PINCELADA
Segundo de siete hermanos, Alfonso López-Chau nació en un hogar pobre. Su padre era carnicero y su madre una ama de casa que también debía salir a vender sus panes rellenos y camotes sancochados para completar la mesa.
Pero ninguna necesidad provocó que desvíe su rumbo a la persona que es hoy. Recuerda con gratitud las enseñanzas de su padre. «Yo leía mucho en un sofa, más pequeño que este, y mi padre me miraba por detrás. Una vez me dijo: ¿cómo sabes que esa cita textual es correcta? Porque no la compruebas. Y entonces yo iba a la biblioteca a buscar el libro de la cita para obedecer a mi padre. Pero luego me di cuenta que su intensión no era esa, sino que siga leyendo más libros. Porque cuando das con el libro de la cita entonces te das cuenta que es mejor y lo lees todo y así vas siguiendo las citas y conoces más libros. Su intensión era que siga aprendiendo», explica López-Chau.
Su padre también le enseñó el valor del trabajo duro. Explica que le consiguió trabajo como ayudante de otro carnicero. Allí aprendió a filetear y a trozar las piezas de carne. Pero mejor que eso, a administrar su dinero. «El primer sueldo, me dijo mi padre, es para tu madre, para que te vaya bien en la vida. Y así lo hice», añade.
Alfonso López-Chau mantiene las enseñanzas de su padre siempre presentes. En otro momento comenta que le dijo: «Con el patán, con el abusivo, fuerza y dignidad, nunca te dejes humillar. Y con el pobre, ser más humilde que él, siempre hacerlo sentir como igual».
Y ese aprendizaje lo aplicaba desde el colegio. Cuando estudió en la Gran Unidad 2 de Mayo del Callao, fue dirigente en el Movimiento Jornada Estudiantil de Trabajo. El mismo que convocó a miles de estudiantes del país en diversas actividades para recolectar dinero con le fin de fundar un colegio en Comas. La iniciativa se inspiró en un movimiento parecido de estudiantes suecos que recolectaron dinero para ayudar en la Educación en el Perú.
Publicado por "Revelación".
