Lima, primero de diciembre de 1963
Víctor Raúl:
Con la indignación y el pesar que produce el convencimiento de haber sido traicionados, te dirigimos la presente carta abierta que contiene nuestras renuncias al Partido Aprista Peruano.
Tu nombre y el APRA significaron para nosotros durante mucho tiempo la más auténtica bandera revolucionaria, la más alta esperanza de redención de nuestro pueblo, el instrumento más eficaz para combatir al imperialismo, a la oligarquía y a sus sirvientes, los politiqueros oportunistas y de toda laya. Lograste encender en el corazón de los peruanos una profunda fe en el destino revolucionario del Partido. La adhesión al aprismo fue una multitudinaria movilización popular sin parangón en nuestra Historia. El inconmensurable esfuerzo de la masa aprista nos puso muchas veces al filo del Poder, y alguna vez hasta lo compartimos. Más he aquí cuando el avance revolucionario del mundo es más potente, cuando golpea su inminencia en las puertas de nuestro Continente, cuando la conciencia de la necesidad revolucionaria es más clara y profunda en nuestro pueblo, cuando el tiempo para la revolución es más propicio, sucede lo increíble: ¡la traición! La más infame y vergonzosa de toda la Historia de América. Traición a los militantes del Partido y al pueblo peruano; traición a los obreros, a los campesinos; a la juventud; traición, en fin, a los que sacrificaron en la lucha aprista bienes, porvenir, familia, a los que sufrieron prisiones y torturas, a los que ofrendaron su vida creyendo en los ideales revolucionarios del APRA.
Toda esta legión de heroicos militantes sufrió y murió, víctima de la oligarquía peruana, cuya mano sucia y sangrienta, precisamente, tú, Víctor Raúl y tus líderes, besan ahora en el más cínico y humillante acto de banalidad e ignominia. Es la mano airada del gamonalismo que mata impunemente a campesinos, la mano criminal que fustigó las espaldas de jóvenes apristas en las prisiones, la que asesinó a Manuel Arévalo y a Lucho Negreiros, a Manuel Cerna, a Perico Chávez, a Celso Albinagorta y tantos otros, ésa es la mano que ahora besan tú y tus líderes, Víctor Raúl, de rodillas, serviles y obsecuentes.
Son los Pedro Beltrán, son los “barones del azúcar y del algodón” –como los llamó el “Cachorro”– hacia los cuales tú nos inculcaste un odio santo, los que recibieron tu apoyo y el de Ramiro y el de los líderes, a su criminal política conviviente, a su “reforma agraria” y a su “nacionalización progresiva del petróleo”. Son los Prado, a cuyos Bancos Populares puso bombas y petardos la juventud aprista por tu orden; el Manuel Prado a quien por ludibrio, los votos apristas hicieron presidente por tu orden. ¿No es esto besar y hacer besar a los pobres compañeros que sufrieron el castigo prepotente de su soplonería en el primer gobierno, la misma mano que los azota envileciéndolos?
Es Ravines, Eudocio, aquel que tú nos mostraste como el símbolo más inmundo del estercolero político, como el falso, el vendido, el ruin, el asesino, el enemigo por antonomasia, el arquetipo de antiaprista, el envidioso de tus virtudes y tu limpieza combativa de entonces; es ahora por obra tuya el “respetable político” a cuya casa acuden tus discípulos, consejeros y aliados del aprismo.
Es Odría, perseguidor de apristas, responsable de la muerte de Negreiros, el mismo que te declaró indigno de la nacionalidad peruana, es el mismo Odría enriquecido sirviente de la oligarquía, con quien ahora vas del brazo en la más monstruosa alianza antinatura. Y es también hasta Luis A. Flores –los ocho gorros de los marineritos (¿recuerdas?)– quien se sienta contigo y con los tuyos en el mismo convite, extraña comensalía, para roer los huesos que arroja el imperialismo y la oligarquía a sus sirvientes.
Y es por fin el imperialismo yanqui, voraz y prepotente, corruptor y sangriento –según decías entonces– contra el cual combatió tu juventud gallarda y altiva. Ahora te paga, te costea viajes interminables por el mundo entero... Ahora te apoya con dinero y a través de todas sus empresas como para que seas presidente del Perú. Y es que los años, Víctor Raúl, la sensualidad –que tú tanto combatías– ha hecho presa de ti y ha deformado tu conciencia moral.
Nos has traicionado Víctor Raúl. Nos has obligado a arrancar de nuestro corazón la fe que tuvimos en el aprismo. Ha sido muy doloroso para nosotros descubrir la verdad.
Creímos algún tiempo que las claudicaciones eran tácticas para engañar al enemigo. Pero el infame pacto de la Alianza APRA-UNO ha terminado por abrirnos los ojos. Ahora comprendemos definitivamente tu traición. Ya no es posible continuar la farsa. Nos retiramos del APRA: nuestra dignidad humana y nuestra posición revolucionaria así lo impone. Y lo impone sobre todo el mandato y el ejemplo inmaculado de nuestro padre Manuel Barreto “El Búfalo”, que murió en las puertas del cuartel O’Donovan combatiendo de frente, dando el pecho a las balas, con su mirada limpia de odios y rencores, porque creyó que los ideales del aprismo se identificaban con los sagrados ideales del pueblo y de la patria.
Por eso nos retiramos del APRA. Nos vamos del aprismo con los viejos luchadores, con nuestro pueblo pobre y castigado, con nuestras masas irredentas traicionadas una vez más. Pero al mismo tiempo se va con nosotros la historia del heroísmo aprista, la de la lucha antiimperialista, antifeudal y antioligárquica. Se van con nosotros las banderas de la Revolución Peruana, que ustedes los líderes arriaron por un plato de lentejas. Se van con nosotros los héroes y los mártires, nuestros queridos y venerados muertos.
Se van con nosotros para que ustedes no sigan traficando con su memoria. ¡Basta ya de usar el nombre de los mártires de señuelos, de trampas convivientes! Ellos no murieron para llevar a Prado a la presidencia del Perú, ni para que Beltrán sea el orientador de la economía y reforma agraria, ni para que la International Petroleum encuentre su baluarte defensor en el Partido. No murieron para que la disciplina del Partido obligue a la encallecida mano del compañero a depositar su voto por doña María Delgado de Odría...
No murió nuestro padre para que el apelativo de “Búfalo”, que tan cariñosamente le pusieron los compañeros por su singular vigor y por su valentía, designe a las mesnadas de matones que en las calles, en las universidades, en los sindicatos, aterrorizan a quienes discrepan de la línea traidora de los líderes. Y nos valga la oportunidad para proclamar que nada tuvo que ver Manuel Barreto, ni con el asesinato aleve, ni con el terrorismo anárquico y absurdo. No murieron nuestros héroes para eso. Lucharon por el pueblo, son del pueblo; el pueblo guardará su memoria. No son más héroes o mártires “apristas”. Ustedes, líderes del Partido, han vendido ese nombre que nos perteneció a las masas populares, lo han vendido a la empresa oligárquico- imperialista. ¡Pero los mártires no! ¡Ellos son del pueblo!
Adiós Víctor Raúl Haya de la Torre. Nosotros, sencillos militantes de la vieja guardia, renunciamos públicamente al APRA. Y cumpliendo un deber de lealtad para nuestros compañeros de lucha, para con las masas que creyeron en el aprismo, denunciamos, con toda entereza, la traición de los líderes apristas. Ni un minuto más con la traición, ni bajo el comando traidor de Víctor Raúl Haya de la Torre y de sus líderes.
Adiós, Víctor Raúl... Nos vamos con nuestro pueblo a seguir luchando por la Justicia Social.
Irma Barreto de Ormeño
Manuel Barreto
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Urpi Rosa Trinidad