Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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5 de enero de 2016

Crisis Económica

Por Jorge Uxó González



I. CONCEPTO
Una crisis económica es una situación en la que se producen cambios negativos importantes en las principales variables económicas, y especialmente en el PIB y en el empleo. Sin embargo, no existe una definición precisa de cuándo puede decirse que una economía ha entrado en una situación de crisis. ¿Basta con que el crecimiento se reduzca? ¿Cuánto? ¿Debe ser negativo?
Las distintas acepciones de la palabra crisis que ofrece la Real Academia Española hacen referencia normalmente al hecho de que se produzcan cambios bruscos y aparezcan dificultades significativas en algún aspecto de la vida. Por ello, la expresión crisis económica debe reservarse para aquellas situaciones en las que las dificultades económicas van más allá de un simple empeoramiento transitorio, como los que todas las economías experimentan en torno a su tendencia de crecimiento a largo plazo.
Aún así, podemos distinguir distintas grados de severidad de una crisis económica:
  •  Desaceleración: se produce cuando la tasa de crecimiento experimenta una reducción sustancial, pero mantiene sin embargo un signo positivo. Por ejemplo, la economía española creció en 2007 a una tasa del 3,7% y en 2008 pasó a crecer al 1,2%.
  •  Recesión: esta situación implica que la economía registre tasas de crecimiento negativas durante al menos dos trimestres consecutivos (en comparación con el mismo trimestre del año anterior). De acuerdo con esta definición, la crisis económica que empezó siendo una desaceleración en 2008 se convirtió en recesión a principios de 2009: España registró tasas de crecimiento negativas en el cuarto trimestre de 2008 (-0,7%) y en el primer trimestre de 2009 (-3%).
  •  Depresión: este caso se produce cuando la recesión tiene un carácter prolongado y las tasas de crecimiento negativas son también muy elevadas. El caso histórico más conocido es el de la Gran Depresión que experimentó la economía de Estados Unidos en los años 30 del siglo XX, después del crac bursátil de 1929.

II. DETERIORO GENERALIZADO DE LAS VARIABLES MACROECONÓMICAS
Junto a la severidad de los problemas que deben afrontarse, otra característica de una crisis económica es que afecta de manera generalizada al conjunto de la economía (no sólo a algunos sectores) y que se refleja en la mayoría de variables.
En particular, la caída del PIB suele ir acompañada de fuertes caídas del empleo y reducciones del consumo. Éstas últimas se producen no sólo como consecuencia de la pérdida de ingresos, sino que pueden deberse también a la realización de lo que se conoce como ahorro preventivo. Las familias, ante el deterioro del mercado de trabajo y la incertidumbre respecto a sus ingresos futuros, reducen su consumo, incluso más de lo que justificaría la caída de la renta que realmente está teniendo lugar. Esto provoca a su vez un efecto multiplicador que agrava la crisis. Si la crisis económica es importante pueden acabar produciéndose también problemas para que las familias y las empresas hagan frente a sus deudas.
Otra variable que se verá afectada por la crisis económica es la tasa de inflación, que se reducirá en la medida en que tanto en los mercados de productos como en los de trabajo se estará produciendo una situación de exceso de oferta. Esto favorecerá al principio una tasa de crecimiento de los precios y los salarios más moderada, pero todavía positiva. Este proceso se denomina desinflación.
Puede ocurrir, sin embargo, que la recesión acabe provocando no sólo una tasa de crecimiento más baja en los precios, sino que ésta llegue a hacerse negativa. Cuando esto ocurre, es decir, cuando los precios (y no la tasa de inflación) caen, la situación se denomina deflación. Japón atravesó una situación de este tipo desde principios de los años noventa del siglo XX y duró más de una década.

III. LA CRISIS QUE SE CONVIERTE EN UNA ESPIRAL RECESIVA
Una recesión que se convierte en deflación puede dar lugar a una espiral negativa con graves dificultades para la economía. Esta espiral (situación que tiende a deteriorarse continuamente) puede producirse por varios motivos.
En primer lugar, la bajada de los precios puede generar entre los consumidores la expectativa de que los precios van a continuar reduciéndose en los próximos meses. Si esto es así, retrasarán sus planes de consumo que no sean imprescindibles, pero ese mismo menor consumo causa una caída adicional de la demanda que aumentará la probabilidad de que los precios caigan.
Un segundo efecto de la caída de los precios es que el valor real de las deudas se incrementa. Nuevamente, esto generará un efecto negativo sobre las decisiones de consumo, ya que será necesario dedicar una mayor parte de los recursos futuros al pago de este mayor endeudamiento.
En tercer lugar, una tasa de inflación negativa exige una bajada del tipo de interés nominal para evitar que el tipo de interés se incremente. Sin embargo, esta reducción tiene un límite: el tipo de interés nominal no puede ser negativo. Si se alcanza este tipo de interés mínimo y el tipo de interés real sigue siendo todavía demasiado alto, la demanda continuará cayendo sin que la política monetaria sea eficaz para contrarrestar la crisis, al menos mediante las medidas convencionales que operan a través del tipo de interés.

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