—¡Precisamente! Yo le pedí perdón; pero lo acogió de un modo tan extraño…; no dijo ni una palabra razonable…; es que, en realidad, no había ni tiempo para ello.

Al día siguiente, Tcherviakof vistió su nuevo uniforme, se cortó el pelo y se fue a casa de Brischalof a disculparse de lo ocurrido. Entrando en la sala de espera, vio muchos solicitantes y al propio consejero que personalmente recibía las peticiones. Después de haber interrogado a varios de los visitantes, se acercó a Tcherviakof.

—Usted recordará, excelencia, que ayer en el teatro de la Arcadia… —así empezó su relación el alguacil —yo estornudé y le salpiqué involuntariamente. Dispen…

—¡Qué sandez!… ¡Esto es increíble!… ¿Qué desea usted?

Y dicho esto, el consejero se volvió hacia la persona siguiente.

“¡No quiere hablarme! —pensó Tcherviakof palideciendo—. Es señal de que está enfadado… Esto no puede quedar así…; tengo que explicarle…”

Cuando el general acabó su recepción y pasó a su gabinete, Tcherviakof se adelantó otra vez y balbuceó:

—¡Excelencia! Me atrevo a molestarle otra vez; crea usted que me arrepiento infinito… No lo hice adrede; usted mismo lo comprenderá…

El consejero torció el gesto y con impaciencia añadió:

—¡Me parece que usted se burla de mí, señor mío!

Y con estas palabras desapareció detrás de la puerta.

“¿Burlarme yo? —pensó Tcherviakof, completamente aturdido—. ¿Dónde está la burla? ¡Con su consejero del Estado; no lo comprende aún! Si lo toma así, no pediré más excusas a este fanfarrón. ¡Que el demonio se lo lleve! ¡Le escribiré una carta, pero yo mismo no iré más! ¡Le juro que no iré a su casa!”

A tales reflexiones se entregaba tornando a su casa. Pero, a pesar de su decisión, no le escribió carta alguna al consejero. Por más que lo pensaba, no lograba redactarla a su satisfacción, y al otro día juzgó que tenía que ir personalmente de nuevo a darle explicaciones.

—Ayer vine a molestarle a vuecencia —balbuceó mientras el consejero dirigía hacia él una mirada interrogativa—; ayer vine, no en son de burla, como lo quiso vuecencia suponer. Me excusé porque estornudando hube de salpicarle… No fue por burla, créame… Y, además, ¿qué derecho tengo yo a burlarme de vuecencia? Si nos vamos a burlar todos, los unos de los otros, no habrá ningún respeto a las personas de consideración… No habrá…

—¡Fuera! ¡Vete ya! —gritó el consejero temblando de ira.

—¿Qué significa eso? —murmuró Tcherviakof inmóvil de terror.

—¡Fuera! ¡Te digo que te vayas! —repitió el consejero, pataleando de ira.

Tcherviakof sintió como si en el vientre algo se le estremeciera. Sin ver ni entender, retrocedió hasta la puerta, salió a la calle y volvió lentamente a su casa… Entrando, pasó maquinalmente a su cuarto, se acostó en el sofá, sin quitarse el uniforme, y… murió.

Las cartas de Chéjov

Nota sobre Chéjov en ''The Observer''

Por Jorge Aliaga Cacho

Se sabe que Antón Chéjov fue un gran escritor de cartas, cada una de sus misivas, era en sí misma, una pequeña obra de arte. Su registro epistolar era 'rápido, espontáneo y aireado, sin trabajo'. A Chéjov se le puede adjudicar también lo que Joseph Conrad opinó sobre William Henry Hudson: 'escribe como crece la hierba'.
Las cartas de Chéjov son abiertas y reveladoras a pesar que él era recatado y suspicaz. Incluso, algunos afirman que, Chéjov disfrutaba con la mistificación, por supuesto, esto lo hacía como burla defensiva. Chéjov, simplemente, era un artista dador de vida, un apasionado por ella y la reconciliaba con la muerte porque veía que, esta última, era inseparable de la vida que tanto amaba. Odiaba sólo la violencia porque ella oscurecía la vida. Odiaba la falsedad: 'No soy ni liberal ni conservador', escribió en una de sus pocas declaraciones directas sobre sí mismo; 'ni gradualista, ni monje, ni indiferente. Quisiera ser un artista libre y nada más, y lamento que Dios no me haya dado la fuerza para serlo'. Tenía entonces veintitantos años, recién autoliberado de una desgraciada sombra. El joven Chéjov escribió: 'se estruja el esclavo fuera de sí, gota a gota y...al despertar una hermosa mañana... encuentra que la sangre que corre por sus venas ya no es la sangre de un esclavo, sino la de un ser humano real'.

A Chéjov le tomó mucho tiempo darse cuenta de su talento. 'Sus primeros escritos fueron bocetos humorísticos para revistas vulgares que producía en masa, como estudiante de medicina, para ayudarse en su vida estudiantil precaria. Chéjov se profundizó casi imperceptiblemente, y se sorprendió y sobrecogió al descubrir que lo tomaban en serio como artista. Evidentemente, había llegado el momento de que se tomara en serio su propio don, y así lo hizo. Pero a sí mismo nunca se lo tomó en serio. Nunca, a lo largo de su corta vida y toda la adulación que recibió, confundió este regalo de Dios con el hombre, Antón Chéjov, y lo llevó como un trofeo o una carga, modesta o patentemente, según su estado de ánimo.
También, fue médico con formación clínica. Aquí había otro talento que nutrir. Como médico se afanó entre los campesinos; pero no tenía que fingir ante sí mismo que le gustaban, ofendiendo a Tolstoi mostrándolos como unos patanes borrachos, ladrones, astutos y maltratadores de mujeres con demasiada frecuencia.

Edward Crankshaw en una nota aparecida, en ''The Observer Review'', el 27 de enero de 1974, titulada 'The artist as human being' ('El artista como ser humano'), se ha ocupado del estudio de las cartas de Chéjov y nos brinda su juicio sobre el gran cuentista, dramaturgo y médico, nacido el 29 de enero de 1860, en Taganrog, Rusia:

'Chéjov no tenía panaceas. Pensó que ningún sistema social impuesto puede salvar a la humanidad: 'sólo el corazón podía salvarla'. Se impulsó en interés de la humanidad, pero sin gloriarse en ella y sin masoquismo. El tipo de leyenda, que surgió de su célebre viaje a la colonia de convictos, en la isla Sakhalin, lo habría enfermado. En ese momento, aunque tenía las semillas de su enfermedad fatal, estaba lejos de ser un tísico en sus últimas piernas, azotando la carne en un esfuerzo sacrificial por hacer el bien. Chéjov se encontraba muy frágil, atroces eran las condiciones del viaje; pero floreció en las penurias, regresó más saludable, y se deleitó, como lo muestran algunas de sus cartas de viaje, en los paisajes del río Amur; y su sentido del deleite fue inagotable. Tenía buenos amigos y se mantuvo fiel a ellos, a veces sin importar las agudas diferencias políticas. Pero era un hombre solitario, responsable, en último término, sólo de su propio concepto de la verdad. Esto, lo puso en desacuerdo no solo, con la Filistea oficial, sino también con la Filistea de los intelectuales rusos que creían que el arte debe estar al servicio de la política. «El fariseísmo, la torpeza y la tiranía no reinan sino en las casas de los comerciantes y en las comisarías», escribió muy pronto. 'Los veo en la ciencia, en la literatura, entre la generación más joven. Por eso no tengo especial predilección por policías, carniceros, científicos, escritores o la generación más joven'.

Antón Pávlovich Chéjov fue influenciado por León Tolstói, Fiódor Dostoyevski, Nikolái Gógol.
Falleció el 15 de julio de 1904, Badenweiler, Alemania.

9 de mayo de 2023

La pasión del bordado en la casa de Macedonio Graz

Las tejedoras de San Salvador de Jujuy

La casa de Macedonio Graz

Por Jorge Aliaga Cacho 

En la casa, hoy convertida en museo, de Macedonio Graz: abogado, político, profesor y periodista, nacido en San Salvador de Jujuy, en 1826, se viene desarrollando con éxito un taller de técnicas de bordado. Allí, en medio de árboles frutales y palmeras; un grupo de distinguidas damas jujeñas, hacen honor al arte de hilar, trenzar y entrelazar. Y, a su vez, dan vida a los recintos que alguna vez ocupará el ilustre periodista que publicara, ''El Orden'', el primer diario de la provincia.
Ildiko Nassr, destacada escritora y promotora cultural, es quien conduce el taller de estas talentosas tejedoras argentinas, que trabajan, en un bello ambiente, sobre imponentes baldosas masónicas dando frente a una primorosa balaustrada.
Ildiko Nassr describe, los sentimientos que produce esta actividad milenaria, de manera brillante:
'Empezar una nueva labor genera la ansiedad de una primera cita, una cierta adrenalina y sorpresa. El primer paso de un nuevo camino a recorrer.
Las primeras puntadas están llenas de expectativas y alegría.
Bordar requiere concentración, pero aparece una conversación con el grupo de bordado. Estamos en la misma, aunque cada quien hace su propio bordado, con su particular tensión, prolijidad, elegancia...
Gracias por compartir esta pasión'.

El primer diario de San Salvador de Jujuy

8 de mayo de 2023

Manto Azul en LLamas: Daniel Baruc Espinal

Miao yi - Tu: una visita inspiradora

Foto © Miao yi-Tu

Por Jorge Aliaga Cacho

La distinguida escritora taiwanesa, Miao yi - Tu, visitó recientemente el Parque Cultural y Creativo Longtan Heyao, en Taiwan. Ella fue invitada por el Comité de Ópera Infantil Hakka, cuyos integrantes son: Liao Yupei, secretario general, Liao Meiling, director del Departamento de Comunicación Artística, Xiang Yang, presidente de la Asociación Nacional de las Artes, y Chen Ban, presidente de la República de China Art Foundation.
La visita, realizada el 4 de mayo último, también incluyó una asistencia a la antigua residencia de Wu Zhuoliu, un influyente periodista y novelista taiwanés de ascendencia Hakka; cuya novela autobiográfica: 'Huérfano de Asia', es considerada como un clásico de la literatura asiática moderna 'y una expresión innovadora de la conciencia nacional taiwanesa de la posguerra'.
Miao yi - Tu, nos hace una descripción poética de los pormenores de su visita, por ejemplo: las ofrenda de flores tung al Templo Bo Gong, que lucía romántico y sensato. Miao yi - Tu, recuerda: 'que las flores de tung lucían frescas, esplendorosas', y: 'caían del cielo, silenciosamente, para adorar a Bo Gong, en el camino hacia la montaña,'.
En la Mansión Jiang'a Xin, añade Miao yi - Tu, 'fue muy especial, y emocionante, escuchar octavas y canciones populares'. La piedra, al lado del templo Bo Gong, en la que solía sentarse Wu Zhuoliu, permanece en el mismo lugar.
Miao yi-Tu caminó y meditó, por un camino solitario detrás de la casa de Wu Zhuoliu. Luego, Chen Ban, presidente de la República de China Art Foundation, habló sobre el camino por el que solían transitar, Zhong Zhaozheng y Wu Zhuoliu. En pleno discurso de Chen Ban, Miao yi - Tu ensoñaba.
Long Yingzong Liu Yishu, estudioso de Lengua y Literatura, y su didáctica, (Museo Literario), relata Miao yi - Tu: 'elucidó sobre tres importantes escritores hakka: Wu Zhuoliu, Zhong Zhaozheng y Long Yingzong Liu Yishu; este último se preguntaba: ¿En qué idioma se desenvolverían estos escritores?, y volvería a repreguntarse: ¿Hablarían japonés?'. Recordemos que, debido a la ocupación japonesa de Taiwan, Wu Zhuoliu, así como los otros escritores antes mencionados, debieron realizar mayor uso del idioma nipón.
Miao yi -Tu declara que esta visita significa 'un paseo por las flores de Tung, por la Literatura y por la Historia. Para Miao yi -Tu, su participación en el Festival Tung Blossom ha significado un rico viaje a la Literatura Hakka en el contexto de la era colonial japonesa.
La obra de Miao yi-Tu ha recibido gran influencia de Wu Zhuoliu y de su propia familia hakka. El año 2011, precisamente, ganó el premio Wu Zhuoliu Short Story Award. La talentosa, escritora, pintora, poeta y editora taiwanesa, se siente feliz y agradecida, con el Comité Hakka, por este exitoso evento cultural realizado en Taiwan.
'Se ha dicho que el Festival de las Flores de Tung, organizado por el Consejo de Asuntos Hakka, no es solo un sacrificio a los espíritus guardianes en nombre de la gente, sino también una ofrenda a la gente en nombre de las flores'.

7 de mayo de 2023

Scottish independence

Photo: The Guardian


Source: The Guardian
Scottish independence
Letters

Tom Tracey thinks an independent Scotland could tackle inequality, while Michael Martin says Scots should not fear independence. Plus letters from Matt Ritchie and Polly Purvis
Wed 19 Apr 2023.

Simon Jenkins correctly highlights that “unionist joy is misplaced” and that Scottish independence is very much alive and well (Sturgeonism is dead but the independence cause is not. Westminster beware, 10 April 2023). Three factors drive it: the UK economy, the Conservative party and Scottish demographic voting intentions.

The UK economy used to work for most countries and regions: that was the basis of the union. Regional GDP data shows that it now works for two regions, London and the south-east. Levelling up is correctly regarded as a vacuous slogan. Unlike the English regions, Scotland does not need to accept this built-in inequality. An independent Scotland can shape the economy to meet its need or fail trying. A Conservative majority in Scotland was last seen in 1959. Most Scots do not support Conservative values and find this most recent batch of buffoons and millionaires particularly offensive. A short Labour interlude in Westminster will not change the basic fact that Scotland is socially and politically diverging from England. Brexit crystallises the difference, with a significant majority of Scots voting to remain. On the demographics, polling consistently shows that 16- to 35-year-olds are overwhelmingly in favour of independence, particularly young female voters. The SNP meltdown will help the cause of independence by creating a movement focused on the primary objective, rather than on marginal issues of limited importance to the Scottish population. SNP difficulties are a major issue for them, but just a bump in the road to Scottish independence.
Tom Tracey
Brodick, Isle of Arran

Simon Jenkins is right: the move towards Scottish independence is not going away because of the present troubles of the SNP. It is grounded on a growing belief that the society that Scots wish to be part of will not be realised in a country that continues to vote for right-wing governments. It is not based on anti-English sentiment. It is born of experience that what England votes for consistently is not what Scots want – be it unregulated markets, ill-considered privatisation or Brexit. Whether a society with a different set of priorities can be delivered under a new federalism or must necessarily lead to independence is an open question. That independence will bring economic challenges is certain, but when you look at the achievements of small European countries and consider the natural and intellectual assets of Scotland, Scots should not fear independence. The SNP is just a route to this end. In an independent Scotland, it would disappear and take a distinct position in a plural political settlement based, thankfully, on proportional representation. When people like me, who have lived happily and successfully in England for 50 years, doubt that the union in its present form is worth saving, then there is a seismic change taking place.
Michael Martin
Chester

Simon Jenkins observes that “a solid 45% of Scottish voters clearly do not like being governed from England and their case should be heard”. He then turns a cloth ear to our voice. Further devolution would only see Scotland still yoked to Westminster’s morally corrupt and elitist establishment. It’s time for real change.
Matt Ritchie
Inverness

Much of what Simon Jenkins writes is to the point, but the comment about “once lovely landscapes” being scarred by wind turbines is so out of date. Onshore wind turbines have made Scotland’s renewable power sector a real success and, rather than blighting the landscape, they are a reminder that climate change is a real and present threat, not something that can be airbrushed away.
Polly Purvis
Edinburgh

The letter from Michael Martin above was amended on 25 April 2023 to restore two sentences that were cut during the editing process.
The free press is under attack from multiple forces. Media outlets are closing their doors, victims of a broken business model. In much of the world, journalism is morphing into propaganda, as governments dictate what can and can’t be printed. In the last year alone, hundreds of reporters have been killed or imprisoned for doing their jobs. The UN reports that 85% of the world’s population experienced a decline in press freedom in their country in recent years.
This week marks the 30th annual World Press Freedom Day, a day for everyone to reflect on the importance of free expression as fundamental to all other rights. It is also an opportunity to pledge support for independent media – because without a robust and free press, a healthy democracy is impossible.