Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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19 de mayo de 2017

El diálogo no es para las bestias




Por Jorge Aliaga Cacho


Durante el gobierno derechista de Carlos Andrés Perez al pueblo venezolano no se le permitía salir a protestar a las calles y eran reprimidos brutalmente; recuerdan los miles de muertos del Caracazo el 27 de febrero de 1989, o el Bogotazo en Colombia en 1948. Ahora el gobierno bolivariano presidido por Nicolás Maduro, como vemos en las pantallas de televisión, no usa la fuerza represiva como se hizo en el pasado. Le da a la protesta de la derecha suficiente espacio para sus manifestaciones que las han desarrollado cometiendo mucho daño a la propiedad púbica y privada en su afán de desestabilizar al gobierno de Venezuela. Sus acciones han llegado al atrevimiento de atacar las estaciones de los servicios del metro, transporte público que usan los trabajadores y el pueblo. Eso es como, si viéramos a una turba en Lima, destrozar a nuestros trenes eléctricos que son usados por las personas más necesitadas que viven en partes alejadas de sus centros de labores. Servicios de transporte, dígase de paso, que han sido pagados con los impuestos del pueblo. Peor aún estos resentidos sociales, de la derecha venezolana, agentes a sueldo, pagados por la reacción, se han atrevido a atacar, en horas de la noche, a un hospital de niños.

Una de las motivaciones de la Asamblea Constituyente en Venezuela será ver asuntos relacionados con este tema y buscar la opinión y decisión del del pueblo organizado para una solución, pacífica y democrática, con la participación de todos los sectores de la sociedad venezolana. Después de ver la clase de gente que muchas veces llega al Congreso de una nación, no por mérito sino, por la plata empleada en una campaña, se puede decir que una Asamblea Constituyente representada por las organizaciones constituidas en forma democrática pueden brindar más confianza que una 'recua' de congresistas que llegan al Congreso para robar. Caso peor el peruano donde el robo y la corrupción han sido cometidos, al parecer, por todos los últimos presidentes del país. Vergüenza total. Y tienen estos individuos el atrevimiento, el descaro de criticar a una Venezuela Bolivariana que de acuerdo a la FAO, organismo de las Naciones Unidas, coloca a este país en el puesto 71 del ranking mundial en desarrollo social de un total de 194 países incluyendo el Vaticano. Esta derecha cavernaria, con sus agentes internos y externos tienen los días contados, por ello, no quieren que se deasrrolle la Asamblea Constituyente. Su plan no es el diálogo sino un golpe de estado para entregar el petroleo, gas natural, oro, agua, y demás riquezas naturales al imperio norteamericano y permitir bases militares norteamericanas en su territorio igual como se viene haciendo en el Perú, Colombia y otros países. Luego de ver la timidez y hasta flaqueza con que responde la guardia bolivariana al vandalismo fascista, sería bueno pensar en las palabras que enunciara Jean Paul Sartre: "Al fascismo se le destruye. El diálogo no es para las bestias".

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