Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "Terrorism in Perú" (1995), un relato de la guerra entre el gobierno del Perú y Sendero Luminoso. Ha traducido al inglés el ensayo, "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios vrtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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30 de septiembre de 2010

Julio Solórzano Murga: el intelectual orgánico

Foto: Celia Ariza, Julio Solórzano Murga, Raúl Gálvez Cuéllar y Manuelita Gonzáles Vallarino.



Por Jorge Aliaga Cacho

Julio Solórzano Murga nació en Huacho, una hospitalaria ciudad en el norte de Lima, Julio, poeta, escritor, promotor cultural, es el dínamo de la actividad cultural en la región de Lima Norte. Él es dirigente de La Sociedad de Poetas y Narradores, de la Región Lima, y empleado administrativo del Hospital Gustavo Lanatta Lujan de su ciudad. La literatura de Solórzano está íntimamente ligada a las tradiciones de su pueblo. Camina, piensa, actúa y escribe con el corazón y las tradiciones de los hombres de su raza emprendedora. No me equivocaría al enunciar que Solórzano es el prototipo de los escritores a los que se refería Gramsci, pues, Julio Solórzano, pertenece a una strata intelectual que está conectada con la clase social a la que pertenece, y actúa como organizador y elemento pensante que lidera las ideas de su pueblo.
Este intelectual orgánico, digno ejemplar de la intelectualidad peruana es diferente del intelectual tradicional, quien se considera ‘hombre de letras’ y, cree falsamente ser exento de la dominación que ejerce la clase dominante en la sociedad. Como quiso Gramsci, Julio Solórzano, se enfrenta a la hegemonía, que cala la sociedad toda, enfrentándose al status quo. Julio viene de las raíces de su pueblo y es incansable en comprometerse en el desarrollo de un prominente trabajo cultural que asegure las relaciones sociales de los intelectuales huachanos con su población. Esa es la razón por la que Huacho es un efervescente escenario de actividades culturales. Y Gramsci, quien fuera una influencia cultural en Mariátegui, seguramente ha influido en este escritor peruano. A hombres como Julio Solórzano Murga se refería el gran pensador italiano cuando afirmaba: ‘Todos los hombres son intelectuales: pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales’. Jorge Aliaga Cacho.



Felipe Pinglo Alva y su vals "Mendicidad"
Por Julio Solorzano Murga


Luego del oncenio del presidente Leguía (1919-1930) la ciudad capital del Perú había crecido en cerca de 100,000 habitantes, teniendo, según el censo del 13 de noviembre de 1931 realizado en Lima, Callao y sus alrededores, 272,742 habitantes (la ciudad de Lima), mientras que Miraflores tenía 25,972, Barranco 13,987 y el Callao 69,800 habitantes.
Si muy bien la clase media se consolidó durante ese período, el desempleo, en Lima, era alto y siguió creciendo durante los primeros años de la década de los 30. Según lo señala Jorge Basadre en su obra "Historia de la República del Perú", el número de desocupados inscrito en la Junta Departamental de Lima Pro-Desocupados fue de 13,302 en 1931, 19,053 en 1932 y 20,619 en 1933. La desocupación estaba en aumento.
Como una de las principales causas de la mendicidad es la falta de empleo, que conlleva al hambre y miseria, el número de mendigos en Lima iba también en aumento durante la década de los 30. Bajo este contexto es que Felipe Pinglo, al ver una persona mendiga, crea su hermoso vals Mendicidad, que cumple 75 años de haber sido compuesto por el inmortal bardo criollo, donde describe el drama social por el que atraviezan las personas que se dedican a mendigar, como último recurso para poder sobrevivir.
Felipe Pinglo acostumbraba visitar mucho la calle Mercedarias en los Barrios Altos donde solía hacer música con sus amigos, quienes hacían bailar las paredes de adobe del Callejón del Fondo, que quedaba en dicha calle, y que era el lugar donde solían reunirse los hermanos Díaz, Augusto Ballón. Guillermo D'Acosta, "el chino" Ernesto Soto, Pedro Espinel y el Trío Mercedarias que, por ese tiempo, estaba conformado por Samuel Joya (que vivía en el Callejón del Fondo), Jorge Gonzales y Nicolás Enríquez.
La noche del 10 de agosto de 1934, después de haber estado deleitándose haciendo música, Felipe Pinglo y sus amigos deciden comer algo para recuperar fuerzas, por lo que entran al restaurante Mercedarias de la calle del mismo nombre sin saber que esa noche, en el restaurante aquel, se escribiría una de las páginas más bellas del cancionero peruano.
El cronista Gonzalo Toledo, en El Comercio del 13 de octubre de 1992, contó que una vez en el restaurante Mercedarias, Samuel Joya se pidió una copa de pisco de entrada y es en ese momento cuando una anciana se acerca a la mesa donde se encontraban Pinglo y sus amigos pidiéndoles una limosna. Impactado por el aspecto de la viejita menesterosa, Pinglo le dio una moneda de medio sol y al retirarse la anciana el Maestro se queda pensativo, así que dirigiéndose a uno de los que atendía en el restaurante, que también se llamaba Felipe, le pide una hoja de papel en blanco, pero éste le alcanzó un manojo de servilletas de papel y, ante la sorpresa de sus amigos, comienza a escribir los versos de un nuevo vals que engrandecería a la canción criolla. El vals Mendicidad había nacido esa noche, añade nuestro cronista.
En el diario La Crónica del 31 de mayo de 1945, Juan Rasilla Moreno (Juramo), amigo de Pinglo, contó que Felipe Pinglo con su conjunto Mercedarias estrenó el vals Mendicidad en un concurso de cantores y guitarristas llevado a cabo en el cine Buenos Aires de los Barrios Altos. El grupo Mercedarias ganaría las medallas de oro del concurso aquel.
Juramo también señaló de que el Maestro, muy apenado, le comentó al final del concurso de que la mayoría de los concursantes habían interpretado música internacional, a pesar de ser todos ellos muchachos criollos. Sin embargo, Pinglo tenía la seguridad de que no estaba lejano el momento en que nuestra música habría de pasar las fronteras de la patria, cantándose y tocándose en los grandes salones y lugares de abolengo.
Después de la muerte de Pinglo, Samuel Joya empezó a componer canciones y el Trío Mercedarias cambiaría sus integrantes. En la portada de la edición No. 1116 de "El Cancionero de Lima", de 1936, sale publicada una foto del Trío Mercedarias integrado, en ese entonces, por Nicolás Enríquez, Arnulfo Valdivieso y Ernesto Soto, quienes venían actuando con éxito en teatros, cines y Radio Dusa.
En la edición No. 1357 de "El Cancionero de Lima" se comenta que se recordaba cinco años de la muerte de Pinglo y que el lunes 12 de mayo de 1941 se presentó la revista titulada "Melodías de Pinglo", con libreto de Aurelio Collantes. En dicha revista se escenificaron cuatro de las composiciones de Felipe Pinglo, siendo una de ellas "Mendicidad".
Los Trovadores del Perú grabarían el vals Mendicidad, lo mismo que Jesús Vásquez, siendo interpretado por muchos criollos que lo sumaron a su repertorio porque es uno de los valses más representativos del cancionero criollo, y que ha pasado a la inmortalidad.
Hoy en día, la obra de Felipe Pinglo es reconocida en el Perú y el extranjero, siendo el Maestro considerado como el mejor compositor de música criolla que haya existido hasta el momento en territorio peruano.

Mendicidad
(Vals Peruano)


Felipe Pinglo Alva


Cubierto de harapos, la faz macilenta,
el pobre mendigo limosnea un pan;
implorando siempre la bondad ajena,
a todos les pide una caridad.
Camina encorvado, cual árbol añoso,
es prueba viviente de tanta crueldad
con que el mundo azota a distintos seres
para la ignominia de su bacanal.
¿Quién es? No se sabe, su ayer es misterio.
¿De dónde ha venido? Jamás lo dirá.
Rayando la aurora sale diariamente
a esperar que el mundo le prodigue el pan:
"Señor, señorita, niño, una limosna"
pide con voz llena de angustia mortal
y un "Dios se lo pague"
que llega hasta el alma
es el mejor fruto de nuestra bondad.
Tal vez en su infancia gozó de grandezas,
quizás vivió alegre en su pubertad,
hoy, que ya declina su triste existencia,
vive, porque vive de la caridad.
Mendigo sin nombre tu tragedia afrenta
a este mundo vano, artero y falaz.
Tú, con tus miserias y con tus harapos
vales más que el oro que el mundo nos da.

(Versión publicada en "El Cancionero de Lima" No. 1305 y No. 1328).