Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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24 de marzo de 2012

Campo de Ayacucho



Estimado Jorge:
Somos hermanos y en ese Campo de Ayacucho, que quisiera conocer, sellamos con fe nuestra libertad. Allí con el fragor del combate el general colombiano, José María Córdova, pronunció esta orden para sus hombres : “División armas a discreción, de frente, paso de vencedores” .
Ya que siento el ruido patriótico de tus venas, te comparto este poema con la frase que pronunciara a sus hombres antes de iniciar la batalla el General Antonio José Sucre.
“¡Soldados!, de los esfuerzos de hoy depende la
suerte de América del Sur, otro día de gloria va a
coronar vuestra admirable constancia” HJCC       


Antonio José de Sucre, el héroe de Ayacucho, el noble hijo de Cumaná, nació e 3 de febrero de 1795, fue uno de los mejores y más completos militares del continente.  Vino al mundo en Cumaná, en la provincia de Andalucía (hoy estado Sucre, en su honor). Hijo del teniente Vicente de Sucre y Urbaneja y de María Manuela de Alcalá y Sánchez. 




CAMPO DE AYACUCHO


por Coronel Héctor José Corredor Cuervo

En la pendiente del Condorcunca
soplan corrientes de libertad
de unos héroes que en heredad
dejaron huellas con vida trunca.

Sobre el gramado de la llanura
crecen los sueños de la unidad
de los guerreros que en hermandad
lograron gloria con garra pura.

Entre las aguas de la quebrada
corre la sangre de los soldados
que con sevicia fueron lanceados
entre los pliegues de la ensenada.

En el campo abierto de Ayacucho
se oyen los gritos de rendición
de un enemigo con ambición
que sembró poco y quería mucho.

Allí se izaron ya las banderas
de la concordia y de la razón
para que ondeen con ilusión
cual franco vuelo de almas viajeras.

Hoy, por los aires de la región,
se oye el sonido de los clarines
llamando a fuego a los paladines
para que luchen por paz y unión