Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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13 de junio de 2015

Gustavo Espinoza sobre la unidad o división de la izquieda peruana

Gustavo Espinoza
Escribe:  Gustavo Espinoza M. (*)
 
Constituye casi una constante el iniciar un debate en torno a la unidad de la izquierda en la antesala de elecciones. Hoy, a puertas de los comicios nacionales del 2016, la discusión referida al tema se ha reiniciado, y ha generado un conjunto de intervenciones y análisis.
La variedad de opiniones se explica porque el caso se ha abordado desde distintas ópticas y usando diversos prismas. Unos, han visto la unidad como una suma indispensable de fuerzas para enfrentar  el reto reaccionario y mafioso que nos amenaza; y otros, como un oportunidad para deslindar criterios y despejar incógnitas. De modo general, sin embargo, se ha mostrado la Unidad de las fuerzas progresistas como un requisito indispensable para avanzar en el forjamiento de una alterativa realmente democrática y popular.
 
La experiencia recogida por Izquierda Unida en sus años de apogeo y crisis, no ha dejado de ser un referente obligado en las distintas reflexiones; y la presentación de temas en el reciente encuentro celebrado con motivo de los 50 años de Vanguardia Revolucionaria; han coadyuvado a un análisis que luce indispensable en el escenario de hoy. ¿Es posible, realmente, forjar la unidad que se plantea en esta circunstancia?
 
Si miramos las cosas con cierta tranquilidad, podemos diferenciar hasta tres tipos de unidad susceptible de ser lograda por las fuerzas empeñadas en la construcción de una nueva sociedad, más humana y más justa. Podría hablarse, en efecto, de una unidad electoral, de una unidad política y hasta de una unidad revolucionaria. Y aunque no es lícito separar artificialmente la una de las otras, resulta útil hacer la distinción para efectos también didácticos.
Izquierda Unida –recordemos bien- surgió en septiembre de 1980 como un Frente Electoral. Las fuerzas progresistas, divididas en los comicios presidenciales celebradas ese año, juzgaron necesario tentar un acuerdo que les permitiera mejor suerte en las elecciones ediles de noviembre. Esa idea, fue la que alumbró el nacimiento de Izquierda Unida.
 
La experiencia, fue buena y mostró una conceptuosa recuperación en Lima; pero, sobre todo, en el interior del país. Ganamos municipios en importantes ciudades. Cusco Puno, Arequipa y Huancayo, al tiempo que registramos un apreciable crecimiento de votos en la ciudad capital, donde reunimos el 27% de los sufragios.
Por voluntad ciudadana, Izquierda Unida pasó a convertirse en una verdadera alternativa de gestión gubernativa en los más diversos planos. Con esa idea, fuimos a los comicios de noviembre del 83, en los que logramos arrebatar a la derecha el sitial capitalino, conservando baluartes en varios lugares del país. Eso permitió que IU diera un salto cualitativo, y dejara de ser solamente un Frente Electoral para asumir la condición de un Frente Político, de claro contenido democrático, popular y antiimperialista. Como consecuencia de ese hecho. Sus fuerzas constitutivas pasaron a desplegar acciones  vinculadas a la defensa de intereses definidos y causas solidarias. También a procesar eventos de debate ideológico y político, crear escuelas, preparar estudios; y hasta dar forma a un programa común, que fue carta para eventos posteriores.
 
Los comicios del 85, y más precisamente las elecciones ediles de noviembre del 86, marcaron contrastes, que debieron ser asimilados de manera seria y responsable.
En 1985 el pueblo le dio a IU la responsabilidad de actuar en el Congreso de la República, los gobiernos regionales y los municipios locales como verdadera fuerza de cambio. Eso pasaba por afirmar su papel como un Frente Político de Masas con un  mensaje progresista, renovador pero, sobre todo, ético para enfrentar una sociedad en crisis. Eso, no ocurrió.
Probablemente deberá pasar aún un tiempo para que se discuta por qué elementos ajenos, algunos de ellos artificialmente creados por el en enemigo -como el terrorismo y la violencia- se cruzaron en el camino de la Izquierda y la encontraron poco preparada y aún insuficientemente definida como para asumir deslindes. La inmadurez del movimiento, hizo el resto.
 
Eso fue lo que generó la crisis. Hubo quienes -en todos sus  partidos- creyeron que la tarea era dar un nuevo salto cualitativo, abandonar la idea de construir un Frente Político y convertir a IU en un Frente Revolucionario, es decir, plantearse ya no funciones de gobierno, solamente, sino tareas de Poder, buscando formas armadas de lucha. Y la situación no estaba para eso.
El debate, mal conducido y peor argumentado, terminó escindiendo al Frente, colocando como fuerzas adversarias a sectores y tendencias en verdad confluentes en los más diversos análisis. La división fue artificial, y alentada por el enemigo de clase bajo el pretexto de separar a “reformistas” de “revolucionarios”, cuando lo que estaba en la orden del día era la unidad de todos para arrebatar la conducción del Estado  a los sectores más reaccionarios fuertemente ligados al Gran Capital.
Eso generó un marcado distanciamiento entre núcleos más radicalizados que otros, y a una ruptura que se agravó por factores burocráticos y defectos personales. La falta de representatividad de algunos, y el electoralismo de otros, terminó por dar sustento a una escisión que un proceso más maduro, habría evitado.
 
En todo caso, hoy es posible visualizar por lo menos en parte estos elementos con la idea de abrir un nuevo escenario. El problema radica en que no se tiene aún suficiente conciencia de la historia.
Lo que las “vanguardias” –hay que llamarlas de alguna manera- buscan hoy es repetir la historia. Es decir, forjar un Frente con un claro contenido electoral. Si las cosas no marchan por ese derrotero es porque las ambiciones personales o los afanes de grupo, son más fuertes que los propósitos unitarios. Lo aconsejable, entonces, es invertir la figura: crear un Frente Político, que sea capaz, en su momento, de jugar un papel electoral, sin quebrarse ni romperse.
 
Crear un Frente Político, no es difícil porque no presupone renunciar a nada  Lo que si ocurre, es que resulta laborioso, y da lugar a definiciones que algunos quieren eludir. Requiere saber con precisión cuál es el enemigo fundamental de nuestra patria y unir a las fuerzas que quieran sumar a la lucha contra el Imperialismo y la Mafia que lo representa.
Un Frente Político pasa por un acuerdo vinculado a objetivos comunes. Pueden ser pocos, pero deben ser capitales. Unir a las masas, organizar a la población, elevar la conciencia política de la gente y promover y alentarlas las luchas populares, constituye la esencia de un Frente Político. A eso hay que añadir un plan de acción que incluya propósitos definidos: solidaridad con las luchas de las poblaciones que se enfrenten a los proyectos de explotación minera salvaje, defensa de los derechos laborales de los trabajadores, respeto a las poblaciones originarias y a su patrimonio histórico, calidad de la educación y defensa de la Universidad, atención prioritaria a la salud, respeto pleno a los derechos de la mujer y las poblaciones vulnerables. La solidaridad con Cuba y Venezuela, son puntos netos de cualquier Frente Político que aspire al futuro.
 
Un Frente Político así constituido, tendría la obligación y la responsabilidad de actuar, independientemente de los procesos electorales. Alzar sus banderas, promover sus cuadros, incorporarse a las acciones de los pueblos, vivir en las mismas condiciones que la ciudadanía. Sólo así, podría ganarse el reconocimiento de a población, que confía en los que luchan, y no en los que hablan.
 
En este contexto ¿cómo votar el 2016?. Como todo indica que no habrá unidad electoral, de la izquierda, si alguna de sus candidaturas “levanta” cabría optar por ella. Si así no fuera, la opción sería otra: cerrar filas siempre contra el enemigo principal.
Actuar de ese modo sería convertir objetivamente ese Frente-en una real fuerza de Poder Popular intimadamente ligado a los intereses y a las necesidades de la población.  Y por tanto, capaz de representarla en los más diversos planos.
 
Un Frente así podría, entonces participar en elecciones en forma directa o indirecta. Pero no debiera ni hacerse ilusiones, ni alentar en el pueblo la idea de que por elecciones se habrán de resolver los problemas que agobian a  todos los peruanos.
Hay que volver a la vieja lección de la historia: una elección, puede acelerar una Revolución. O puede confirmar una Revolución. Pero nunca, podrá reemplazar, o sustituir,  a una Revolución.
 
(*) Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera / http://nuestrabandera.lamula.pe

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