Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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29 de mayo de 2015

JORGE ALIAGA CACHO LA PERUANIDAD Y LA POESÍA VIVIDA DESDE LA DIÁSPORA

Fotografía: Rodolfo Moreno
Manuel Mosquera y Jorge Aliaga














Por Manuel Mosquera

Un encuentro casual

La semana pasada, viernes para ser exactos, recibí un mensaje vía Facebook de Rodolfo Moreno: He pensado en ti para presentar un libro de poesía. Me sorprendió. Al día siguiente quedamos en encontrarnos y no pudimos porque él no había localizado el lugar. Ese sábado después de veinte llamadas fallidas a mi celular, el fotógrafo poeta me indicó que fuera antes de las 8:30 de la noche a recoger el libro. El dependiente del laboratorio fotográfico me preguntó mi nombre, se lo di y me entregó el poemario. Miré la carátula y me llamó la atención ver a una mujer tan bella, cosa que no es usual en un texto de poesía. El titulo también me intrigó: Mujeres malas Mujeres buenas.
Esa noche llegué tarde a la reunión que tenía en un chifa del centro de Lima y casi no entendí lo que decían mis contertulianos, puesto que cavilaba con el título del poemario. Pensaba, será acaso la obra de algún personaje que posee algún tipo de fobia hacia las mujeres, por desengaño u otros motivos, como haber tenido quizá una madre castradora. O, será la catarsis de algún sujeto poseedor de una fuerte identificación religiosa de esos que tanto abundan en Lima. Pensé también en un excelente marquetero.
Todas esas conjeturas pasaban por mi cabeza, hasta que llegué a mi casa y de un tirón disfrute con cada uno de los poemas.

II
Desgranando al poeta

La vida de un poeta es un quehacer de búsqueda y transgresiones continuas. Ningún niño o adolescente que no posee un espíritu  anárquico, buscador de anagramas azules, con una lealtad a prueba de todo y todos, no podrá ser poeta. Ese es el sino de Jorge Aliaga Cacho, del cual sabemos que fue un alumno rebelde, de esos que los profesores dicen: Este muchacho es inteligente, sin embargo, su conducta sabe Dios a dónde lo llevará.
En su bio-data nos narra: Cursó estudios primarios en la “Rectora,”   y asistió a la escuela secundaria de forma intermitente, en diversas instituciones. A los 16 años incursionó en la política. Participó en el Comité Peruano para la Liberación de Angela Davis, y también en el Comité de Apoyo a la lucha del pueblo Vietnamita.
Podemos afirmar, por el momento histórico en que vivió su adolescencia, que esta se encontró marcada por los procesos sociales que acaecieron  en la década del 60 del siglo que pasó. El ciclo guerrillero aperturado por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, conducida por Luis de la Puente Uceda, el surgimiento del Ejército de Liberación Nacional,ELN, cuyo principal dirigente fue Héctor Béjar. La inmolación del Che y el Chino Chang, en Ñancahuazú. Los grandes movimientos campesinos que remecieron al país y a la dominación oligárquica. La lucha contra el Apra en los sindicatos peruanos y el proceso de reorganización y unidad sindical clasista. El rompimiento del Partido Comunista Peruano y la división entre moscovitas y maoístas. La derrota del  imperialismo norteamericano por parte del pueblo cubano y el fortalecimiento de la revolución y el liderazgo de Fidel Castro a nivel continental.

Fueron estos procesos históricos los que permitieron el surgimiento en el Perú y Latinoamérica, que un grueso sector  de la juventud hiciera suya las ideas de liberación e independencia nacional. Lo que permitió la eclosión de una nueva hornada de poetas.
Hemos visto que estudió en la “Rectora,”  colegio fiscal ubicado en los Barrios Altos, muy cerca del Mercado Central, de la plazuela de Santa Catalina, la calle La Confianza y colindante con Siete Jeringas y parte de Mesa Redonda. Por esos años en que estudió su primaria, todavía por la “Rectora” pasaba el viejo tranvía que de la Plaza Unión  llegaba hasta Cinco Esquinas. Esta calle era un mercado persa. Se encontraban tiendas, un enjambre de vendedores ambulantes, cargadores, camiones, desocupados que buscaban un cachuelo, las tiendas que vendían muebles y prostitutas. Muchas de ellas eran mujeres de mucha edad. Andinos, negros, chinos, japoneses, árabes y judíos eso era el mundo de las relaciones interétnicas expresándose en cada calle aledaña al Mercado Central, cuando todavía era conjuntamente con el Jirón de la Unión el corazón comercial de Lima, todo un mosaico sociocultural con sus particularidades que se entretejían sea en las uniones interétnicas, entre personas de origen andino y afrodescendientes,  uniones que cristalizaban sus vidas en los callejones, con historias traspasando sus paredes de quincha, voceándose en las calles y en las aulas.  
Frente al colegio, donde estudió el poeta, había  una Iglesia Católica y a su costado existía un hotel, de viajeros, desocupados, amantes furtivos y de diez minutos de placer al paso.  Cuando un descuidado marchante, dejaba abierta las ventanas, los muchachos de la “Rectora” eran testigos de una sesión amatoria completa.
Existe una estrecha relación dialéctica  entre la experiencia visual y la memoria poética. El aeda coge los elementos más significativos de lo que vio y vivió para transmutarlo en poesía. Ese es el proceso por el que pasó Jorge Aliaga, a lo que hay que agregar que fue el lector voraz, que provenía de un hogar culto y rebelde.

III
Acampando en el corazón del poeta

En las últimas cuatro décadas, nuestro país ha visto partir a más de dos millones de sus hijos; muchos salieron huyendo de la pobreza y el desempleo y otros, un ínfimo porcentaje marcharon buscando ya sea su profesionalización o  la especialización académica.
Como nunca en su historia cultural nuestro país posee una diáspora de artistas tan grande. Muchos de los poetas y escritores peruanos se encuentran asentados en el universo socio-académico, sea este, anglosajón, sueco, español, francés, italiano alemán y latinoamericano. Mucha de la diáspora cultural se encuentra marcada por el sello de la posmodernidad. De ahí que poetas, narradores y críticos literarios hayan exiliado de sus creaciones, puntos nodales en la construcción de la literatura peruana: La dimensión de los conflictos anticoloniales e interétnicos y la historicidad de las relaciones y conflicto sociales. La primera relación nodal citada fue el cimiento literario en nuestro país, establecida por el Inca Garcilaso de la Vega y desarrollada en su contexto independentista por Mariano Melgar, lo que le permitió sentar las bases de la poesía peruana y latinoamericana. Ya en el S. XIX las novelas de los indigenistas como Narciso Aréstegui, Clorinda Matto de Turner,  el poeta y ensayista Manuel Gonzáles Prada, Abraham Valdelomar, JC. Mariátegui y César Vallejo, diseñarán en las letras peruanas contextos anticoloniales y de opresión étnica, articulados a la historicidad de las relaciones y conflictos sociales.
Jorge Aliaga Cacho, es una de las contadas voces de la diáspora literaria del Perú, que asume la peruanidad desde las vertientes que insuflaron sus procesos de socialización: La andina y la urbana popular y socialista. Por eso no es de extrañar que su poemario se inicie con Khuyapapay, tener compasión, donde en la más honda tradición de la poética andina que nos recuerda al Amauta Mario Florián, es un alegato contra la destrucción del hábitat andino, alegato que no es una voz externa a ella, más bien le da voz a los agredidos y resemantiza el código cultural de la minera transnacional, la que para sus apologistas lleva progreso y civilización a los andes, dándole la imagen del diablo.
Barrito bañado en agua
cianuro hijo del diablo
Por qué matan mi tierra
que otrora papa me daba

La vida enfrentada a la muerte, la vida entendida como la protección de la naturaleza y de su economía familiar campesina, en versos  diáfanos  donde la exclamación campesina: ¡Atatay! No es el “malaya sea mi suerte” expresión propia de una concepción fatalista, es todo lo contrario, es una percepción diáfana de la lógica capitalista clarificada por la codicia.
Por anillo matas mis ojos
vanidad de tu manito
por oro matas mi vida

Será en el poema Los Hijos de Dios, donde el lenguaje poético ya no partirá de un hablante campesino, más bien será épico y dónde el mundo estará dividido, entre el pueblo y tal como se suele escuchar en asambleas o discursos políticos, hay una inversión de códigos, donde al pueblo se le da la connotación de Dios y a la burguesía la del Diablo. Esta inversión de códigos no significa que el poema este inmerso dentro de un discurso escatológico, más bien sirve para establecer una línea divisoria clasista muy marcada, o sea, el nosotros y ellos nuestros enemigos, con su estado que lo protege:
Ya bajan por la montaña
los hijos de Dios
a defender la laguna-
El diablo la acecha
cargado de mercurio
y guardias fusiles prestos


El poema nos señala con claridad el rol de la cultura y las tradiciones  en sus procesos de lucha. La cultura como forma espiritual en la que se desenvuelve la resistencia andina, de hombres y mujeres contra la opresión: Ya bajan los campesinos/ De Celendín/Sus pututos//polleras multicolores/carnaval de lucha y alegría/Ya bajan por la montaña/del corazón de la tierra/a defender la vida.
Amauta de Celendín, el poema en homenaje a la muerte de su padre, no es una elegía propia de la tradición poética castellana inaugurada por Jorge Manrique en las Coplas a la muerte de su padre. Escrito con el tintero del corazón es un poema pleno de regocijo, admiración y esperanza. No existe la identificación filial, más bien esta es desplazada por la identificación ideopolítica. En mucho,  nos recuerda el poema de Jorge Tellier: Retrato de mi padre,  militante comunista, por su énfasis en la ética revolucionaria que acrisoló la vida de su padre:
Te fuiste como quisiste
puño en alto camaradas,
La Internacional Comunista
la familia acongojada.
Profesores, sindicalistas
te rindieron homenaje
ante la corona de flores blancas
de tu partido proletario
Te fuiste como quisiste camarada
con la luz de la honradez, brillando
Tus enseñanzas nos dejaste,
insigne camarada,
Jorge Aliaga Merino
Amauta de Celendín
maestro del proletario

La filiación urbana popular del bardo se  decanta con mucha estirpe en Vamos Campeón. Poema, totalmente polifónico, existe en su interior las diferentes voces que se encuentran en la tribuna de un estadio. Trabajo lingüístico cincelado con tal esmero que encontramos el dejo propio del habla de los afrodescendientes: Falta un minuto pa’ la final.
Su destreza en el manejo de los diferentes registros del habla popular nos hace  escuchar todas las voces diferentes a la de los afroperuanos: Allí la tienes moreno/Pícala al centro,/corre mulato quimboso,/la victoria cercana está/. Incluso en este mosaico verbal registra poéticamente la de los conductores deportivos:
Allá viene el rodillo, señoresss
Las tribunas se agitan

Alianza Lima es uno de los equipos de fútbol más importantes del Perú, sin embargo este club tiene una serie de simbologías al interior de la cultura popular urbana; desde ser el conjunto de la negritud el cual engloba a los diferentes sectores sociales oprimidos de la sociedad y posee un  vínculo muy estrecho con  una serie de representaciones de la religiosidad popular. El poema hurga en la relación existente entre el héroe cultural religioso, graficada en la imagen de San Martín de Porres, y la clase trabajadora, como simbologías presentes al interior de Alianza Lima:
San Martincito
Danos el gol.
¡Goooool!!!!!!!!!!
Gracias,
Diosito Negro
Festeja Matute Sur
Tus hijos
Tu pueblo trabajador

La identificación que muestra Jorge Aliaga Cacho, con lo andino popular posee tal profundidad, que recorre otros caminos, caminos que no son la de esos poetas que han hecho suyo los conceptos cuasi oligárquicos de Sebastián Salazar Bondy, que denominó a Lima, como una ciudad horrible, al constar los cambios que se venían produciendo en su matriz urbana y cultural producto de la migración, su proceso de urbanización promovido desde las tomas de tierras al interior de la urbe y su proletarización. Procesos que traen consigo que se caiga la careta de la ciudad construida por los epígonos de la aristocracia limeña. Porque nuestra ciudad capital, desde la invasión española, es una ciudad de indios y negros, plebeya y pobre a pesar del gran boato de sus minorías aristocráticas. Esto se refleja en toda su magnitud en el poema Limeña. Donde encontramos un canto a la belleza de la limeña y a su musicalidad. Sin embargo, en el poema existe un hálito de nostalgia, porque en sí la exaltación de la mujer es también una metáfora de la ciudad que él conoció y amó:
Mi guitarra llora en su trino
Te vas por las calles de antaño
Camino del puente te alejas,
Dolor mío ignoras,
dolor que causa el no tenerte.

Aliaga cierra el poema con versos hasta cierto punto elegiacos donde la agonía amorosa se funde con el sentimiento de desarraigo:
Tuviérate en mi última noche,
tuviérate aunque sea
hasta el alba.
Iriáme después con el río.

Existe en el castellano amazónico que se habla en Loreto, una palabra a la vez hermosa y fulgurante: Mozandero. Palabra con la que muy bien se puede motejar a este bardo. Mozandero, porque su poesía rinde un elevado tributo al amor, con mayúscula, pícaro y aventurero.
Si no te molestas
Te doy un beso
Pero si te molestas
Te abrazo
Te beso,
Y te llevo al río

Su yo poético es versátil y asume lo mejor de las tradiciones poéticas del Perú y la hispana. Como un río desbordado hallamos eco de Mario Florián, César Vallejo, las jarchas mozárabes y Federico García Lorca, con el sabor impregnado de cada uno en el tacto, el sabor, el lenguaje y la sonoridad. Lo que le permite entrecruzar en un poema a la mujer-deidad, expresión del arrobamiento hacia la belleza en sus manifestaciones etéreas y carnales, por eso es que leemos en Alhambra:
Besada por el astro enamorado
que en tu pecho juega una caricia.
Coronada por la nieve
Eres gracia de la gracia,
Santísima Virgen de las Angustias,
me declaro tu último abencerraje,
guitarra en mano para fandango.
¡Oh! deliciosa damisela que paseas
tu encanto por la Alhambra,
el Cerro del Sol apagó sus luces
ven, acércate a mí, para besarte.

Hallamos en el poemario Mujeres malas Mujeres buenas, un discurso ubicado en varios planos y sus letras sutilmente circulan libres por el camino de la ironía y el de eros. No existe en sus poemas de des-amor aquel espíritu tánatico que muchas veces lleva a los poetas, a escribir al modo de los Embajadores Criollos. Por filosofía, herencia y vivencia, entiende el bardo que el amor como la vida es finita y lo único que nos queda es su estilete glorioso: 
Princesa del río Almond,
nuevos versos,
nuevas ilusiones
¡Otro vendrá!
otro.
Y mis lágrimas
inundarán el Almond
con mi dolor,
su río.

Sus letras desenrolladas nos llevan de peregrinaje por el planeta. Celendín, Lima, Tsvetnoy, Barcelona con su Rambla del Raval y Venecia. Cada uno de estos lugares es una estación diferenciada del amor. El amor al pueblo, a la ciudad y su cultura popular y la geografía desfalleciente de romanticismo, con sus peculiaridades,  lenguajes y sobre todo con el morar en la arboleda de la esperanza, ahí donde el amar sabe ser: Alba, pan, vino. 
Como todo rapsoda que asume como propia la estación del nosotros, Jorge Aliaga, vive enamorado del amor con la intensidad no de un Sade, que fue un depredador de mitos, ni de un Casanova, el mago que convertía a las mujeres como simples objetos de placer, menos la de un don Juan Tenorio, cuyas aventuras amorosas servían para esconder su homosexualidad. La pasión que muestra por el amor este poeta, la encontramos en los caminos trazados por Cyrano de Bergerac, lo que nos permite explicarnos por qué su lírica es una exaltación perenne a la mujer, la vida y la pasión: /Henchidos de luz/tus senos son embelesos,/albura de amor/azuzando la vida
Ser parte de las huestes líricas del buen Cyrano no significa para nada descarnar el hondo querer. Todo lo contrario, y eso nos lo demuestra con el poema Tu Boca en el que encontramos un fino lirismo erótico:
Rompí el embrujo de tus labios rojos
duchos en placeres, libidinosos,
lácteos.

Agradecemos a Jorge Aliaga Cacho, por haber escrito este bello poemario, donde lo peruano popular y oprimido en sus diversos registros va de la mano con su cosmopolitismo y además porque su poesía fluye como manantial donde sólo encontramos áureos guijarros.

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