Sociólogo - Escritor

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"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales.
Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.
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jorgealiagacacho@hotmail.co.uk
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http://www.jorgealiagacacho.com/

2 de agosto de 2021

Jorge Aliaga Cacho en San Peterburgo.

Jorge Aliaga Cacho en San Peterburgo
Por Jorge Aliaga Cacho

A comienzos del siglo conocí en un chat virtual a Svetlana Kopaneva, bella dama rusa que vivía en Kirov. Después de un periodo de conversación, posiblemente meses, decidimos encontrarnos en el centro mismo de la Plaza Roja, en Moscú. Y así fue. Tomé mi pasaporte y me fui al consulado ruso de Edimburgo. Allì solicitè una visa de turista. Luego de aproximadamente una semana tuve el pasaporte con la visa de turista en mis manos. Iba a cumplir uno de mis sueños: tener una cita 'a ciegas' con una mujer rusa en el centro mismo de la Plaza Roja. Yo había sido testigo de esos viajes a Rusia, emprendidos por otros jòvenes peruanos. Iban y regresaban satisfechos despuès de haber visitado el primer paìs socialista del mundo. Algunos iban a congresos pero otros a estudiar, luego regresaban con su profesión y alguna historia de amor acontecida con una mujer rusa. Ese no había sido mi destino. Tuve que esperar muchos años para ver llegar ese soñado momento. Asì como, posiblemente, Vallejo soñaba con conocer Parìs, lo mìo era conocer Moscù. Y el sueño fue alimentado mucho màs cuando en el Perù y el mundo se puso de moda la canciòn 'Natalie'. En Amèrica Latina se hizo famosa la versiòn interpretada por los hermanos Arriagada de Chile. La canciòn precisamente evocaba el encuentro de un jovèn francès con su bella guia rusa llamada Natalie; narraba su paso por la Plaza Roja, los dormitorios estudiantiles y el imaginario Cafè Pushkin.
A mi me llegò ese momento y conocì a Svetlana en el centro mismo de la Plaza Roja, frente al mausoleo de Lenin. Ella era una mujer de gran estatura, habìa sido oficial de la policìa pero cuando la conocì se desempeñaba como abogada penalista. Como en la canciòn, Svetlana me hizo conocer Moscù. Me llevaba a lugares lejanos del centro de la ciudad lo que me permitiò ver de cerca la realidad rusa. Viajamos juntos por tren a San Peterburgo y otras ciudades. A pesar de nuestra diferencia en estatura creo que hubo, lo que algunos llaman, 'click', que es la disposiciòn a contraer una fuerte conexiòn con alguien. De esto estuve seguro cuando, diez años despuès, tomè mi maleta, subì a un aviòn y me dirigì nuevamente a Moscù para encontrarme con Svetlana. Esta vez nuestro encuentro ocurrirìa en la bella Estación Belorussky, situada en la plaza Tverskaya. Esta estaciòn inaugurada el año 1870 es para mì uno de los lugares màs queridos de Moscù. Svetlana sigue viviendo en Kirov, ocupada asumiendo la defensa de sus clientes y atendiendo el cuidado de su anciana madre.
Jorge y Svetlana en el Kremlin