Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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18 de octubre de 2015

EL ENIGMA DE LOS GEOGLIFOS GIGANTES DE LAS LINEAS DE NASCA


Fuente: spacio del facebook de Rolando Ruiz Ramos Aguirre
EL ENIGMA DE LOS GEOGLIFOS GIGANTES DE LAS LINEAS DE NASCA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD CON SUS MAS DE VEINTE SOLUCIONES TEORICAS PARA QUERER INTERPRETARLA,UBICADA EN LAS PAMPAS DE INGENIO EN ICA: PERÚ, EN ESTA NOTA NUEVAS FIGURAS COMO LA DEL COLIBRI CON UN AVION, LA CRUZ CON SU ESTRELLA EN EL CENTRO, LOS DIOSES ALADOS, EL CERRO DE LAS VIRUELAS CON CIENTOS DE HOYOS, LA RED DE POZOS SUBTERRANEOS PARA IRRIGAR LOS CAMPOS. SIN SABERSE COMO Y PORQUE LO HICIERON (Ver vistas aereas)
El investigador español, periodista y sesudo interprete de los geoglifos de las pampas de Nasca Juan José Benitez por los enigmáticos misterios que guardan dichas lineas y sus figuras de grandes proporciones nos decía lo siguiente:

Fuente: Rolando Luis Ramos Aguirre

El formidable misterio de Nasca ha cumplido setenta y cinco años. El primer científico que formuló una hipótesis sobre las líneas fue el peruano Toribio Mejía Xesspe, de la Universidad Nacional de San Marcos. Era el año 1927. Para Mejía, el «tablero maldito» respondía a un antiquísimo y desconocido culto. Las figuras habían sido «descubiertas» pocos años antes por los pilotos peruanos. Acto seguido, toda una legión de expertos visitó la pampa nasqueña, dando sus opiniones. Uno de ellos fue el geógrafo Paul Kosok, de la Universidad de Long Island (Nueva York), quien sobrevoló el sur del Perú en 1939 con el fin de estudiar los antiguos sistemas de regadío. Al descubrir cómo el sol se ponía al final de una de las líneas rectas de Nasca, Kosok afirmó: «Comprendimos, con gran satisfacción, que habíamos dado con la clave del misterio.» Kosok, en efecto, pensó que estaba ante el mayor libro de astronomía del mundo.
• Para la matemática alemana María Reiche, que se entusiasmó con las líneas a través de los estudios de Kosok, estas imágenes sólo son un calendario. Un formidable calendario en el que las figuras reproducen constelaciones y las líneas y pistas marcan solsticios y equinoccios.
• En 1965, el astrónomo Gerald Hawkins visitó la región y sometió las teorías de Reiche a las computadoras. Resultado: el supuesto gran calendario era un fraude.
• Para otros estudiosos -como señala el antropólogo Alfred Métraux en los años veinte-, los dibujos de Nasca guardarían relación con los caminos radiales existentes en el altiplano boliviano y que eran utilizados por los cipayas para llegar hasta lugares sagrados donde depositaban ofrendas a los dioses. Ofrendas destinadas a propiciar buenas cosechas.
• Para el explorador inglés Tony Morrison, las figuras, líneas y pistas serían caminos. Senderos sagrados que unirían templos. Según Morrison, los indios precolombinos disponían de instrumentos topográficos y geométricos para diseñar y ejecutar dichos caminos. El problema es: ¿dónde están las ruinas de esos supuestos templos?
• ¿Rutas comerciales? ¿Un calculador de mareas? ¿Una especie de calendario-clave para saber cuándo sembrar o cosechar? ¿Quizá estamos ante un secreto ritual destinado a provocar la lluvia?
• Fue el astrónomo peruano Luis Mazotti, del Instituto Geográfico Militar, quien contempló otra hipótesis: ¿estaríamos ante un formidable y gigantesco mapa cósmico? ¿Una especie de carta de los cielos en el que cada figura representa una constelación?
Siglo XVI: primeras noticias A diferencia de lo que sucede con el «candelabro» de Paracas, las líneas de la pampa nasqueña sí disponen de un respaldo histórico.
Pedro Cieza de León es el primero que las menciona. Fue a finales de 1537 cuando el conquistador español acompañaba a Pizarro por el Perú. Cieza fue testigo de excepción de las referidas «señales» y así las describe: «...Signos en algunas partes del desierto que circunda Nazca.» Y añade en sus crónicas que dichos «signos» eran tomados como caminos que debían seguir las comunidades indias.
En esa misma época, otro español -el soldado Francisco Hernández- acampa durante una semana en Nasca y escribe en su diario: «...Los indios trazaban grandes líneas en el suelo.»
Poco después, en 1586, el corregidor Luis de Monzón se dirige al virrey Toledo y le relata lo siguiente: «...Antes de que los españoles dominaran a los incas, en tiempos antiquísimos, un pequeño grupo de otro tipo de gente a la que llamaban los viracochas llegó a esta tierra... y obedeciéndoles, los indios los siguieron e hicieron caminos que hasta ahora se pueden ver, largos como una calle, a cuyos lados construyeron muros bajos...»
De nuevo los «dioses» ¿Los viracochas? ¿Quiénes eran?
Cuando consulté a los indios de la pampa, todos coincidieron. Señalaron al cielo y exclamaron: «¡Dioses!... iDioses que volaban!»
Y añadieron: «Dioses que llegaron de Tiahuanaco y trajeron el arte y la agricultura. Dioses que enseñaron cómo dibujar las líneas y figuras...»
¿Dioses como los representados en las piedras de Ica? ¿Dioses alados? ¿Estaban hablando de lo mismo?
LOS INVESTIGADORES DE LA NASA EN RAROS TRABAJOS NOCTURNOS
Los extraños pozos Nasca, efectivamente, es un continuo sobresalto. Los misterios se empujan unos a otros...
Y en cada visita a la pampa, nuevas sorpresas. La última -referida casi en voz baja- me fue proporcionada también por Herrán, el piloto más veterano de Nasca: «la NASA estuvo aquí...»
Según Eduardo Herrán, responsable del traslado de los científicos que formaban el equipo de la NASA, el grupo de norteamericanos llevó a cabo una serie de pozos en la zona denominada «los trapecios», al noroeste de la ciudad de Nasca.
«...Ocurrió -dice- a cosa de diez o doce kilómetros, y los hicieron en una noche. Introdujeron la maquinaria en el desierto y practicaron las perforaciones, desapareciendo con el amanecer. Nunca dijeron qué habían encontrado...»
De ser cierta la noticia, ¿por qué la NASA se interesó por la pampa nasqueña? ¿Qué era lo que buscaban? ¿Por qué perforaron el desierto? ¿Por qué de noche? ¿Por qué sembraron la pampa de pequeños mojones de hormigón, llamados «puntos de control», con inscripciones en inglés?
Ciertamente, como es sabido, este sistema suele ser utilizado para la elaboración de planos y fotografías aéreos. Pero, tratándose del Perú, ¿por qué las leyendas de los citados «puntos de control» aparecen sólo en inglés?
Foto de Rolando Luis Ramos Aguirre.
Años más tarde, uno de los científicos que participó en el asunto -el astrónomo Anthony F. Aveni, de la Universidad de Nueva York- dio una «larga cambiada», asegurando que aquel proyecto (1981-1984) fue un simple trabajo de investigación. Con él se encontraban los antropólogos Tom Zuidema y Gary Urton, de las universidades de Illinois y Colgate, respectivamente, la arqueóloga Silverman, también de Illinois y -cómo no- la antropóloga Persis Clarkson, de Winnipeg, en Canadá. 

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