Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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25 de julio de 2012

Cumplir cincuenta años no ha sido nada fácil

Samuel Cavero Galimidi  y sus queridos padres
Por Samuel Cavero Galimidi ©

Hace ya una buena cantidad de años cuando Mario Vargas Llosa, nuestro célebre Premio Nóbel estaba en Lima, cumplió en esta ciudad sus cincuenta años. Por esas circunstancias de la vida justo en esos días yo era un muchachito, novelista, creo que Alférez de la FAP y me estaba comunicando con su esposa Patricia para entrevistarlo. La entrevista se concretó y que debió ser publicada en la Revista Aviación de la Fuerza Aérea del Perú tanto por la calidad del entrevistado como por los elogios que hizo de la aviación y de Saint Exupery, un gran aviador militar precursor de la aviación mundial, notable raidista, fue al final publicada en diario barcelonés El Catalán. Y recuerdo mucho que Patricia me comentó que a Mario le había entristecido un poco cumplir esta edad y que prefería no haberlos cumplido, porque además cincuenta años es un momento de hacer un balance en la vida. Lo entendí perfectamente.
Efectivamente, en mi caso cuando yo tenía treinta y cinco años me decía: “Si tan solo pudiese llegar a los cuarenta años moriría muy feliz de haberlos cumplido”. Y decía esto porque a los treinticinco uno recién está por entrar a la madurez de la vida, se siente como un caballo loco un semental sexual capaz de complacer a todas, se sueña todavía un muchacho energético, capaz de hacer las mismas locuras de joven, como amanecerse en las discotecas y seguir libando en otra parte, pero los años ya van ajustando las cuerdas del reloj y entonces te dices: “Tengo que acabar mi carrera y terminar mi casa que he adquirido con mi propio esfuerzo”. Y a los cuarenta uno llega entonces mucho más serio y aplomado, con títulos y grados académicos, premios literarios y algunas distinciones, tratando de no cometer los errores de joven, intentado de ser prolífico y productivo como escritor y responder bien a esos estímulos que propician la comunidad intelectual. Pero también con algunas batallas perdidas, como el fallecimiento de mi única hija.
Pasan los años y entonces llega la buena fortuna del día que alguien te recuerda: “¡Estás por cumplir los cincuenta años, hombre, esto hay que celebrarlo a lo grande!”. “¡Qué!”. Cuando eso me dijeron me sentí poco menos que acobardado y triste, como se sintió aquella vez Mario Vargas Llosa, a quien Patricia Pinilla, representante de una editorial con quien se vendió bien mi novela Un Rincón para Los Muertos, que me dio a leer el primer ejemplar en el Perú de ¿Quién mató a Palomino Molero?
Recuerdo, para estimularlo, acaso consolarlo, y premiar su talento y amistad, me dijo Patricia Pinilla que por los cincuenta años de Mario le envió una caja de chocolates a su residencia en Barranco. En mi caso yo estaba acostumbrado a pasar mis cumpleaños entre cenas íntimas familiares y lonchecitos muy sobrios, un tanto aburridos, donde se canta el “Happy Bhirtday”. Detestaba los grandes jolgorios o las divertidísimas perdidas con que celebraba en mi adolescencia y juventud.
Fue así que llegó para mí los cincuenta años entre abrazos y presentes muy cariñosos de familiares queridos, la dicha de tener todavía a mis padres vivos y a mis hermanos igualmente muy saludables y exitosos, con una tranquilidad y serenidad de ellos también haber hecho igualmente camino al andar, dos de ellos en la Aviación como oficiales FAP y una hermana, Miriam, residiendo muchos en Australia. Fue un momento de recordar cada uno de los veinte y más libros ya publicados en silencio, de evocar cada uno de los premios literarios y las distinciones recibidas que ahora más que nunca me estimulan a seguir escribiendo… en silencio. Esa misma dicha (al celebrar un cumpleaños) que es un gozo por recibir a amigas y amigos queridos, y celebrarlo, quizá digo yo, haciendo el ridículo “Con la hora loca” oficiada por un divertidísimo Arlequín, el mismo que hacía bailar a todo el mundo, tocaba pitos y dejaba caer papel picado, confetis y lluvias de serpentinas. Luego, hicieron su repentina aparición los Mariachis de Internacional Gallos de Jalisco, que interpretaron muy bien su repertorio y le dieron una expresión de alegría, de solemnidad y ternura a la gran fiesta del cincuentón. Y sobretodo con ellos, con la magnífica voz e interpretación de los mariachis, pagaron el amor y cariño que les tengo a mis queridos padres y familia.
Hemos extrañado a los escritores ausentes, muchos de ellos de viaje o residiendo fuera de Lima, como Antonio Sulca Effio, o del Perú, como Jorge Aliaga, Felipe Oliva, Félix Grau, Susana Goldemberg, Marcelo Moreyra, Raúl Méndez, Julio Solórzano, Alfred Asís, Helia Muñoz, Mari Paz Ovidi, Marisa Cano, Marisa Martino, Marisa Campusano, Edilia Porcu, entre otros. Algunos de ellos, Julio Solórzano y Felipe Oliva, me han dedicado hermosas frases de elogio inmerecido y un hermoso poema. También hemos extrañado a otros tantos amigos escritores del Gremio de Escritores del Perú, AEADO, SIPEA, UHE, Capulí Vallejo, UNIVA, del Grupo “Palabras”, de la Sociedad de Poetas y Narradores de Huacho, Casa del Poeta Peruano, a los ingratos de la FAP y a los recordados del Colegio Militar Ramón Castilla, que pudieron estar en la fiesta como invitados especiales, que por razones de espacio de la casa y darle la sorpresa al cincuentón a tiempo no se les pudo participar, pero a todos ellos les tengo siempre en un lugar especial en el corazón.
El motivo para celebrar era doble y yo diría triple. No solamente cincuenta años bien vividos y gozados. Sino también celebré treinticinco años como escritor profesional, pues comencé a escribir seriamente a los quince años y así surgió mi primera novela. Y festejé un año más como apasionado constructor de casas, de libros y de sueños. En breve estará lista la Posada del Escritor, un piso y techo especialmente para escritores extranjeros que arriben a nuestro país y seamos una vez más, con ellos, fraternos, solidarios y hospitalarios.
Debo agradecer la presencia de escritores e intelectuales amigos muy queridos de la talla de César Aching y esposa, los poetas Carlos Llanos, Lucy Martínez Zuzunaga, Presidenta de Sipea-Perú. También entre los escritores se hallaban Rómulo Cavero, Mavi Márquez y Henry Quintanilla, además de muchos amigos y amigas. Cincuenta personas comiendo, disfrutando los shows, bebiendo y confraternizando.
Cumplir cincuenta años ha sido efectivamente hacer de manera íntima y callada un balance en la vida. Ha sido perdonar una vez más a los que nos ofenden y olvidan. A esta edad he llegado felizmente con una prosperidad económica, aplomado, buscando fortalecerme en la salud y en lo espiritual, muy reposado, con ganas de bailar menos pues antes era un empedernido bebedor y bailarín un gran amiguero, ahora ya no, me he jubilado un tanto. Celebro dormir más y mejor, libar tragos mucho menos, gozar de la soledad y mis mascotas, escribiendo y leyendo, tratando de no cometer los errores de muchacho y sobretodo de abrir la billetera, dar siempre gracias a Dios por la bonanza y no andar misio, como cuando se tiene dieciséis años.
Recuerdo mucho, entre nostalgias, por ejemplo, que para asistir al I Encuentro Hispanoamericano de Jóvenes Escritores, en Madrid, invitado por los organizadores, el año 1986, tenía ahorrados solo cincuenta miserables dólares. Gracias a la gloriosa Fuerza Aérea del Perú y sus gestiones pude conseguir gratis un pasaje aéreo en primera clase en Iberia y otro en Líneas Aéreas Paraguayas cuando por aquellos años era un flamante aviador escritor. Lo que no puedo olvidar es que dos familiares me prestaron cada uno cien dólares para hacer mi modesta bolsa de viaje que sumaba doscientos cincuenta dólares. Cuando llegué a Madrid estuve alojado en el gran hotel Colón, un hotel de lujo en Madrid y cuando visité Barcelona estuve hospedado en la casa de un médico, hermano del querido escritor Jorge Díaz Herrera. Ahora no podría volver a viajar con esa misma cantidad de dinero todo un mes, como lo hice en aquella época, a Europa.
Felizmente cumplir cincuenta años es, en efecto, un acto de compensación y de reivindicación de lo que antes me fue negado. Uno como escritor se siente más lúcido y competente. Es una edad de viajar mucho, incluso al extranjero. Pero también es una edad algo difícil. Es la edad donde ya comienzan los chequeos médicos, donde uno ya acude al viagra, de vez en cuando, las milagrosas pastillas azules del Sildenafilo 100 Mg, rompe-catre, sobretodo cuando uno quiere dárselas de super k…. (lo escribo con K, para despistar a algunos), pero es tiempo de mirarse al espejo, de ver que los años no han pasado en vano, de disimular las canas, la pancita y las primeras arrugas, de unir y reunir más a la familia y a los amigos sobre todas las cosas, de pensar y repensar en que es una graciosa perogrullada sobretodo cuando te dicen: “Haz cumplido la mitad de la vida”. En verdad cincuenta años no es la mitad de la vida. Como si nosotros, el común de los mortales llegase fácilmente a los cien años de existencia. No me creo ese cuento de que me falta cincuenta años para morirme. En cualquier momento se puede morir uno, incluso mucho antes de haber cumplido los cincuenta. Y por eso digo que por lo menos he cumplido cincuenta años y he hecho camino al andar, siguiendo a Machado. Y que a los cincuenta uno no se debe vanagloriar de los logros alcanzados, sino de llegar a esa edad con decoro. En mi caso mi espíritu de cuerpo es, en esencia, humilde, mesurado, sencillo, fraterno y hasta tímido, como usualmente lo soy.
A los cincuenta años me queda el dulce recuerdo de los muchos “amigos” que perdí en la Fuerza Aérea, en realidad mis compañeros de la Promoción Armando Revoredo Iglesias, algunos de los que fueron los más entrañables “amigos” (lo pongo entre comillas, porque resultaron al final de la vida y las circunstancias no siendo amigos) ahora, me dicen, se han vuelto insoportables, resentidos y amargados. Pero también los hay los exitosos y fraternos. Que dicen por allí que siguen reclamándome, pero como nunca más muchos de ellos me han vuelto a ver porque creen que ya he muerto desde aquel infeliz día en que nuestras vidas se separaron. Efectivamente, algo de nosotros ha muerto, en ambas orillas de la vida, dos orillas que algunos idiotas piensan que no deben juntarse nunca los militares y los intelectuales, pero también nuevas amistades, éxitos y nuevas posibilidades han surgido a la vera del camino.
Con los que si me he vuelto a reencontrar y ha sido de muy fraterno regocijo es con los compañeros de la XIII Promoción de Colegio Militar Ramón Castilla. Y espero que sigan esos reencuentros, las grandes celebraciones y las pequeñas también, que he comprobado que son sinceras y de gran hermandad. Me hubiese también gustado mucho reencontrarme con los compañeros de mi promoción del Colegio Nacional San Juan, del Melitón Carvajal y la G.U.E Faustino Sánchez Carrión, donde igualmente estudié y fui de este último colegio su brigadier general. Pero así es la vida, no con todos uno se puede volver a encontrar y menos a amistar. Es la vida, ciertamente ingrata en su esencia.
Ahora sí deseo compartir con ustedes unos sentidos versos del distinguido poeta Julio Solórzano muy alusivos a esta fecha y una hermosa carta de un querido amigo escritor, de Felipe Oliva e Iliana, su esposa, que me escriben siempre desde Cuba, poniéndome muy alegre y alborotado con todo tipo de emociones por la inmensa dicha de conocerlos, porque aunque se pierden amigos militares porque es parte de la vida, se ganan otros tan maravillosos, escritores de talento y renombre, en el camino del cincuentón, que hace olvidar esas otras pérdidas y deserciones de los amigos, que cuando a uno le escriben rasgan las sensibles fibras de nuestra alma, y por eso justamente merecen públicas y leerse:
Son 50 años los vividos
los que el Sábado
festejo mi amigo,
50 años bien vividos
al lado de Dios,
la pluma y sus amigos

Dios le trazó el sendero
que hubo de seguir primero,
le dio, la pluma y el tintero
y una hoja blanca, como su alma,
inquieta, pura y amical,
Le encargó que le escriba miles de versos
y si no se conformaba con eso,
le dijo, Samuel quiero de tu pluma hermosa
que me escribas infinidades de prosas,
como la vida es bella por ejemplo
Samuel corrió hacia el infinito
cogió su pluma, y su tintero
y escribió esto que en la vida
mucho valoro y quiero
!PARA MI LA AMISTAD, LA AMISTAD ESTÁ PRIMERO.
FELIZ DIA
SAMUEL CAVERO.
Julio Solórzano Murga
CARTA DE FELICITACIÓN A SAMUEL DEL ESCRITOR CUBANO
FELIPE OLIVA ALICEA
Honorable poeta descendiente de cangrejos astrales:
Que este 22 de julio en que llegas a la media rueda (como se dice acá en el Trópico), y cumples 35 de tu bautizo como escritor, te acompañen todos los afectos del mundo y te den su gracia los ancestros, los profetas, los mortales y los dioses, deseándote todo lo plausible que la vida tiene.
Hubiera sido genial que, justo en esta fecha, te hicieras portador del premio literario por el cual optamos. Nuestro cuento, parido con amor, así lo demandaba. Me hubiera encantado compartir a la distancia nuestra alegría, y haber tocado, en honor a la amistad, un par de melodías en mi violín (una cubana y otra peruana), para que recorrieran las tierras y los mares que median entre esta pequeña isla, la que un día lejano fue La llave del Nuevo Mundo, y tu grande bello e histórico Perú, donde tuve la suerte de samuelarme con tu compañía y tu cuidado de hermano “mayor”. A falta del estímulo y el reconocimiento que merecía nuestro Shapi Chico, te hago llegar nuestro abrazo fraterno, el mío y el de Iliana, que, si bien no tiene oropeles ni regalías materiales, lleva en sí los mejores deseos de que pases este y los otros 50 años que te quedan con mucha más salud y esplendor del que afortunadamente gozas en estos momentos, y que, desde tu Torre de Babel, sigas produciendo toda la buena literatura que hace un tercio de siglo te distingue.
Eso sí: no dejes de ser el buen cangrejo zodiacal que caracteriza tus andares.
Saludando a tu familia, a tus amigos, a los que conocí y a los que no conocí, y compartiendo con todos los que disfruten estar contigo en tan señalada ocasión, brindo por ti recitando estos versos que escribí hace una década:
SECRETOS
No dejes que la Muerte se lleve tus secretos
Échalos al vuelo
antes que la arpía los destroce
Vence a los hados si es preciso
Solo tienes que aferrarte a ti mismo
La verdadera existencia está
al otro lado de las sombras
donde alguien –tal vez Dios –
nos tiende una esperanza
Felipe José Oliva Alicea