no pronuncies el adiós,
deja que el silencio nos regale su canción.
Tu mirada enciende el último farol,
mientras la distancia ya deshoja nuestro amor.
Tus manos son las hojas que el otoño acarició,
y mi pecho es un puerto donde ancló tu corazón.
Aunque el viento cambie el rumbo de los dos,
mi alma seguirá llamando tu nombre en cada voz.
No detengas el reloj,
déjalo llorar conmigo.
Cada segundo sin tu luz
es un invierno sin abrigo.
Abrázame...
como abraza el mar la arena al anochecer.
Abrázame que en tus brazos todavía sé quién pude ser.
Si te marchas, llévate también mi soledad,
porque aquí se quedarán las huellas de tu mar.
No me digas que es el fin,
bésame una vez más.
Que el amor no muere nunca,
solo aprende a esperar.
Fuiste luna navegando sobre mi ansiedad,
yo, un río que encontraba tu reflejo al pasar.
Hoy las nubes cubren toda inmensidad
y la lluvia va escribiendo lo que no pude contar.
Si el destino abrió caminos para separar,
que no borre las estrellas que aprendimos a mirar.
Cada beso fue un jardín al despertar,
cada sueño una paloma que no quiso regresar.
Si mañana otro horizonte te acaricia la piel,
guarda un rincón de mi nombre donde florezca la fe.
Porque amar no es poseerte,
es dejarte renacer;
aunque el alma quede rota,
volvería a escoger.
Abrázame...
como el cielo abraza al sol al amanecer.
Abrázame...
que tu ausencia será un eco imposible de vencer.
Si te marchas, deja abierta la ventana del ayer,
para que entren mis recuerdos cuando vuelva a llover.
Y aunque el tiempo nos separe
como espuma frente al mar,
vivirás entre mis versos...
donde nadie te podrá olvidar.

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