Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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2 de abril de 2017

Se fue Yevgueni Yevtushenko

Yevgueni Yevtushenko





Por Jorge Aliaga Cacho




El aclamado poeta ruso Yevgueni Yevtushenko, poeta de gran carismática e instinto político, falleció a los 83 años de edad, lo confirmó su esposa María Novikova. Yevtushenko se encontraba en un hospital norteamericano, donde los médicos luchaban por su vida. Se recuerda a Yevgueni Yevtushenko por su firme posición frente al legado de Stalin que afectó también las vidas de sus abuelos, tanto paterno como materno. En 1956 fue expulsado de su universidad por defender la novela de Vladimir Dudintsev, "Not by bread alone", (No solo por pan). Yevtushenko rehusó a sumarse a la campaña oficial del gobierno soviético en contra de Boris Pasternak, el autor de "Dr Zhivago". El denunció también la invasión a Checoslovaquia e intercedió ante Yuri Andropov, entonces jefe de la K.G.B. en favor del laureado premio Nobel, Aleksandr Solzhenitsin. En 1979, Yevtushenko se opuso a la invasión soviética de Afganistán. El poeta hizo sus críticas manteniéndose siempre dentro del sistema socialista, se situó en una posición que cuidaba no caer en la disidencia literaria que atacaba a la URSS. Una vez, el poeta bromeó diciendo que sus censores en Rusia eran sus mejores lectores pues ellos eran expertos en comprender sus mensajes.


Pocos saben que Yevgueni Yevtushenko estuvo en Lima en la década de los 70. Se presentó en la Escuela Nacional Sindical, de la Confederación General de Trabajadores del Perú, CGTP. Allí, en un segundo piso, de la calle que queda a la espalda de las oficinas de la central sindical, el poeta ofreció un recital poético para los alumnos de la escuela que en esa época era dirigida por mi padre, Jorge Aliaga Merino. En 1973 me tocó ver al poeta en Berlín, en el marco del X Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Allí, en un edificio teutón pude apreciar sus capacidades histriónicas, aunque, desconociendo los lenguajes alemán y ruso, me quedé solamente con la sensación que ofrecían sus gestos histriónicos. El año pasado el poeta fue invitado a la III FLIP de Lima. En aquel entonces publiqué para este blog su popular poema titulado: "Mäs o menos". Yevgueni Aleksándrovich Yevtushenko nació en Siberia, el 18 de julio de 1933, falleció el día de ayer antes de cumplir los 84 años de edad.


El periódico "La Nación", de Buenos Aires, publicó en 1984, en el idioma español, el poema:
"Mi peruana" que Yevtushenko había escrito en el Perú.

“Mi peruana”
Por Yevgueni Yevtushenko

En la hora en que mueren los periódicos

y se convierten en basura nocturna,

en la hora en que un perro con su galleta entre los dientes

se detiene y vigila suspicaz cada uno de mis pasos,

en la hora en que resucitan todos los instintos bajos,

los instintos que se esconden hipócritamente durante el día,
en la hora en que los taxistas
me gritan: “Eh gringo,
¿quieres una peruanita? Es chocolate caliente”,
en la hora en que el correo duerme
y sólo el corazón del telégrafo palpita,
en la hora en que un campesino envuelto en su poncho
cabecea apoyado en la estatua del héroe,
desconocido para él,
en la hora en que las prostitutas y las musas
se quitan el maquillaje de sus rostros,
en la hora en que pudieran estar casi listos los titulares de mañana:
“Ha estallado la Tercera Guerra Mundial”,
en la hora en que todo está visible e invisible,
no vengo de casa de alguien, ni voy a casa de nadie,
paseo cansado, solitario como un perro vagabundo,
por las calles parecidas a cementerios de noticias.
La calle está cubierta de salivazos y cáscaras de naranjas,
la calle huele a orines como el baño de un estadio.
Pero párate y mira:
algo vivo conserva su forma humana
bajo la manta hecha de los periódicos muertos,
por aquí frente a una tienda de souvenires,
sin culpar a nadie por nada,
una vieja indígena ha hecho para si misma un poncho,
poncho de las sensaciones del día anterior.
La india se vio envuelta en los escándalos e intrigas,
en los sobornos, partidos de fútbol, las lágrimas de Beirut
bajo las famosas piernas de las modelos inglesas
aparecen sus pies descalzos
autos de lujo, submarinos, cohetes,
la aplastaron contra el asfalto,
carreras de caballos, yates, stip-teases, banquetes,
todo eso agobió la espalda de la campesina.
Y la llama blanca desde la vitrina
está viendo con dolor mudo
cómo en el pecho de esta vieja
aparece la sangre humeante
de El Salvador.
En medio de este mercado mundial sin vergüenza,
ella misma se ve como una llama perseguida,
esta inca anciana, la madre sufrida de la humanidad,
está doblada por las falsedades,
está aplastada por el tatuaje de los titulares,
pero parece una escultura,
la escultura de la verdad bajo un montón de mentiras.
¡Oh, llama blanca de la vitrina!
Apriétate a su pecho cansado,
libérala de esta basura dorada,
y llévatela a su Sierra Negra natal.
Yo, representante de un Estado tan poderoso,
inclino silencioso mi cabeza como un niño perdido
frente a este rostro sufrido,
este rostro cobrizo con trincheras de arrugas.
Dentro de esta vieja se esconde salvajemente
respirando en secreto,
el Estado más poderoso del mundo:
el alma humana.
“¿Quieres una peruanita, gringo?”.
Los taxistas me silban de nuevo,
pero yo me quedo inmóvil, casi petrificado,
yo no puedo explicar a los taxistas
que ya he encontrado a mi peruana.

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