Sociólogo - Escritor

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"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales.
Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.
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23 de diciembre de 2010

HIlaria Supa: Hilos de mi vida


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Por Pilar Roca y Federico García


“Hilos de mi vida” refleja como la trama y la urdiembre que forman un telar, el todo y las partes de la experiencia vital de Hilaria Supa. Para muchos este libro está insertado dentro del género crónica o testimonio, para nosotros es algo más. Recorriendo las 185 páginas de la segunda edición en castellano (Obran traducciones en Alemán y en Inglés) encontramos testimonios de rebeldía ante el infortunio y deseos de superación y denuncia. En él hiede el mal trato, el racismo, el machismo, el oportunismo, y hasta algún tipo de incomprensión de parte algunas organizaciones no gubernamentales y políticas.

  


Hilaria ha pasado por un proceso que muchos seres humanos han recorrido. Fue engendrada en el desamor y mal querida. Sin padre y sin madre se cobijó al amparo de los abuelos que  partieron dejándola en  la inopia total.¿Es que Hilaria nos cuenta su historia para que nos apiademos de ella, para que digamos pobrecita que sufrida fue. Acacallau…? No, no es así. Ella pretende que las mujeres y los varones piensen bien, tomen conciencia de  la necesidad de decidir cuántos hijos se pueden y debe tener para criarlos dándoles educación, salud y atención física y Psicológica.




Hilaria, perteneciente a la etnia quechua, y permítannos discrepar con el término “Campesino” pues para nosotros está asociado a una actividad productiva. Un campesino o campesina cuando migra de actividad laboral pasa a ser comerciante, trabajador del hogar pero siempre será Quechua, Aymara o Witota. Para Hilaria el sentido de identidad y pertenencia a una etnia es muy importante de allí que narre y nos ilustre la forma de parir de la mujer andina, el corte de pelo y otras costumbres ancestrales, tanto para el niño, la familia, o la Comunidad. De igual modo ella rescata el significado lato del “Ayni”, el sentido y el sentimiento de la reciprocidad.
  
Hilos de mi Vida  nos habla del trabajo de los niños en la comunidad, trayendo leña o pastando animales. Los mayores no dan importancia a los asuntos lúdicos y, por el contrario, castigan y riñen a las criaturas cuando las encuentran jugando, pero a pesar de eso, ellos, los chiquitines hacen sus juguetes de barro o de pancas de choclo, y los mantienen ocultos de  la mirada de los mayores. Hilaria confiesa que, en medio de todo, ella fue una niña feliz hasta los cinco años, pues se encargaba de pastar las ovejas del abuelo que, en realidad, eran del hacendado. Lamentablemente, ese estado de cosas terminó al morirse su machula.
  
En todas las secciones del libro, la autora, en forma pedagógica, da a los lectores una serie de preguntas involucrándolos en la problemática planteada con el fin hacerlos reflexionar hasta que punto en algunas ocasiones se han visto, parcial o totalmente, involucrados en situaciones análogas a las que a ella le toco vivir. De esta reflexión concluimos que, lamentablemente, hay miles, cientos de miles de Hilarias y, tal vez en mayor o menor medida, cada una de nosotras somos una de ellas.




El dolor, el racismo, el desarraigo y la intolerancia que sufren las personas migrantes de las zonas rurales a las urbanas, están transmitidos a través de las experiencias de Hilaria como trabajadora del hogar -hoy se les llama así- antes eran “las sirvientas” (viene de siervo) o la chica, o la muchacha, que ni siquiera nombre tienen. Hilaria comenzó a trabajar a los seis años, ignoraba el castellano, sólo hablaba el quechua. Era, a decir de sus empleadores, “la india de Puna” que por supuesto no sólo por la edad sino por el idioma no entendía lo que le decían y por ello equivocaba los mandados y hasta se olvidaba de ellos cuando veía a unos niños jugar en la calle, como es natural aquella niña esperaba con ansias ser invitada al juego de pelota, saltar la soga o lo que es mejor montar una  patineta pero  sólo conseguía ser lacerada con un chicote y soportar los gritos de “ A la casa  india  bruta y ociosa”.
  
El trabajo del hogar fue para Hilaria una constante en diferentes épocas de su vida. A los once años enfrentó la voracidad sexual de sus empleadores y allegados. Acosada por el patrón buscó protección en su tía, pero ésta incapaz de entender la situación la regresó a su casa acusándola de robo y de mala conducta. Así Hilaria fue devuelta al hogar con el calificativo de inútil, ladrona y ociosa.
  
Nuestra autora nos confiesa que no sabe con exactitud cuando nació su madre alguna vez le dijo que vino a este mundo cuando estaba floreciendo la papa maway, pero no recordaba el año. Hoy esa niña, ya mujer, celebraba su cumpleaños el 28 de diciembre porque el abuelo, mirando su inocencia, consideró que en esa fecha le habría correspondido nacer.
  
“Hilos de mi vida”, no deja de mencionar el pozo infernal en el que caen muchas niñas y jóvenes involucrándose en redes de prostitución, Hilaria narra los avatares que pasó para escapar de las amistades fingidas y evitar ser prostituida.
  
Dentro de este tejido, un hilo muy importante, es el que carda junto con Rafael un hombre  mayor en quince años con quien el amor no floreció, pero la fuerza de los acontecimientos (miseria-hambre-soledad) le aconsejó echar su suerte con él. Cuando tenía catorce y dieciséis años nacieron sus hijos Yolanda y Boris. La vida no fue fácil. Vivían en el arenal (Villa el Salvador) sin agua, sin luz y prácticamente sin nada. Los castigos físicos y psicológicos de Rafael eran frecuentes, Hilaria, como muchas otras mujeres, aguantaba todo, pensando que sus hijos debían vivir junto a sus padres.
  
Muerto Rafael, Hilaria sobrevivió durante dos años vendiendo cebollas. Se mantuvo así, hasta que los dolores de la artritis no le permitieron seguir trabajando y retornó al Cusco a la casa de sus suegros. Lamentablemente no encontró acogida y  dejando a sus hijos, regresó a Lima para vender su lote de Villa el Salvador y procurarse dinero que le facilitara la crianza de los niños y curar su enfermedad. Más adelante nos dirá que reconoce el gran error de haberse separado de los hijos, porque no los pudo recuperar.
  
Como en un cuento, no de hadas por cierto, la autora describe a través de sus vivencias la situación de los desheredados de la fortuna en el Perú. Los problemas originados de la carencia de vivienda, agua, luz, salud y seguridad alimentaria, son parte de la cotidianidad que tiene que enfrentar pero no es lo único socialmente debe combatir la exclusión y la marginalidad por razón de etnia, cultura y género. Hilaria cede ante el infortunio, y busca protección en Serafín con el que tendrá a su tercera hija Griselda, a quien también debe dejar en busca de la salud perdida.
  
Regresa al Cusco enferma de artritis deformante y prácticamente sin hijos, decide enrumbar su vida y ayudar a las mujeres que pasan por situaciones tan adversas como la suya. Con la ayuda de la ONG PEBAL organiza el Comité de Mujeres de Huayllaccocha  para que aprendan a leer y escribir y  no las engañen en la venta de sus productos. En su caminar conoció otras realidades que le sirvió para ampliar su visión de las cosas, comprendió que la lucha  iba más allá  del  asunto de género y  que era necesario combatir contra las injusticias que sufrían todos. Nos cuenta que el patrón les obligaba a trabajar sus tierras de lunes a sábado, y a cambio de ello, les daba una pequeña parcela para que  la cultiven y trabajen los domingos, que  eran obligados a pastar sus ganados y si, por casualidad, uno de los animales desaparecía, debían pagarlo, y por último que  cuando el patrón necesitaba brazos para el cultivo, la cosecha o la limpieza en otras tierras de su  propiedad fuera de la localidad, a viva fuerza, eran trasladados, debiendo abandonar su propia chacra. Por otro lado nos habla de los mecanismos de dominio y del rol que cumplían  los curas católicos y adventistas, los mayordomos y autoridades locales y regionales.

  


A partir de 1982 Hilaria se incorpora a la Federación Campesinas de Cusco y Anta  para luchar contra la explotación. Lamentablemente encuentra las carencias de la Organización, entre ellas la discriminación de la mujer. La concurrencia  femenina a las Asambleas y reuniones es escasa, los varones consideran que  la mujer debe cuidar la casa y los hijos, y las que participan en las asambleas deben permanecer en silencio, no tolerando la discusión o la contradicción de opiniones. Otro aspecto  inquietante para Hilaria es la falta de reivindicación y valoración de la cultura andina y el avasallamiento sufrido desde la conquista. Si bien es cierta nuestra Panay se preocupa por estos aspectos, en un principio no protesta  pues la lucha contra la explotación le parece una suerte de destino manifiesto. Como dice el poeta: Hilaria hizo camino al andar.
  
Años tubo Hilaria trabajando a favor de las mujeres y el campesinado, involucró en sus actividades a las ONG Flora Tristan, Cadep y otras más, pasó penurias y peripecias y muchas veces durmió en la intemperie apoyando un mitin, un paro u organizando los comités de mujeres.
  
Conocida fue su lucha contra las esterilizaciones masivas sin conocimiento de quienes fueron sometidas a ellas.Fue calumniada, acusada de robo y enriquecimiento personal, pero ello no la amilanó siguió luchando, entendiendo, con una gran calidad humana, que la manipulación de las compañeras se debía a la falta de capacitación y de oportunidades. De ahí la insistencia, en las paginas del libro, de la necesidad de implementar cursos y talleres dirigidos a elevar el  nivel y la comprensión de las diferentes etnias que habitan en el suelo peruano.
  
Hilaria Madre al fin, siempre trató de rescatar el amor de sus hijos, estuvo cerca de lograrlo, lamentablemente Boris murió antes que ella pudiera prodigarle sus afectos.
  
Las preocupaciones de Hilaria van más allá de las cuestiones sociales y económicas. Se interesa por el rescate de su cultura, la búsqueda de sus orígenes y la transmisión de sus raíces. Nos habla de una cosmovisión regida por tres mundos: El Ukhu Pacha,(Mundo de bajo que ocupa el interior del planeta) el Kay Pacha (Mundo en que vivimos: superficie de la tierra y el mar) y el Hanaq Pacha (Mundo de arriba, pero que se ve) Permítannos aquí añadir un cuarto mundo: el Hawa Pacha (El mundo que existe, pero que no se ve; el universo invisible que ocupa un espacio y un tiempo diferente, donde viven los grandes sistemas galácticos del cosmos. El mundo donde existen muchos Ti, y estamos  hablando de Ti no de Inti porque Ti es el nombre del Sol y la partícula IN nos indica su posición. Así tenemos Anti, (región donde el sol nace) Qonti, (Región donde se oculta el sol) Inti cuando el sol esta en el cenit y es dominante y Wa ti (Cuando el sol se oculta y para nosotros corresponde a la noche y no lo vemos).
  
¿De dónde sale la idea de los tres mundos?  Son los conquistadores que en su afán de destruir la cultura andina ocultaron un cuarto mundo para igualarnos con la trilogía cristiana (Padre- Hijo y Espíritu Santa). En lo que estamos totalmente de acuerdo es en la utilización que hicieron del calendario festivo, sobreponiendo, para desterrar las costumbres del Tawantinsuyo, a cada  conmemoración andina una fiesta cristiana. Esto da lugar a una serie de leyendas en las que aparecía el niño Jesús y cien mil santos de diferentes formas, colores y tamaños. Famosa es la procesión del Corpus en el Qosqo erigida para ocultar la salida de los malquis en el incanato o la del Qoyllu riti para evitar la subida de los nacioneros a rendir pleitesía a la montaña y llenarse de energía.
  
Los conquistadores se impusieron la tarea de lograr el olvido, la perdida de la memoria  y en cierta forma lo consiguieron. ¿Cómo explicarnos entonces que pobladores andinos lleven el nombre Santiago si este santo era el paradigma de la conquista llamado en España Matamoros y en el Perú Mataindios?. Es una total inconsecuencia  que se rinda pleitesía a quien se invocaba para acabar y exterminar a los pueblos originarios.
  
La concepción del mundo y del universo y la posición del hombre en el Kay Pacha es rescatada por Hilaria y nos habla del hombre en su relación con la naturaleza con la Pacha a la cual respeta y cuida, porque para el andino, el hombre no es el rey del universo (esa es una concepción judeo cristiana) y es uno más que debe entrar en armonía con todos los seres vivos y los elementos naturales. El hombre debe cuidar el agua, y los bosques no deben ser depredados. Debe protegerse los cerros por donde fluye la energía y las paqarinas o puquiales que son sus vasos comunicantes. En varios momentos nuestra autora nos habla de la sabiduría de los Amautas que pueden distinguir una planta de otra y determinar su uso con fines medicinales y curativos.
  
En cuanto a la religión andina y sus dioses, permítanos  Panay Hilaria sugerir otro punto de vista, creemos quela religión andina, es un conjunto de ritos y ceremonias propiciatorias destinadas a lograr la interconexión con las distintas pachas o mundos entre si y particularmente a los seres vivos con la naturaleza fuente generatriz de toda manifestación de vida. Su objetivo es canalizar las fuerzas o la energía contenidas en esa gran fuente de vida para organizar el Estado, la sociedad y al individuo en cada circunstancia concreta. La religión sirve al hombre andino como instrumento práctico para ubicarse en el Cosmos y nutrirse de su energía vital o Kamaqen. No creemos que existan dioses sino energías el hombre busca los cerros, las paqarinas, las alturas para llenarse de energía y continuar en armonía con la Pacha.
  
Hubiéramos querido hablar de los dibujos presentes en el libro, sabemos que las trenzas de Hilaria son el símbolo de la mujer andina, pero todavía no tenemos el corazón suficientemente abierto para comprender los mensajes que se esconden en los trazos que adornan cada sección del libro.
  
Por último decimos que Hilaria ha alcanzado una madurez y claridad en sus ideas que comprende la actuación de quienes pretenden manipular los movimientos andinos, por intereses económicos y de empoderamiento. Ella llama a la reflexión y al análisis para que no se dejen engañar con prebendas y sobornos de ningún tipo. Los movimientos andinos deben buscar su propio camino, por eso dice: si me enseñaste a pensar déjame hacerlo. Déjame caminar aunque cometa errores en el andar.


Muchas gracias