Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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18 de mayo de 2011

Conversación en La Carcocha

Juan Rivera Saavedra con Jorge Aliaga en "La Carcocha"

Por Jorge Aliaga Cacho

Un lunes tuve la gran satisfacción de dirigirme a un café de Lince, "La Carcocha". Tomaría un café con el gran escritor y dramaturgo peruano, Juan Rivera Saavedra. A sus ochenta años de edad, sesenta y cinco de ellos dedicados al arte, la narración y docencia, Juan Rivera goza de una juventud envidiable.  El dramaturgo tiene una energía tal que puede correr cualquier maratón de la vida y alzarse el trofeo en disputa. Su diálogo es profundo.  Nos puede hablar de las cosas que hacía antes de su nacimiento.  Lo normal y paranormal son en él una síntesis que lo ha llevado a escribir notables obras literarias.  Su producción de cuentos y dramas se cuentan por centenares. Es uno de los grandes hombres de letras que nos adorna la vida.  Se ha dicho que este maestro de la creación, cuando era un bebé,  pidió un lapicero en lugar de pedir su mamadera.
"Cuando cursaba el primer año de secundaria -escribe Rivera-, en el Colegio Guadalupe, me preguntaron en el examen final: ¿Qué es historia?, repuse, no se me ocurrió otra cosa: 'La historia es la sucesión sucesiva de los sucesos sucedidos', y recuerdo que mis compañeros rieron y que muy molestos el presidente del jurado, mi profesor y el secretario de actas, sin analizar nada: ¡Me desaprobaron de golpe! ¿Por qué? ¿Por decir algo incorrecto? ¿Por no respetar la fórmula creada por dos de mis profesores de historia? ¿O porque mis compañeros rieron?". 

Juan Rivera Saavedra, el alumno de primer año de secundaria comprendió en ese momento que en el Perú existían 'maestros' que solo se limitaban a repetir textos aprendidos sin desmenuzar lo aprendido. Y así fue la manera de su conversación en "La Carcocha". Juan Rivera desmenuzaba su discurso y cual rompecabezas lo volvía a construir pasando por las profundidades de su palabra y pensamiento.  Juan Rivera explicó de la importancia de saber presentar el mensaje político poniendo énfasis en la sutileza de su registro.

A Juan Rivera Saavedra le fue ofrecido el cargo de Ministro de Cultura que no aceptó al constatar la pobreza del presupueto de la cartera que, en su opinión, alcanzaría solo para cubrir los sueldos de los tres cientos burócratas que no incluían a cultores del arte, la ciencia o la literatura.  En realidad le ofrecieron el cargo dos veces y la dos veces dijo: ¡No! Aclarando que mientras que en el Perú se ofrecía menos del 1% del presupuesto nacional para el trabajo cultural en otros países esas cifras eran de dos números. Es evidente que con la ínfima partida presupuestal que se destina a la cultura en el Perú no se puede hacer trabajo cultural serio.

El maestro habló de su  vida, de su conversación con Gabriel García Márquez.  De la gran amistad de este último con nuestro laureado Mario Vargas Llosa.  De sus discrepancias y sobre todo de la grandeza intelectual de estos dos contemporáneos suyos.  Manifestó que una asociación de escritores en formación le había invitado para que ocupase la presidencia de la novel organización.  No aceptó.  Mostrando su libreta de apuntes hizo ver los cientos de proyectos de cuentos que se aprestaba a completar. Esos proyectos le impedían asumir cargos que ocuparían su tiempo. Uno de esos cuentos narraba la trayectoria de una bala que encajó en la nariz de un hombre que, al estornudar, redirige la dirección del proyectil y mata al agresor.  Este es el genio del maestro.  Busca finales que nunca terminan.  Tienen que dejar 'food for thought', hacer pensar al lector. Cuando Juan Rivera alzó su vaso de chicha morada  me acordé del motivo de mi cita con este gran escritor peruano.  La conversación se interrumpió al timbrar su teléfono celular.  Le preguntaban qué nuevos libros tenía. El dio tres títulos pero tenía cientos próximos a publicar.  Maestro, le dije, 'quisiera pedirle que nos haga el honor de registrarse como miembro de una asociación de escritores que yo represento'.  Sacó un lapicero rojo. Me palmoteó el hombro y dijo: '¿Dónde debo firmar?'. El ilustre Juan Rivera Saavedra, al registrar su firma en el libro, nos dejaba también un compromiso para continuar su obra que será la luz que alumbre a las nuevas generaciones de escritores peruanos. Antes de despedirme me recomendó leer la historia de ese hombre que era tan, pero tan malo, que tuvo que ir al cielo.

“EL HIJO DE DOÑA APLASTADA VICTORIA”

Por JUAN RIVERA SAAVEDRA

PRIMER ACTO

Escenario: Blanco total con dos o tres cubos.
De acuerdo a cada escena, los espacios pueden ser invadidos por luces
de diversos colores, de acuerdo al lugar donde se desarrolla la acción: cielo,
infierno, limbo, tierra, etc.

Al correr o levantarse el telón, se ve pasar – a ras del suelo-, una cortina
de humo blanco, para dar la impresión de estar en el paraíso.
San Pedro, apareciendo con una enorme barba blanca portando un
grueso libro entre sus manos, seguido de un hombre que –por la vestimenta-da la impresión de un pordiosero.

FRUSTRADO VICTORIA.- (Para sí, por el humo) ¿Se estará quemando algo en el infierno...?
SAN PEDRO.-  ¡Asiento, por favor...! (Por la ropa del visitante) ¿Me puedes decir de dónde sacaste ese disfraz...?
FRUSTRADO.-  De mi ropero... No es disfraz.
SAN PEDRO.-  ¿Y por qué vistes así?
FRUSTRADO.-   Si en mi país, alguien viste bien o elegante: piensan que tiene dinero... y lo asaltan.
SAN PEDRO.-  ¿Y piensas que alguien te puede asaltar aquí? ¿Sabes dónde
te encuentras...?
FRUSTRADO.-  No... Supongo que me dirá... ¿o debo adivinar? (Por el humo) ¿Están cocinando algo o a alguien...?
SAN PEDRO.-  Son nubes, sólo nubes.
FRUSTRADO.- ¡¿Nubes?! ¡¿Tan poquitas...?!
SAN PEDRO.-  Por culpa del hombre, el poder económico y sus “adelantos científicos...” ¡Si supieras lo que fue ésto cuando los norteamericanos lanzaron la bomba atómica, en Hiroshima y
Nagasaki...! ¡No se podía, ni respirar!
FRUSTRADO.-  (Preocupado) Disculpe, señor: ¿me puede sacar de dudas...? Dónde estoy.
SAN PEDRO.-  ¿Qué tal si empiezo por el principio? ¿Sí...? “Su nombre y apellido”, por favor.
FRUSTRADO.-  “Frustrado Victoria”.
SAN PEDRO.- ¿Nombre de la madre...?
FRUSTRADO.-  “Aplastada”.
SAN PEDRO.- ¡Qué extraño! No conozco a ninguna santa que se llame así ¿Del padre...?
FRUSTRADO.- No lo conocí. Cuando mi madre salió encinta... huyó por la ventana.
SAN PEDRO.- (Revisando sus papeles) ¿Lugar de nacimiento...?  Aquí veo tres partidas: Perú, Chile y Ecuador... ¡No entiendo!
FRUSTRADO.- Porque viajaba mucho y...
SAN PEDRO.-  ¡Sí, ¿pero tres partidas...?!
FRUSTRADO.- Mamá solía siempre decir que yo... era “ciudadano del mundo”. Creo, señor: lo importante no es “la partida”, sino: “la llegada”. Pienso morir –algún día- en un país donde reine la
libertad y no existan leyes que lo aten a uno.
SAN PEDRO.-  Jovencito, ¿te has propuesto tomarme el pelo...?
FRUSTRADO.- ¡Oh, no señor! ¡No...! La verdad: pasa que soy un convencido que no nací. Nunca nací. Mejor dicho: no pertenezco al grupo nacido, de nueve o siete meses de embarazo. Nací antes.
Soy... un milagro de la naturaleza. Un milagro de Dios, para ser exacto.
SAN PEDRO.-  ¡¿Cómo, “antes”?! ¿Cinco o seis mesino?
FRUSTRADO.- No se la haré larga: producto de un aborto... siendo: feto. De ahí, mi nombre artístico: “El feto Victoria”.
SAN PEDRO.-  ¡¿Usted, un feto...?! 
FRUSTRADO.- ¡Nadie pensó que viviría! Contaba mi madre –mejor dicho: “la señora que me recogió del basural y crió”. Como tenía una figura distinta, fuera de lo común... mi padre adoptivo –que trabajaba en un circo- me introdujo a las tablas –Es decir: en una carpa- y... ¡ahí fue donde empezó mi carrera artística!
SAN PEDRO.-  (Tras leve sorpresa) Disculpa hijo... ¿qué hacías en el circo?
Porque de raro, no te noto mucho. Ni en la cara, ni cuerpo...
FRUSTRADO.- Gracias a... una cirugía plástica que se me hizo. La ciencia ha progresado mucho. Sobre todo en mi país.
SAN PEDRO.-  ¿Qué hacías en el circo? Cuál era tu gracia...
FRUSTRADO.- (Pausa) Carecía de corazón... Era el fenómeno del circo.
SAN PEDRO.-  ¡¿Que no tienes corazón, dices..?!
FRUSTRADO.- Bueno... Es lo que afirmaron los médicos... Coloque su oído en mi pecho y le aseguro que no escuchará nada, excepto: el silencio de un hueco. (San Pedro hace lo indicado)  ¿Qué le dije...?
SAN PEDRO.-  (Con duda) ¿No será que late muy bajito o, debido a mi edad... estaré volviéndome sordo? ¿Me puedes ayudar ahora, con una duda?
FRUSTRADO.- Hable usted.
SAN PEDRO.-  ¿Cómo así, llegaste a ser Secretario de todos los artistas de tu país...?
FRUSTRADO.- (Pensativo) Es una historia larga, pero seré breve y preciso
como un cuento corto... Iba caminando con mi soledad tristemente por una calle, cuando de repente...
CÉSAR CHUPETACK.- (Apareciendo por un costado) ¿Me permite una palabra, compañero y amigo...? Gracias. Sé que no me conoce, pero... por obra del destino: yo, sí. Amo el circo.
FRUSTRADO.- Sáqueme de este mareo, por favor. ¿Con quien hablo...?
CHUPETACK.- Soy “César Chupetack”: actor, director, especialista en asuntos laborales, etc., y Ex Secretario General del Sindicato de Amantes del Arte Imperecedero del País (SAAIP). 
FRUSTRADO.-  ¿Y para qué puedo serle bueno...?
CHUPETACK.- Trabajas en aquel circo, ¿verdad? Te he visto actuar. Y veo que tienes muchas condiciones. Eres cerebral y... “frío decorazón”.
FRUSTRADO.- De ahí, mi nombre artístico: “El feto Victoria”. O: “El hombre sin corazón”. ¿Qué quiere de mí?
CHUPETACK.- Como para triunfar en la vida, se necesita tener un cerebro y poco corazón... Trabajar juntos. Tú, pones la materia y yo: mis conecciones,  relaciones, amistades...
FRUSTRADO:  (Entusiasmado) ¡¿Relaciones políticas?! ¡¿En el actual gobierno, quizás...?!
CHUPETACK.- Para tu información, entérate: ¡El presidente que tenemos, fue mi alumno de oratoria!
FRUSTRADO.- (Incrédulo) ¡¿El presidente actual de la república?! ¡Nooo...!
CHUPETACK.- ¡Síii!
FRUSTRADO.- ¡Lo que quiere decir... que es usted  todo  un maestro!
CHUPETACK.- (Orgulloso) Casi... un humilde profesor. “La experiencia es un peine que nos da la vida, cuando nos quedamos pelados”; solía decir siempre: Sócrates.
FRUSTRADO.- ¡Pero a usted, no se le ha caído ni  un pelo...!
CHUPETACK.- Por la peluca... ¿Tienes mujer? “hembra”. ¿Te enamoraste alguna vez...?
FRUSTRADO.- ¿Eh...? Parece que nací para vivir sólo. No tener o formar hogar alguno... Un día, enamoré a una mujer. Le dije: “vamos a la cama” y me sacudió la cara a cachetadas. Le dije a un
pordiosero: “vamos a la cama” y, me rompió tres dientes de adelante.
CHUPETACK.- Amigo, veo que lo que te falta es: tino y harto estilo. Tienes que “actuar”, las venticuatro horas del día. No olvides  que eres un artista.
FRUSTRADO.- ¿Actuar?... ¿Yo, “artista”? 
CHUPETACK.- Cuando se está frente a una mujer, interrumpe la onversación y di de golpe: “Disculpa, acabo de recordar que tengo una cita con una mujer que se muere por mí. Si deseas,
podemos vernos mañana”. ¡Y te retiras!
FRUSTRADO.- ¡Eso es mentir! ¿Mentir no es un pecado...?
CHUPETACK.- Si eres fanático de alguna religión: sí. Si eres  libre como el viento: no. A mí me sirve, sólo cuando juro. Para ser creído.
FRUSTRADO.- Mentir, qué cosa es.
CHUPETACK.- Es “imaginación”. Nadie en esta vida es perfecto, excepto Dios. Y tú, no eres Dios. Yo, tampoco.
FRUSTRADO.- (Preocupado) Yo... pertenezco a una iglesia, maestro.
CHUPETACK.- Yo, a muchas sectas. ¿Dónde está lo malo? No hay nada de malo en ello. Soy una especie de Naciones Unidas. Y mi misión: unir a todos. (Sale de escena)
FRUSTRADO.- (A San Pedro) Don César – mi maestro..., sí que era filósofo.
SAN PEDRO.-  “Del mal”.
FRUSTRADO.- ¡Pero filósofo! Y ¡ hombre de acción! Formó casi sin ayuda, el SEM.
SAN PEDRO.-  ¿Qué es el SEM?
FRUSTRADO.- “Sociedad de Empresarios Miserables”. Se nombró presidente y, a mí: tesorero.
SAN PEDRO.-  ¿Sabes contabilidad...? ¿Tú?
FRUSTRADO.- “Sumar y restar”: a la perfección. Mi maestro solía afirmar que era más que suficiente. No olvide que para ser presidente en el Perú:  basta sólo leer y escribir.
SAN PEDRO.-  Cierto. Me enteré que los que redactaron aquella  ley tenían “casi” estudios completos de primaria... Al abandonar tu hogar y circo: ¿cómo pudiste resolver el problema económico?
FRUSTRADO.- Apliqué el consejo del maestro: “que te mantenga  tu padre hasta que pueda mantenerte tu hijo”. Y eso hice.
SAN PEDRO.-  ¿Llegaste a tener algún hijo...?
FRUSTRADO.- (Con orgullo) Uno: “Carloncho”. 
SAN PEDRO.-  ¿Carloncho? ¿Argentino...?
FRUSTRADO.- Fabricado en Argentina y, patentado en Lima.
VOZ DE DIOS.- Pedro...
SAN PEDRO.-  ¿Señor... mi Dios?
VOZ DE DIOS.-  Pregúntale, si conoció a la señora Sonia Querés Botella... Que te hable de ella... me interesa.
SAN PEDRO.-  (A Frustrado) Qué me puedes decir sobre la señora Querés Botella.
FRUSTRADO.- ¿Sonia? ¿Botella? Sí... Sí la conocí. Pero... un  día desapareció en el aire. Se volatilizó... Era una actriz de segunda. “Casi” de tercera... ¿Puedo saber a qué debo la pregunta?
SAN PEDRO.-  ¡Acompáñame, hijo... quiero que conozcas el limbo y, gente que la habita.
FRUSTRADO.- ¿El limbo...?
SAN PEDRO.-  “Sólo de visita”. No te preocupes (Dan unos pasos y ambos son invadidos por una luz amarilla. Señalando a alguien) Hijo, hela ahí: ¡la señora Sonia Querés Botella!... Aún no he
decidido si dejarla aquí o... mandar al infierno. Los dejo solo un rato, para que conversen. (Sale)
FRUSTRADO.- (Mira a su rededor) Dónde está... ¡Desapareció!
SONIA.- (Apareciendo. Leve sorpresa) ¿Frustrado...? ¿Hijo de doña Aplastada...?
FRUSTRADO.- ¿Sonia... Sonia Querés Botella? ¿Pensé que te hallaría en el infierno?
SONIA.- ¿Qué haces aquí...? ¿Cómo llegaste?
FRUSTRADO.- ¿Aquí? San Pedro, me trajo. Me dijo “acompáñame” y...
SONIA.- ¡¿San Pedro?! ¿San Pedro: el portero de Dios? ¡Imposible! ¿No lo estarás confundiendo con Satanás...?
FRUSTRADO.- ¡Te digo que Pedro me trajo...!
SONIA.- ¿Y puedo saber qué diablos hacías en el cielo?  
FRUSTRADO.- ¡¿En el cielo? ¡¿Cómo en el cielo?! No sé. Expiré y... heme aquí.
SONIA.- Debe ser la edad. La edad cuenta mucho. San Pedro está muy viejito. ¡Por menos cosas que hice en vida, me mandó al limbo, y a tí que...! ¡Debe tratarse de un error! ¡Ni dudarlo!
FRUSTRADO.- ¡¿Menos cosas que hice, dices...?! ¡Calumniaste a Honrado
Olvido, lo acusaste de ladrón, robar una escalera tijera y dinero del SAAIP, ofendiste a su señora madre, fuiste amante de mi maestro – pese a ser tú, amiga de su mujer: Susan Muñón, y encima...!
SONIA.- ¡Un momento! ¡Calumnias conmigo, no!  Jamás fuí su amante. ¡Lo puedo jurar por Dios!... Sólo estuve con él, cuando a veces me excedía en uno que otro trago.
FRUSTRADO.- ¡Pues da la casualidad que, jamás te pude ver vacía de tragos!
SONIA.- ¡Hoy, estoy sana! ¡Desde ayer que no pruebo una sola copa!
FRUSTRADO.- ¡Porque en el limbo, no encuentras cerveza, ni pisco!... ¡Sonia, dejémonos de atacar! Dime: Susan –la esposa del maestro- ¿nunca llegó a sospechar de ti? Eso si resulta: extraño y raro.
SONIA.- Porque el maestro la convenció, le hizo creer que tú y yo... Éramos amantes!
FRUSTRADO.- ¡¿Amantes?! ¡¿Tú y yo?! ¡Qué le pasó! ¿Se volvió loco? ¡Si estuve contigo sólo dos veces! ¡Ahora me explico: el por qué Rubén, me quito el habla...!
SONIA.- ¿Rubén? ¿Qué Rubén...?
FRUSTRADO.- ¿Rubén, dije? Olvídalo: “Augusto”, quise decir.
SONIA.- ¿Pero es que Rubén era... fue... había sido...? ¡Primera novedad! ¡Recién me entero!
FRUSTRADO.- ¡¿Qué demonios hablas...?!
SONIA.- De acuerdo. Es que pensé: “Me resulta muy hombrecito, para...” 
FRUSTRADO.- ¡Sonia...!
SONIA.- (Inocente) ¡Qué pasa...! ¿Dije algo malo?
FRUSTRADO.- ¡Nada! ¡Absolutamente nada!
SONIA.- Tú mereces estar en el infierno por lo de María Cajal. Por desenmascararlos: que el maestro César y tú... vendieron a espaldas de los miembros del SAAIP, los  terrenos regalados por el Alcalde de Lima.
FRUSTRADO.- ¡¿Qué pretendes ahora: voltear la tortilla?! ¡¿Eso pretendes?!
¡Lo de María Cajal fue, por si olvidaste: porque el maestro no se quiso acostar con ella! ¡Y no: lo que ella  afirmaba:  estafa, robo, malos manejos!, etc.  Calumnió, simplemente: por celos!
SONIA.- ¡¿Celos?! ¡¿De quién?! ¡Porque según todo el mundo, se había violado hasta a una escoba! ¡Tratándose de mujeres y sexo: no tenía enemigos! ¿O es que sigues tú creyendo que
la hija que tuvo, le perteneció a su esposa? ¡A la Muñón...! ¡El maestro era –para que no olvides-: todo un hombre y un estupendo mentiroso.
FRUSTRADO.- ¡¿Qué...?! ¡Quién fue la madre!
SONIA.- ¡La tuvo con una bailarina de ballet, de nombre: Cristina! ¡¿Sí, o sí...?! ¡Niégalo, hipócrita!
FRUSTRADO.- Pues... para ser sincero, aunque no creas: ¡recién me entero! Se decían tantas cosas de él, que... Reconozco que  aquel chisme llegó a mis oídos, pero que recuerde... jamás se probó
nada.
SONIA.- (Pausa significativa) Para tu información: El último secretario
del SAAIP – a quien lograste arrojar, a base de calumnias-, lo sabía. Estaba enterado.
FRUSTRADO.- ¡¿Honrado Olvido?! ¿Es decir que él llegó a conocer a Cristina...?
SONIA.- En Buenos Aires. Cuando estuvo becado... Al  partir, Cristina le entregó una carta dirigida al maestro César. En  la que le 9 decía: “si no regresas y te niegas a reconocer a tu hija que acaba de nacer... me quito la vida”.
FRUSTRADO.- ¡¿Y...?!
SONIA.- La recibió, e hizo el siguiente comentario: “Debe estar la pobre aburrida de la vida, porque de haber amado el ballet como afirmaba: habría evitado salir en cinta. ¿Sí, o no...?”
FRUSTRADO.- ¡Interesante reflexión...! Es decir, que se quitó la vida para no sufrir. Y él dejó que lo haga, para hacerla feliz... ¿Qué pasó después?
SONIA.- (Pausa breve) César arrojó la carta a la basura, recogió a su hija, y...
FRUSTRADO.- ¡¿Qué pasó con la esposa?! ¡La Muñón, cómo reaccionó...!
SONIA.- Estaba la pobre tan enamorada del marido que... la tomó como suya. Él, le contó una historia, y ella... lo aceptó. Susan creía todo lo que él hacía y decía. ¡Hasta la convenció una noche que Judas, no fue un hombre malo! Que traicionó a Jesús para no dejarlo de mentiroso. Que nunca lo pensó traicionar. Y “si no lo hacía”, podría perder credibilidad entre sus apóstoles.
SAN PEDRO.- (Apareciendo entre sombras, al público). César Chupetack cuentan que nació bueno, pero... un partido político, lo malogró. Se llenó de tantas mentiras que... empezó  a despedir un olor desagradable. Unos lo atribuyeron a que se solía bañar poco y otros... por el odio acumulado a un jugador negro, de fútbol...Lo cierto es que –antes de morir- el padre Serpa –su confesor-, por las dudas sugirió que lo incineraran: “a fin de prepararlo antes de ingresar al infierno”. (Apuntando
la vista al cielo) ¡Padre... ¿quiere decir que César Chupetack, debe estar –entonces- en el infierno...?!
VOZ DE DIOS.- “No lo podría confirmar, hijo, por carecer de amigos en aquel lugar”. Pero... todo es posible.

(Cambio de luces) 

Frustrado, yace pensativo y solo, sentado en un cubo)

SONIA.-  (Apareciendo) ¡Hasta ahora, no entiendo qué diablos pudo
pasar contigo! Estás sufriendo sin estar en el infierno... Creo que me ocultas algo. ¡Qué es!
FRUSTRADO.- (Pausa breve) Lo veo aparecer cada vez que cierro los ojos...Eso pasa... Callé, por vergüenza.
SONIA.- A quién...
FRUSTRADO.- ¡Al maestro!... ¡A César! ¡No sé qué tiempo hace  que... no puedo cerrar los ojos, por su culpa!
SONIA.- ¡Por qué! ¡Qué hiciste! ¡Algo tienes que haber hecho!
FRUSTRADO.- ¡Qué..?. Me llegué a acostar con su hija. ¡Eso sucede!
SONIA.- ¡¿Con la hija, del maestro?! ¡¿De nuestro maestro?! ¡¿Con su hija?! ¿Te volviste loco?!  ¡¿Fuiste capaz de meterte con la hija de Chupetack...?!
FRUSTRADO.- ¡Lo puedo jurar! ¡No fue mi culpa! ¡Ella me buscó!  ¡Ella tiene la culpa! ¡Se metió a mi cuarto y...!
SONIA.- ¡Pero era... tu ahijada!
FRUSTRADO.- ¡Pero también: ninfómana...! ¡No hubo forma de contenerla! ¡Resultó ser un huracán, una tsunami sexual...!
SONIA..- (Conteniendo su rabia) ¡No sigas! ¡Corta! ¡Quiero hacerte otra
pregunta...! Me enteré que cuando falleció César, corriste la voz que no tenían dinero para  enterrarlo o incinerar, ni pagar gastos de la enfermedad. ¡Que solicitaste dinero a  dos instituciones artísticas y... y...!
FRUSTRADO.- ¡Al grano, por favor! ¡Qué tratas de decir, ahora!
SONIA.- ... que te quedaste con el dinero recaudado. ¿Me  puedes decir por qué...?
FRUSTRADO.- (Pensativo) No creerás. Pienso que... “debilidad”. No soy
perfecto... No es que busque un pretexto, pero... Me debía unos centavos.
SONIA.- ¡¿Te debía, dices?! ¡¿Unos centavos?! ¡¿A tí?! ¿César Chupetack...? 
FRUSTRADO.- De la venta de dos terrenos obsequiados al SAAIP, por... ya sabes  quién: ¡El alcalde de Lima!
SONIA.- (Sorprendida) ¡Pero si la esposa contó que no tenía plata! ¡Que no dejó un centavo, al morir...!
FRUSTRADO.- (Cabizbajo) El mundo lo abandonó, cuando aún estaba vivo...De seguro, fue su última mentira.
SONIA.- ¡Increíble!
FRUSTRADO.- No solía tener dinero en efectivo, para que le pagáramos los amigos, la cuenta, pero... sé que dejó varias propiedades.
SONIA.- ¿Me puedes decir... cómo llegaste al cielo? Es que no salgo de mi asombro. Para mí : es un enigma.
FRUSTRADO.- Trataré... trataré de recordar... Creo que empezó todo,
cuando...

(Cambio de luces. En escena: San Pedro)

¿Dónde afirma que estoy, señor...?
SAN PEDRO.- En la puerta del cielo.
FRUSTRADO.- (Sorprendido) ¡¿En el cielo?! ¿Y cómo llegué aquí...?
SAN PEDRO.- Un accidente... “Un fanático de los que abunda en tu país que odia a los políticos, decidió eliminar a uno. Al cruzar la pista y descubrir a un congresista, le arroja su auto y... ¡no sé cómoda el caballero un salto en el aire y se salva de morir...! El chofer –asesino-, viendo que se iba a estrellar –ahora- contra un sacerdote y una monja, optó por salvar a ambos y...
¡elevarlo a usted, al cielo!... He ahí hijo, el motivo por el que ¡no fue enviado de inmediato al infierno!
FRUSTRADO.- (Con esperanza) ¿Quiere decir, que tengo aún esperanza de ingresar al cielo? ¿Es cierto lo que escucho? ¡¿Cierto...?!
SAN PEDRO.- Cuando termines con tus preguntas, continuaremos  (Revisa su enorme libro). Observo que estás inscrito en...  ¡perdón! “¿Dos... tres partidos políticos?!”
FRUSTRADO.- No lo niego. ¡Cierto! ¡Jamás miento!
SAN PEDRO.- ¿Puedo saber  por qué...? 
FRUSTRADO.- Soy ciudadano del planeta. No: de un pedazo. ¡No  tengo enemigos! ¡Odio las divisiones!
SAN PEDRO.- También te pasa lo mismo con la religión...
FRUSTRADO.- Confieso pertenecer a dos sectas: la católica y la mesiánica...por ahora.
SAN PEDRO.- (Escribe algo y cierra el libro) Caballero, por lo que veo... ltendré que enviarlo al otro lado.
FRUSTRADO.- ¿Sí? ¿Qué lado...?
SAN PEDRO.- Derecho.
FRUSTRADO.- ¿Derecho...?
SAN PEDRO.- ¡Infierno!
FRUSTRADO.- ¡¿Qué...?! ¡No lo puedo creer! ¡¿Después de lo sucedido!?
¡Pero si gracias a mí, salvó de morir: un cura, una monja y...un congresista de derecha!
SAN PEDRO.- “De izquierda”.
FRUSTRADO.- ¡Correcto! ¡De izquierda! ¡Después de tantas cosas buenas
que hice...!
SAN PEDRO.- ¿Buenas? ¡¿Quién....?!
FRUSTRADO.- Correcto: “algunas”. Por lo tanto: ¡no me considero un malo perfecto! ¡Y no siéndolo: no puedo ser bien recibido en el infierno. ¿O sí...?
SAN PEDRO.- ¡Frustrado: termínala que no estás en la tierra!  Pero... Sin embargo, no puedo negar que tienes algo de razón... ¿Qué tal si te hago una propuesta?
FRUSTRADO.- No entiendo...
SAN PEDRO.- Dar una oportunidad.
FRUSTRADO.- ¡¿Oportunidad?! ¡¿A mí?! ¡¿Sí?! Me parece justo. Hable que lo escucho como “orejón” incaico.
SAN PEDRO.- (Pausa breve) Volverás a la tierra, pero...con una condición.
FRUSTRADO.- ¡¿A la tierra?! ¡¿Volver a la vida?!... ¡¿Resucitar como Cristo?! ¡¿Con una condición?! ¿Qué condición...? 
SAN PEDRO.- (Señalando bajo sus pies, un punto) Qué ves, ahí... Abre bien los ojos...
FRUSTRADO.- Para ser sincero... ¡Nada!... Excepto un poco de  nubes y... ¡¿Eh...?! ¡Las “Tres A”! ¡El Asilo de... Artistas muy Ancianos! ¡No lo puedo creer...!
SAN PEDRO.- Qué más.
FRUSTRADO.-  (Con detenimiento) También... ¡Ahí están... Deflina Muralla..., la trotskista!  ...¡El Negro Churrasco... al antiaprista furibundo: Lucho Albar!
SAN PEDRO.- Falta alguien... Quién más... ¿Y..?
FRUSTRADO.- ¡La Miriam Ratha...! ¡Pensé que estaría muerta, y en el infierno!
SAN PEDRO.- Las ratas son como las cucarachas, hijo. Nunca mueren. ¿Sabes quiénes fueron los únicos que se salvaron después de lo ocurrido en Hiroshima y Nagasaki...? ¡Las cucarachas y las ratas!
FRUSTRADO.- ¡¿Y qué hacen todos ahí, en el asilo...?!
SAN PEDRO.- ¡Esperando!
FRUSTRADO.-  ¿Esperando? ¿A quién? ¡¿A mí...?!
SAN PEDRO.- Son éstas, cuatro personas a las que más daño hiciste en vida. Quiero, ahora, regreses a la tierra y... consigas su perdón.
FRUSTRADO.- ¡¿El perdón de los cuatro?! ¡Pero si me odian, detestan a muerte...!
SAN PEDRO.- ¡He ahí tu tarea y misión!
FRUSTRADO.- ¿Y si consigo sólo el perdón de... de dos de ellos?
SAN PEDRO.- El próximo portero que te recibirá: no seré yo.
FRUSTRADO.- ¿Y si sólo tres de ellos, me llegaran a perdonar....?
SAN PEDRO.- “Los cuatro” o nada. Como “Las cuatro plumas” ¿Viste aquella película? No pregunto por la novela, porque lees poco.
FRUSTRADO.- ¡Por favor: no me lo recuerde...!
SAN PEDRO.- Bien: ¿Te interesa o...? 
FRUSTRADO.- (Pausa breve) Creo que lo tomo... Sí... de acuerdo.
SAN PEDRO.- ¿Estás listo, hijo...?
FRUSTRADO.- ¡De acuerdo! ...!Listo!

(San Pedro hace unos pases mágicos en el aire, se apagan las luces y se
escucha una explosión).
SEGUNDO ACTO    Sala de lectura del Asilo de Artistas muy Ancianos.    El “negro” Churrasco, lee un diario.  Lucho Albar, saborea una taza de café. Delfina Muralla, lee un libro, y... Miriam Ratha, da vueltas por la pieza, pensativa.
DELFINA.-  ¿Alguna novedad, don Lucho? ¿Qué sabe del SAAIP?  Tiempo que nadie nos visita aunque.... ¿a quién les podemos interesar?
LUCHO.- Desde que se nos fue de este mundo Honrado Olvido –el mejor secretario que tuvimos los artistas-, la esperanza se fue al diablo. El nuevo, continúa brillando por su ausencia... Andan muy preocupados los pobres, en dejar de serlo.
NEGRO.- ¿Y eso...? Ahora sí puedo decir que estoy: “casi en la luna”.
MIRIAM.- “Qué hacer para llenarse los bolsillos” o: “¿Cómo hacerse rico, en poco tiempo”. ¿Está claro ahora...?
DELFINA.- ¿Qué pasó con el dinero que dejó Honrado? ¿La nueva directiva, rindió cuenta de ello...?  LUCHO.-  Según los corruptos: “Honrado cargó con todo, el día que se fue de este mundo”.  DELFINA.- ¿Y los actores: los famosos, los célebres, la gente que solía decir: “amo el arte, el teatro, la cultura, la justicia, la decencia”, etc., qué pasó con éstos señores? Qué hicieron.  ¿Protestaron, levantaron su voz, alguna vez...? 
LUCHO.- La inmoralidad y corrupción, amigos, tomó el país por asalto y   al parecer... invadió el sindicato. Todo: por falta de unidad,   compañerismo, indiferencia, egoísmo, vanidad y, exceso   personalismo... ¿Algunos de ellos vino acaso a visitarnos,   desde la muerte de Honrado Olvido? Da pena decirlo, pero:   ¡lo viejo, se acabó, no existe! Andan sólo preocupados de   cómo engordar los bolsillos... Me pregunto, ¿a qué planeta se   mudarán los corruptos, cuando terminen de exprimir la tierra   hasta la última gota?... ¡Qué difícil es ser fuerte, cuando se   está rodeados de tantos débiles!  NEGRO.- (Pausa) ¿Qué tal si cambiamos un poco de tema, don   Lucho...? La verdad: “la pena, me da mucha pena”. 
MIRIAM.- El “negro” tiene razón, aunque no es mi color favorito. Don   Lucho... cuéntenos algo que alegre nuestra mañana. 
LUCHO.- Hablando de negros, puedo decir con orgullo... “él mejor café   del mundo es el nuestro”. Claro que no podría poner un dedo   al fuego porque aquí, no se patenta nada: ¡ni el Machu   Picchu!.   NEGRO.- (Inocente) ¿Tiene callos en algún dedo...? 
MIRIAM.- (idem) ¿Cómo se llama aquella enfermedad en la que se   pone las manos o pie al fuego y, no pasa nada? ¿Alguien   recuerda...? 
NEGRO.- (Por el diario que tiene en sus manos y, mal humorado) No sé   por qué los periodistas, pretenden dárselas de “intelectuales”,   siendo burros. ¡Colocan –a veces- en sus artículos, palabras   que nadie entiende! 
DELFINA.- Qué palabras. 
NEGRO.- “Mecenas”, por ejemplo. 
DELFINA.- Significa: “protector de las artes y las letras”. ¿Qué pensabas   que significaba?  NEGRO.- “Mearse en la cena”. 
MIRIAM.- ¡¿Hacerse la “pichi”...?! 
DELFINA.- ¿Alguna palabra más? 
NEGRO.- Sí... Algunas palabras las conozco, pero... la emplean mal. 
DELFINA.- Qué palabras. 
NEGRO.- “Estada” y “Estadía”. 
DELFINA.- Qué crees que significa. 
NEGRO.- “Estada: permanencia de animales y bultos de carga en un   lugar. Y “Estadía”: permanencia de personas. 
DELFINA.- Es al revés. “Estada es la permanencia de personas en un   lugar, y “Estadía”: permanencia de camiones, animales,   bultos, carga pesada en un lugar o sitio. 
NEGRO.- (Pensativo) Eso significa que los periodistas de hoy: ¡jamás   cogen un diccionario...! ¡Muy interesante!   MIRIAM.- Dime “qué lees” y te diré el año de Estudio que tuvo el dueño   del diario.  LUCHO.- ¡Periodistas: los de mi tiempo! ¡Esos eran señores   periodistas! Conocí a uno que se bebía seis tazas de café,   escribía maravillas y hacía temblar a políticos y artistas. 
NEGRO.- ¡¿Seis tazas?! ¡Qué horror! ¡Es para dormirse de golpe, o   caer muerto! 
LUCHO.- Dormía como un lirón. Todos le temblaban. Es que “donde no   hay justicia, es un peligro tener la razón”.   NEGRO.- ¡El limón es bueno para la salud! 
DELFINA.- ¿Qué demonios hablas? 
NEGRO.- Lucho dijo algo del limón... 
DELFINA.- (Al negro) Dijo “lirón”. Se trata de “una figura literaria”. 
MIRIAM.- ¿Figura literaria? ¿De dónde sacaste eso...? 
FRUSTRADO.- (Apareciendo) Espero no interrumpir: ¡Hola, amigos del ayer!   ¡Por favor: no se alarmen ni se asusten...! 
MIRIAM.- (Dando un salto del susto) ¡¿Eh...?! ¡Mierda...! 
NEGRO.- ¿Estoy soñando, o qué...? ¡No estoy borracho! 
DELFINA.- ¡¿Frustrado Victoria: hijo de doña Aplastada...?! ¡¿Es real lo   que veo, o...?! 17  LUCHO.- ¿Ésto es una pesadilla? ¡¿Alguien tiene una pistola o un   cuchillo, para salir de dudas...?!  FRUSTRADO.- ¡Amigos, ¿qué pasa?! ¿No son creyentes? ¿No creen en la   reencarnación? ¿Tampoco en el cielo? ¿Son acaso, ateos...? 
LUCHO.- ¡¿Cómo puedes estar vivo, si en tu velorio llegué hasta a   escupir encima de tu ataúd...?!  FRUSTRADO.- ¡Amigos... no están soñando, permítanme que les explique! 
MIRIAM.- ¡Pero si armé una fiesta el día de tu muerte...! ¡¿En qué   mundo estoy?! ¡¿Estaré viva!?  NEGRO.- ¡No entiendo! ¡El carro lo hizo pedazos...! 
FRUSTRADO.- No creen: por extraviar su fe. ¡He ahí lo lamentable y triste!   Para que sepan. Todo en este mundo es divisible y no lo es, a   la vez ¿lo sabían? La fe, no es otra cosa que... un “milagro”.  Y el milagro: energía pura.   LUCHO.- ¡Por favor: que alguien me pellizque, antes de que lo mate  nuevamente! ¡Me resisto a creer que lo que estoy viendo y   escucho, sea verdad! 
DELFINA.- Camaradas, tranquilos... Estoy tratando... de encontrar la   lógica en este absurdo imposible... Hace años –recuerdo-,   estuve a punto de ser monja... Desistí de la idea... cuando un  cura del convento me pretendió violar. 
NEGRO.- ¡¿Violar..?! ¡¿Un cura?! ¡¿Es decir que...?!
MIRIAM.- Sí. 
NEGRO.- (A Miriam) ¿Qué continúa Virgen...? 
LUCHO.- Negro, hace años que perdió esa cosa.
 NEGRO.- Hm. Mejor me callo. “Negro: cierra la boca”. 
MIRIAM.- Qué ibas a decir... 
NEGRO.- “Dónde la perdió” ¡Pero olvídenlo! 
LUCHO.- ¡En la cama! 
DELFINA.- Hoy, soy atea y... marxista. 
FRUSTRADO.- Amigos: sospecho que empezaron a desviarse del tema. 
NEGRO.- ¡Cierto! ¡Muy cierto! 
FRUSTRADO.- Sólo pedí que me escuchen un momento... ¡Sólo un segundo!   ¿Sí? 
NEGRO.- ¿Un segundo? ¡Vale! 
FRUSTRADO.- ¡Unos minutos para explicar por qué regresé...! 
LUCHO.- ¡Primera vez que veo a un maldito demonio: reencarnase...! 
FRUSTRADO.- No soy diablo, ni ángel. Soy apenas... un alma que regresó   para mostrar la bondad del Señor y... resolver unos asuntos. 
LUCHO.- (A Delfina) Amiga: valoremos la opinión de los estúpidos, que parece ser mayoría. Déjenlo concluir. 
DELFINA.- (A Frustrado) Qué pasa. Qué asuntos. 
FRUSTRADO.- “No poder entrar al cielo o infierno.” ¿Me permiten –antes-,   contarles... con quién me topé en el cielo…? 
NEGRO.- ¡Con quién! ¿Papa Noél...? ¡Nooo....! 
LUCHO.- Papá Noel, nunca existió. Fue creación de un comerciante   judío. 
NEGRO.- ¿Comerciante...? Lo ignoraba. 
LUCHO.- Eso “afirman”. Pero tampoco pongo el dedo al fuego. 
.- ¿Y quien pudo ponerme juguetes cuando niño, si no conocí a   mis padres...? 
DELFINA.- ¡Un vecino –de seguro- que vivía enamorado de tu madre! 
NEGRO.- ¡¿Don Eustaquio?! ¿Cómo te enteraste...? 
DELFINA.- Conocido por “Don Nadie”, en Guadalupe donde ejercía la   Jefatura de Auxiliares. Es lo que escuché decir. 
FRUSTRADO.- ¡Otra persona!... Ni lo imaginan. 
NEGRO.- ¡Con quién! ¡¿Sara Chofer, o... Sara García, mi actriz favorita   del cine mexicano?!  FRUSTRADO.- No. Las “machonas”: no entran al cielo. 
LUCHO.- “Ni apristas”. 
MIRIAM.- ¡Disculpen...! Haya de la Torre fue aprista y yace en el cielo. 
LUCHO.- Qué idiota te pasó ese cuento. 
DELFINA.- El reverendo padre García: ¡otro aprista ¡ 
MIRIAM.- No. “Mi esposo”. 1   LUCHO.- ¡Tuviste varios maridos. ¡”´Qué número”. Especifica.  MIRIAM.- El último. ¡El último, don Lucho! 
LUCHO.- ¡Aprista! ¡Asolapado, pero al fin: aprista! 
NEGRO.- ¡Termínenla de una vez, por favor! ¡A quién encontraste! 
FRUSTRADO.- No creerán. ¡Piensen! 
LUCHO.- (Consultando la hora) Dijiste “un segundo!... Estoy tomando   tiempo. Va: “un décimo”.  FRUSTRADO.- A... ¡Carlos Marx! 
NEGRO..- ¡¿Quién?! ¡¿Groucho, amigo...?! 
MIRIAM.- ¡¿Marx: el político, el comunista...?! 
NEGRO.- Dijo: “Groucho”. Lo oí, claro. 
DELFINA.- ¡Perdón...! ¿Qué interesa? ¿Jesús, no practicaba los mismos   principios que escribió, el maestro Marx...? Entonces, ¿de   qué nos asombramos...? 
LUCHO.- Jesús no pudo ser porque jamás pasó por la puerta de una   escuela. 
NEGRO.- ¡Cierto! ¡Fue en un artículo de Extra Alegría, que lo leí! 
MIRIAM.- Quién es. ¿”Extra” es nombre o apodo...? 
DELFINA.- Un periodista mediocre, autor de la novela: “El cruce del pato,   por el río Rímac”.  LUCHO.- La obra –si lo ignoran- la escribió su señora madre. Una   extraordinaria mujer, olvidada.  NEGRO.- ¿Olvidada...? Por quién. 
LUCHO.- El marido e hijos. 
NEGRO.- ¡Qué horror! ¡No hay caso: “La vida es una barca”!, según   Calderón de la Mierda. ¡Muy cierto! 
FRUSTRADO.- También encontré... a William Shakespeare. 
MIRIAM.- ¡¿William Shakespeare...?! 
DELFINA.- !Nooo...! 
NEGRO.- ¡¿El autor de “La cantante calva”?! 
LUCHO.- Autor de “Hamlet”. 
NEGRO.- ¿Y yo, qué dije...? 
FRUSTRADO.- Antonin Artaud y... Charles Bukowski. 
NEGRO.- ¿Bukowski? ¿Quién es....? 
MIRIAM.- Autor de “La máquina de follar”, “Escritos de un viejo   indecente” y “Lo que más me gusta es rascarme los sobacos”. 
DELFINA.- ¿Y qué diablos hacía Bukowski en el cielo, siendo tan... un   ser inmoral? 
NEGRO.- No entiendo. De quién hablan... 
LUCHO.- “Coge una porción de Hemingway, mézclelo con un puñado   de hojas de afeitar y varios libros de vino barato, luego una o   dos gotas de ironías, agítalo y tendrás: un Bukowski”. 
NEGRO.- Entiendo menos ¿Qué hacía en el cielo...? 
LUCHO.- ¿Y quién dice que Frustrado no está mintiendo? Que estuvo   en el cielo .¿Crees alguna palabra de un Victoria...? 
FRUSTRADO.- ¡Si miento y no es verdad lo que digo: ¿cómo pude regresar después del espantoso accidente que tuve y, acompañado   por ustedes en el velorio...?! 
DELFINA.- ¡Yo no estuve!
MIRIAM.- Confieso que... yo, tampoco. 
LUCHO.- Fui pero... para ver si era verdad y escupir en su ataúd. 
FRUSTRADO.- ¡Estuviste presente en el entierro...! 
LUCHO.- Para cerciorarme que estabas muerto y salir de dudas. 
FRUSTRADO.- ¡Qué dudas...? 
LUCHO.- Si alguien te hubiese podido amar, alguna vez. Y... me salgo   topando con Carloncho y su pareja. 
NEGRO.- (Breve pausa) Debes haber sufrido bastante en aquel ataúd,   me imagino...  FRUSTRADO.- “No lo imaginas”. Me puse a pensar... recordar mi vida   pasada... logros y desaciertos que tuve... y gracias al cielo,   descubro que fui capaz de hacer algo bueno por la   humanidad y salvar a una pareja de religiosos... 
NEGRO.- ¡¿Pareja...?! ¡¿Se “entendía” el cura con aquella monja? ¡Qué   horror! 
MIRIAM.- ¡Negro, por los mil demonios: no seas estúpido! ¡Frustrado no   quiso decir eso! ¡Sácanos de una duda: ¿tu madre te fabricó   cojudo, o qué?!... 
NEGRO.- ¡¿Estúpido, yo?! ¡¿Cojudo, yo?! ¡¿Y tú qué méritos tienes?!   ¡¿Ser la Mesalina de los barracones de tu barrio?! ¡¿Quitar   maridos a las mujeres de tus amigos?! ¡¿Quedarte con las  propiedades, después de botarlos de la casa?! ¡¿O matar a    tus cuñados...? 
MIRIAM.- (Furiosa) ¡¿Lo callan o le rompo la cara a éste pobre infeliz   analfabeto...?! 
DELFINA.- (Leve sorpresa y confidencial) ¿Sabía algo de Mesalina, el   negro Carrasco...? ¡Primera novedad! 
LUCHO.- (Aclaratorio) ¡Habla de una obra teatral! (Al Negro) Tranquilo   “negro”... Nadie te pidió que hagas una remembranza del   pasado de Miriam Ratha, que todos conocemos. 
MIRIAM.- (Contenida) ¡Don Lucho, ¿usted también...?! 
LUCHO.- (Inocente) ¡Miriam, que lo único que trato es: hacerlo callar...! 
MIRIAM.- ¡¿De esa manera...?! 
LUCHO.- Miriam, recuerda: sólo tengo quinto año de primaria. ¡No   tengo la verborrea que tú manejas en el mercado...! 
DELFINA.- ¡Por favor...! ¡Si no terminan con estas discusiones de   placeras, me mando a mudar...!  MIRIAM.- ¡Yo, también! 
FRUSTRADO.- ¡No, por favor...! ¡Que los necesito a todos! 
NEGRO.- ¿A todos? ¿A mí? ¿Para qué? ¡Qué hice...! 
FRUSTRADO.- Amigos, repito: vine... en busca del perdón de ustedes...Que me perdonen el daño que hice o pude hacer alguna vez... 
NEGRO.- ¡¿Perdonar...?! ¡¿Piensas que es fácil?! ¡¿Cómo olvidar que    fuiste tesorero de los artistas, pagabas cien soles en lugar de   mil, por derecho de repetición de programas en el año?!   ¡¿Crees que resulta fácil…?! 
FRUSTRADO.- (Casi servil) ¡Perdón...! ¡No sabes cuánto lo lamento...! Cierto que tuve motivos, pero... eso no justifica mi acción, mi   conducta... Humildemente, pido perdón...pido perdón, amigos.  LUCHO.- ¿Puedo conocer alguna razón? Sólo por matar mi curiosidad.   ¡Eres tan creativo para mentir, que...! 
NEGRO.- ¡Sí: que hable! No soy supersticioso pero: trae mala suerte,   aguantarse. 
FRUSTRADO.- (Dramático, muy teatral) Mi hija... mi pobre hija de 12 años...acababa de ser violada por un vecino... esperaba bebé,   cuando... ¡oh! 
DELFINA.- ¡¿Hija: violada...?! ¿De dónde nos sacas ahora, esa hija? ¿No   dijiste que tenías sólo un hijo? ¿El Carloncho...? 
FRUSTRADO.- Les puedo jurar por mi madre, amigos, que... 
LUCHO.- ¡¿Qué madre?! ¿La que te arrojó, o te recogió? 
FRUSTRADO.- (Cabizbajo) A la única que recuerdo: doña Aplastada... viuda de Victoria... ¡Si supieran o vieran, el dolor que guardo en el   pecho, desde aquel año...! 
LUCHO.- Quiero saber con qué mentiras saldrás ahora, después de   muerto. “De dónde sacaste esa hija”. ¡Empieza! 
FRUSTRADO.- (Pausa) Perteneció a...! ¡Qué vergüenza y honor!... ¡A una   monja! 
MIRIAM.- ¡¿La tuviste con una monja, dices?! ¡¿Una monja?! 
NEGRO.- ¡ ¿Es decir que una monja y tú...! ¡Más de un millón de veces   dije que eras un exagerado, pero no cambias: ni resucitado! 
FRUSTRADO.- ¡Detén la mente! Dije: “un cura y una monja”, Y no: “yo, y una monja”
DELFINA.- Entiendo ¿Es decir que tú... tú, te prestaste a reconocer a...   a...? 
MIRIAM.- ¡Cuánto cobraste por ese “Cachuelo”...! ¡Por que tú, no das   puntada, sin hilo!
LUCHO.- (Categórico) “Una cama y dos noches de placer”. ¿O me   equivoqué...?   FRUSTRADO.- No me fuercen por favor, colegas. Que debo ganar las alas   sin ayuda alguna, para ingresar al cielo. 
LUCHO.- ¡Habla! ¡Escupe! Que no puedes vivir sin mentir...¿Qué alas? 
DELFINA.- ¡Está muerto! ¿De que “vida” le hablas?... Te escuchamos,   Frustrado. 
FRUSTRADO.- (Pausa breve) La niña: cierto que perteneció a una monja y a un sacerdote... También que... estuve con la monja... Pero la   tuve que dejar porque resultó ser una ninfómana, y... y...  DELFINA.- ¡Al parecer: a tí, te siguen todas las ninfómanas! ¡Qué pasó   con tu hija! 
LUCHO.- ¡La liquidaste!. La mataste. La borraste del mapa... 
FRUSTRADO.- ... desapareció un día y... Nunca más la volví a ver. 
MIRIAM.- Para mí, éste tipo: ¡la incineró! 
FRUSTRADO.- Te equivocas, mujer. De haberlo hecho, no me habrían   dejado ni siquiera asomar al cielo. 
DELFINA.- Cierto. De seguro, porque salvaste el prestigio de la iglesia,   con tu silencio. Eso te salvó... Explícanos eso de tu encuentro   con Artaud, Shakespeare y Bukowski. Me interesa.  LUCHO.- ¿También lees a Bukowski...? 
FRUSTRADO.- Los vi sólo breves segundos, al llegar a la puerta del cielo.   Conversaban con San Pedro. 
NEGRO.- (Inocente) ¿De literatura o fútbol…? 
MIRIAM.- ¡La verdad, ignoro a veces: que tienes en la cabeza, amigo...! 
NEGRO.- (Inocente) Sombrero no suelo usar, por la caída del cabello.   ¿Por qué...? 
LUCHO.- Debe habérsete parado una mosca en la cabeza. No hagas   caso ¡Olvídalo! 
NEGRO.- Tengo una memoria única, para mi suerte mala. Casi igual al   de un elefante. 
DELFINA.- ¿Qué animal...? 
NEGRO.- (En la luna) ¿La mujer de quién...? 
DELFINA.- ¡No dije nada!
LUCHO.- ¿Te enteraste? Murió Carlos Gardel... 
NEGRO.- ¿Gardel? Cuándo. ¿Lo conocí? ¿Dónde...? ¿Qué hablan? 
FRUSTRADO.- (Pausa breve) Amigos... qué opinan... Los escucho... ¡Por   favor! 
LUCHO.- ¿Qué decías? 
FRUSTRADO.- El plazo que me han dado, se acaba... Escuchen: si olvidan el daño que hice alguna vez y, perdonan de corazón... es   posible, me permitan ingresar al cielo. De lo contrario...yo...  NEGRO.- Frustrado...a mí, me resulta difícil olvidar las “chanchadas”   que hiciste. ¡Será porque todo lo apunto en una libreta azul.   Así que… lo siento…lo lamento. 
DELFINA..- Qué daño te hizo ¡Cuándo! 
NEGRO.- ¿Frustrado Victoria? ¿Me creen un masoquista; que todo   debo recordar...? ¡No suelo guardar rencores! Es decir: “En la   cabeza.” 
FRUSTRADO.- Muchachos: qué dicen... No piensen mal sobre lo que diré,   pero... Si alguna vez tienen que partir de este mundo...   cargando rencores... odio... rabia... cólera... furia, etc., les  aseguro que... “dudo: los dejen ingresar al cielo”, o... como    quieran llamar al paraíso. 
NEGRO.- ¡¿Quée...?! 
FRUSTRADO.- Podrán...sólo lo lograrán los que supieron perdonar alguna   vez... a tiempo, y...y…  LUCHO.- ¡No me interesa! No creo en el cielo ni en cuentos. Soy   agnóstico, por convicción.  DELFINA.- Sospecho que te olvidaste por la edad... Te vi varias veces   persignar, al pasar por la puerta de una iglesia... 
LUCHO.- ¿A mí?...Hm. Quizás... “Por costumbre o manía”. Porque mi   madre nos obligaba a obedecer a punta de “cocachos”.   NEGRO.- Cuándo fue que dejaste de creer en Dios o perdiste la fe... 
LUCHO.- ¿Cuándo...? Al descubrir que el maestro Jesús, tenía   ombligo y leer... unos escritos antiguos – anterior a la Biblia-    de literatura griega. Es decir que: fueron copiados. (A Delfina)   ¿Y tú...? sé que pensaste, ser monja antes de volverte   marxista. ¿O me equivoco?... Cuándo perdiste la fe. 
DELFINA.- (Leve sonrisa) No podrán creerlo.. Al enterarme que Adán   tenía 130 años al engendrar a su hijo SET y, murió a los 930 años. 
NEGRO.- ¡¿Adán...?! ¡¿930 años?! ¿Dónde leíste eso?  DELFINA.- En la Biblia... Y Noé –el del Arca-, que había vivido hasta los   350 años y, Moisés...: 120. Cómo comprenderán: a veces   peco de estúpida, pero... a veces me arrecuesto a meditar.
FRUSTRADO.- Amigos, seguimos alejándonos cada segundo, del asunto. No sé qué dirá la Biblia, respecto a ese punto porque nunca lo   leí, pero... lo cierto es que: salí de este mundo, por salvar a   un par de religiosos, llegué al cielo y... regresé... No   pregunten cómo lo hice, porque lo ignoro. Aunque confieso:   hubo un momento que pensé, que el cielo, no existía. Pero   ahora que estuve ahí... la verdad, no pienso igual. 
NEGRO.- En ningún momento dijiste: “llegué al cielo”, sino: a la puerta.  ¿Dé acuerdo...? 
FRUSTRADO.- ¡Correcto! ¡A la puerta! Y, no puedo negar su existencia ni la de Pedro, el portero.  LUCHO.- Insisto: No creeré en Dios, hasta que... me tope con él. Así   que: lo lamento.  FRUSTRADO.- ¿Cómo podrás verlo – pregunto- si tu corazón continúa lleno de odio, rencor, indiferencia...? Tu corazón amigo, no está   preparado para verlo. 
NEGRO.- (Con duda) ¿Qué pasa si no te llego a perdonar dijiste...? Es   que la duda me invade. No me deja pensar un poquito... 
FRUSTRADO.- Si aceptan creer que después de esta vida, existe un mundo   mejor, entonces cuando partan de la tierra, ténganlo por   seguro que... las puertas del cielo se abrirán. De lo contrario...
DELFINA.- ¿Y si alguien no cree... ni en el infierno? 
LUCHO.- Permíteme una interrupción: ¿dónde crees que vives? ¿En el   paraíso? 
NEGRO.- ¡¿Significa que en el infierno viven peor...?! De ser así... por   las dudas: “te perdono”.  FRUSTRADO.- Gracias... Muchas gracias... ¿Y tú, Lucho..., tú Delfina...? 
LUCHO.- (Pausa breve) ¿Qué pasa si te perdonamos un poquito... o un   poco, para probar?  FRUSTRADO.- “Vivir en el pasado, es debilidad”... Si un vaso no está lleno totalmente de amor, significa que... aquel espacio vacío   puede ser cubierto de rencor, odio y venganza. Y eso: ¡no es  amor! El amor no acepta división alguna: “Yo amo más a mi   mamá, que a mi padre”, “a mi mujer, más que a mi hijo”, “a mi   gato, más que a mi perro”, etc. Tampoco, comparar con   nadie: “Eres mejor que Hitler”, “peor que Montesino o   Rasputin...” 
DELFINA.- ¡De acuerdo, Frustrado...! Concluyamos. No sigas... Trataré   de olvidar todo el daño hecho... Todo... Sin rencor alguno. 
FRUSTRADO.- Gracias, amiga... Luchito... ¿y tú? ¿Y tú Miriam? 
MIRIAM.- Aunque me he equivocado muchas veces, llevada por la   emoción… ¡te perdono!  LUCHO.- (Pausa breve) ¡Me has convencido, miserable...! Debe ser   culpa de la edad. O... porque moriré pronto... Ayer – les   cuento – se me detectó que tenía cáncer, así que... 
MIRIAM.- ¡¿Cáncer...?! ¡¿Tú...?! ¿Hablas en serio? No puedo creerlo.   ¡Siempre llevaste una vida moderada...! 
LUCHO.- Y pensaste que era broma, ¿verdad...? Yo, también. 
FRUSTRADO.- Lo siento, amigo. En serio: lo lamento... a pesar de saber que te espera una vida mejor... Arriba ese ánimo... Rezaré por tí...   Gracias... ¡Mil gracias, amigo!... ¡Huy, estoy en la hora y... No   les diré “adiós”, pero sí: ¡hasta pronto!... (Sale. Todos se   quedan cabizbajos). 
NEGRO.- (Dramático) Así que cáncer... ¿Qué... que tiempo te han   dado... o queda de vida? ¿Te dijeron...? 
LUCHO.- (Pausa breve) Cinco o seis, aproximadamente... 
NEGRO.- ¡¿Días...?! 
LUCHO.- (Pausa) Años...(Caras de asombro. Apagón)     

EPÍLOGO       LUZ DE CIELO.       SAN PEDRO.-    (Apareciendo con un periódico o diario) ¡No sé como lo   hicieron!... pero del Perú, me acaba de llegar un diario ¡El   primero, en la historia del paraíso…! (Revisando sus páginas)   Por supuesto…y, como era de esperar, lleno de publicidad…  malas noticias y… corrupción… (Sigue pasando sus páginas)   Por lo que leo… los hombres continúan preocupados en   comprar armas… programas basura de televisión. De seguro:   para que el pueblo no piense… y esa basura sofisticada,   llamada “moda”. (Continúa hojeando el diario) La lengua   madre para comunicarse –al parecer-, ¡se fue al diablo! Hm...   ¡Hasta los congresistas la suelen usar!... ¿Qué es ésto?   ¡¿Jerga...?!: “¿Cómo eliminar al pueblo y ser declarado   héroe...? “¡Qué le pasó a la “toma de conciencia”! ¿Se fue al   infierno...? Hm... qué inteligentes...: inventaron las “pastillas   antidepresivas bélicas”, para olvidar los crímenes   cometidos... (Deteniéndose ante una nota) ¿Y ésto...? ¡No    puedo creer! ¡Hasta llegaron a fabricar zapatos de papel   usado...! ¡Dónde! ¡En qué país! ¡¿En cualquiera...?! No hay   caso: ¡El Perú es un país de creadores...! Menos:   gobernantes (Sigue hurgando las páginas del diario) ¡Dios   Santo...! La gente suele ahora, vestir desnuda... ¿Cuánto   cuesta ese hilo dental o ropa de baño...? ¡¿Eh?! ¡No puedo   creer! (Sorprendido) ¡Tampoco había sido ropa de baño! ¡Era   vestido de verano...! (Cierra el diario y lo arroja a un costado) 28   No sigamos. Mejor ocupémonos de otra cosa: positiva o   divina... (Al público) ¡Estimados, ángeles!... (Señalando a   alguien del público) Te hago presente, hijo, que tú... aún no te   has ganado esas alas. Así que... déjate de charlar tanto. ¿De   acuerdo?... Bien Hermanos, quiero que demos la bienvenida   a un nuevo compañero. Al que fuera, un excelente artista, en   su país: ¡Lucho Albar! ... (Aparece Lucho Albar, vestido de   blanco, con dos alitas doradas en la espalda, seguido de   aplausos) ¡Adelante, hijo...! (Reparando algo en el recién   llegado) ¿Sucede algo..? No lo veo cómodo, mi joven amigo... 
LUCHO.- Lo lamento... Pasa que estoy sorprendido... maravillado...   Jamás imaginé algo parecido que me pudiese suceder. 
SAN PEDRO.- ¡Pero pasó! ¡Y no estás soñando! 
LUCHO.- Pero también... porque se me dijo: “Tendrás cinco o seis años   de vida, aproximadamente y... resulta que ustedes...” 
SAN PEDRO.- ¡¿Yo, hijo...?! 
LUCHO.- No sé quién; ¡me salió recogiendo: el séptimo día! 
SAN PEDRO.- Pensé que los médicos de tu país, eran muy buenos... No es   mi culpa. 
LUCHO.- ¡Y lo son! Claro: los egresados de universidad nacional. Del   resto, no podría garantizar... (Buscando con la vista, a   alguien) ¡Muy extraño... hasta ahora no logro toparme con el   compañero Frustrado Victoria! 
SAN PEDRO.- No podrás creer: “Se aburrió”, el pobre, y... 
LUCHO.- ¡¿Se aburrió...?! 
SAN PEDRO.- ¡Igual que el tipo que cayó en la selva y todo lo veía “verde” cuando lo recogieron, veinte años después!... Vuestro amigo   se quejaba, de por qué ¡Todo era blanco, aquí! Pero sobre  todo: del frío. 
LUCHO.. ¡¿Frío, frío...?! ¡¿Aquí: en el Paraíso?! 
SAN PEDRO.- De Ripley: ¡Aunque no lo crean”. ¿Qué se hizo...? En vista   que no se le pudo conseguir la “calefacción” que solicitaba...   no hubo otro remedio que... ¡enviarlo al infierno!  LUCHO.- ¡¿Al... al?! ¡¿Y...?! 
SAN PEDRO.- ¡Oh! increíble: ¡Encontró el calor que buscaba...!   Posiblemente, al toparse con su compadre y maestro, César   Chupetack... Lo cierto es que aquí: volvió la calma, y la   normalidad... Nosotros: estuvimos contentos y felices un   tiempo, hasta que...” nos llegó la primera queja!.  LUCHO.- ¡¿Queja?! ¡¿Del infierno...?! 
SAN PEDRO.- Nada menos: ¡del secretario del señor Lucifer! 
LUCHO.- ¡Nooo...! ¡¿Qué decía aquella nota?! 
SAN PEDRO.- Al descubrir don Frustrado que en el infierno, la gente no era muy unida: ¡trató de formar un Sindicato y...! 
LUCHO.- ¡¿Un sindicato?! ¡¿En el infierno?! ¡¿Y...?! 
SAN PEDRO.- No sólo lo pudo conseguir, sino que pretendió –encima-   apoderarse de la corona del Señor de las Tinieblas, y... fue   descubierto. Este -como es de suponer-, montó en cólera y –   dicen, afirman quienes lo vieron-: de un patadón... lo envío   muy derechito al limbo!... (Pensativo) La última hazaña que   supe de él – en su tierra- fue que... evitó que mataran a otro   sacerdote. Claro que... por poco, no acaban con él, por tratar   de defenderlo”. 
LUCHO.- (Aclaratorio) Sí me enteré. Y que, “casi lo matan”, por tratarse   de un cura pedófilo.
SAN PEDRO.- ¡Oh, oh…lo ignoraba! 
LUCHO.- (Pausa) Qué pasará con él, ahora, pregunto... 
SAN PEDRO.- Nada... En el limbo –como es natural-, se empezará a   desintegrar hasta que...  LUCHO.- ¿Desintegrar...? 
SAN PEDRO.- Exacto... Un día se levantará, como de costumbre... no notará que le faltan los pies y… 
LUCHO.- ¡¿Los pies...?! 
SAN PEDRO.- Se echará a caminar, sin darse cuenta. Otro día... se   levantará y, empezará a caminar sobre las rodillas... después:   sobre sus caderas... hasta llegar a las mandíbulas, dando   saltos.  LUCHO.- ¡Dios, Misericordioso...! ¡¿Sin darse cuenta?! ¡¿Cuánto   tiempo?! ¡Ya lo veo... caminando a saltos sobre su cerebro! 
SAN PEDRO.- Depende... Si fue bien alimentado de niño, si posee huesos   duros, es posible que…  LUCHO.- ¿No le parece ésto... muy cruel? 
SAN PEDRO.- ¿Cruel...? Un poco. Por corto tiempo... Nadie ha logrado   pasar de una semana. ¿Qué sucede?... ¿Algún problema? 
LUCHO.- ¿Me permitiría una leve pregunta… ? La última. 
SAN PEDRO.- Te escucho. 
LUCHO.- Siempre oí decir que... “Dios jamás castigó a nadie, por ser   puro amor”. Es esto, cierto, mentira, cuento, o qué...?   (Las luces del escenario empiezan a bajar lentamente, hasta llegar casi a una   oscuridad total. Un haz de luz blanca, cae sobre el rostro de Lucho, seguido de una suave música celestial). 
VOZ GRAVE DE DIOS.- ¿Me permites que te conteste, hijo...? No mintieron. No fuiste jamás engañado. 
LUCHO.- ¿Qué pasará, entonces, con Frustrado Victoria? En el   infierno... nadie lo quiere… ¡digo! Excepto su maestro   Chupetack. 
VOZ DE DIOS.- ¿Qué haré?, preguntas…? Será perdonado. ¿Qué otra cosa   puedo hacer?  LUCHO.- ¡¿Perdonado...?! ¡Pero si hizo mucho daño! ¡Era odiado por   todo el mundo! ¡Violó hasta a su hijo… según dijeron! 
SAN PEDRO.- ¡Pero no se pudo comprobar...! 
VOZ DE DIOS.- Lo siento. “Dios no castiga”, repito... Será perdonado. 
LUCHO.- ¡Sigo sin entender! ¡Por qué...! Sinceramente: Eso no parece   justo. 
VOZ DE DIOS.- No castigo, ni suelo castigar nunca, hijo. Lo que ocurre en la tierra – o cualquier otro planeta -, es culpa de los hombres ó    seres vivientes... Por lo tanto: Él se tendrá que castigar solo.   “Sólo”. 
LUCHO.- ¡¿Cómo así...?! 
VOZ DE DIOS.- (Pausa breve)    Hijo... El Señor Frustrado Victoria, está   acostumbrado a vivir en medio del dolor y sufrimiento, la   basura, la mugre, la inmundicia, la pezuña y el estiércol,   ¿verdad?.... Por lo tanto, estoy seguro que aquí – en el   Paraíso -, sufrirá mucho... y mucho más tiempo… toda la   vida, porque “todo… está limpio...”.       Música Celestial en crescendo y, cara de asombro de Lucho Albar.       Apagón.