Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

Comentarios a:
Comments to:

jorgealiagacacho@hotmail.co.uk

English readers can visit my web page clicking the next link.....

http://www.jorgealiagacacho.com/




11 de mayo de 2017

EL ESCRITOR COMO SUJETO SOCIAL Y SU ROL EN LA SOCIEDAD (II PARTE)


Por Carlos Villacorta Valles
Odesi12@yahoo.es


SEGUNDA PARTE


En la primera parte del presente artículo del día 8 de setiembre 2016 señalaba que, los que controlan el poder económico pretenden esconder una verdad que todos vemos, vivimos una sociedad dividida en clases, donde la minoría explotadora necesita y alienta un arte y literatura “que corteje y adule su gusto mediocre. Quiere, en todo caso, un arte consagrado por sus peritos y tasadores” (Mariátegui: El artista y la época); asimismo, que adormezca la mente de la juventud, basado en una concepción marcadamente individualista, ligada al mundo interior del escritor, que pregone el hedonismo y un cosmopolitismo proimperialista; obras que pueden reflejar la realidad a lo sumo parcial o episódicamente, o la deformen conforme a sus intereses de clase.
El pueblo y sus artistas, por su parte, reconocen que la literatura se nutre de la realidad social, de la vida del pueblo, y la refleja según las leyes de la creación artística; manifiestan preocupación especial por la función social del arte y la literatura como instrumentos de lucha, que refleje la sociedad con todas sus contradicciones.
En ese sentido, el presente documento tiene como objeto retomar y motivar el debate sobre el rol del escritor: o cómo sujeto social político y transformador o cómo conservador del estado de cosas.
Frente a esta situación, el escritor progresista se encuentra en un dilema ¿Qué escribo? ¿Para quién escribo? ¿Qué posición tomo? ¿Qué estudio? ¿Denuncio las injusticias del capitalismo o me quedo callado? ¿Me pongo del lado del camino del pueblo o el camino de los que controlan el poder económico? Los artistas burgueses contestan "una obra artística no es bella por su contenido moral y político". Claro, no les conviene.

Jorge Aliaga Cacho, en su interesante artículo “Rol del escritor” responde: “En mi opinión el escritor representa su tiempo, no puede desligarse del compromiso social de su pueblo”, y consigna múltiples ejemplos de escritores que cumplen este rol. Es decir, la tarea fundamental del escritor es ponerse en el camino del pueblo, lo que significa revelar la crueldad y las tretas de las clases dominantes y señalar la inevitabilidad de su derrota. Por tanto debe escribir para que lea nuestro pueblo. Hasta ahora sólo estamos escribiendo para nosotros mismos, en nuestros eventos somos los mismos escritores. Esto nos crea la necesidad de estudiar la sociedad y las clases sociales para comprenderlo mejor, cuando esto suceda, nuestro arte y nuestra literatura tendrán un compromiso con la liberación definitiva de la humanidad, y diremos con César Vallejo: "Todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él”.
Javier Heraud, que lo comprendió a los 18 años escribe: “la poesía es/el grito de los pueblos oprimidos/el nuevo canto/de los pueblos liberados”.
Ernesto Cardenal nos dice: “soy revolucionario porque soy poeta”; “la poesía me llevó a un monasterio, a la revolución y al pueblo”.
Charles Chaplin, en su famoso discurso “El Gran Dictador” sentencia: “El camino de la vida puede ser libre y bello, pero hemos perdido el camino”.
Humberto Eco, al referirse al escritor neutro, ha dicho en el XIV Festival del Libro de Budapest 2007: “Odio a los escritores que dicen que escriben para sí mismos. Lo único que escribimos para nosotros mismos es la lista de las compras”. 
Juan Carlos Onetti en su "Decálogo más uno para escritores principiantes" nos recomienda: “No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo”.

Repito los dos clásicos de Bertolt Brecht el primero que lanza al mundo la parábola del sacerdote Martín Niemöller: “cuando nazis vinieron por mi…”, como un hermoso poema con el título "ahora vienen por mí, pero es demasiado tarde" que trata acerca de las consecuencias de no ofrecer resistencia a las tiranías y al capitalismo mafioso. El sermón del sacerdote dice: “Cuando los nazis vinieron por los comunistas//me quedé callado; //yo no era comunista.//Cuando encerraron a los socialdemócratas//permanecí en silencio; //yo no era socialdemócrata.//Cuando llegaron por los sindicalistas//no dije nada; //yo no era sindicalista.//Cuando vinieron por los judíos//No pronuncié palabra; //yo no era judío.//Cuando vinieron por mí//no quedaba nadie para decir algo”.

Luego sus versos (de Brecht) cuando denunciaba: ¡”por cierto que vivo/en una época sombría/el verbo anodino/no es más que una tontería!/ !Qué tiempos estos en que/hablar de árboles/es casi un crimen/pues implica/el silencio de tantas fechorías”¡

El clásico de Mariátegui: “La burguesía quiere del artista un arte que corteje y adule su gusto mediocre. Quiere, en todo caso, un arte consagrado por sus peritos y tasadores” (El artista y la época. Pág. 13). Luego señala: “Sobre la suerte de los artistas contemporáneos pesa, excesivamente, la dictadura de la prensa. Los periódicos –y la TV- pueden exaltar al primer puesto a un artista mediocre –mejor si defiende el sistema- y puede relegar al último a un artista altísimo”. –generalmente el crítico del sistema. (El artista y la época. Pág. 16).

Ahora que notamos un alto crecimiento demográfico de escritores, les hacemos un llamado, que caminen por el lado de nuestro pueblo. El imperio económico capitalista está en agonía y su mano criminal nos ahoga para salvarse, ahoga y neutraliza a los escritores para salvarse de sus denuncias, sobre todo de la destrucción de nuestra cultura, de la contaminación y estupidización de la mente de nuestros niños y jóvenes, de su precoz despertar sexual y su alejamiento notorio de las buenas lecturas y el estudio. Esta estupidización y terrorismo mediático es escandaloso, sin límites, no sólo por la desinformación y las mentiras mediáticas, sino por la difusión de programetes que son fábrica de personajes insulsos, eróticos e inflados físicamente, dirigidos a nuestros adolescentes y niños.

ESTULIN D. (2014) (ibíd.)** Nos advierte: “Esta nueva era, la ciencia y la tecnología dominan el mundo (…) no se desarrollan para beneficiar a la humanidad, ni para controlar y detener terroristas y criminales. Están diseñados para controlarte y detenerte a ti (…) se trata de tener el control de todo lo que hay en el planeta” (pág. 131).

¿Será que podemos seguir indiferentes o seguir callando? La indiferencia es la peor de las traiciones. Un día nos preguntarán nuestros niños y jóvenes, que es lo que hicimos cuando ahogaban las voces de los pueblos del mundo y los hombres humildes. Para ser directo: ¿qué hiciste cuando nuestros niños y jóvenes se morían de hambre y miseria? ¿Qué hiciste cuando los niños y jóvenes no asistían al colegio porque tenían que trabajar y quemaban tempranamente su fragilidad, su ternura y su vida? Dirás que eres neutro, dirás que eres apolítico o buscarás otra justificación absurda. No te olvides, ese día llegará.

La poesía, debe ser un canto de libertad, una hermosa herramienta de diálogo y acercamiento con el pueblo, con los estudiantes, con los jóvenes, con la cultura, con indignación y rebeldía. Los escritores estamos obligados a practicar la tierna rebeldía. Sentir, vivir, reflexionar, practicar y transformar es el signo de nuestros tiempos. Esa debe ser nuestra razón de vivir y escribir. Ahora sí, ya no basta sólo interpretar el mundo, sino hay que transformarlo. Mientras el sueño de la justicia social no sea olvidado habrá esperanza de una vida mejor. La muerte definitiva es el olvido, aunque aparentemente viva, nos dice el grande, José Saramago. 


Nota:

**DANIEL ESTULIN: El club de los inmortales. Ed. IIB Grupo Zeta (2014).

No hay comentarios: