Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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22 de abril de 2015

Cruel Dolor

Vicente Vásquez Bonilla

Por Vicente Antonio Vásquez Bonilla.
Embajador Universal de la Cultura 2014
Tarija, Bolivia.


Me miraste con amor y esa mirada iba acompañada de una dulce sonrisa, de la ofrenda futura de un beso y de una promesa de pasión.
¡Así me viste! O así creí verlo.
Al hacerlo, me llenaste de vida, de ilusiones y como multicolor barrilete me elevaste por los cielos. Después, a la hora de la verdad, sin misericordia, cortaste el hilo de la esperanza que me sostenía y me dejaste caer.
¡Qué golpe más duro!
Me estrellé en el duro pavimento de la realidad. Aún no me repongo del impacto, ni creo que lo haga. Es más, ya ni deseo reponerme.
Camino despacio, sin deseo, como que de repente hubiera envejecido. En cualquier momento y lugar, me quedo inmóvil, con la mirada perdida. Me invade la apatía y el desinterés. Sólo deseo que todo acabe. Que el firmamento se borre para siempre. Que la nada se extienda sobre todo.
Cierro los ojos y todo desaparece, ya no hay paredes blancas, cielo azul, nubes albas, arboledas verdes o flores rojas. Sólo quedan como un signo persistente de la vida, el trinar de los pájaros, el ronroneo de los insectos, el leve rumor del viento entre las hojas y el sonido distante de los vehículos cruzando las calles aledañas.
No es suficiente con cerrar los ojos para que todo acabe. ¡Hay que morir! Sin embargo, lo sé, todo continuará existiendo. Sólo para mí, todo habrá desaparecido y con ello mi capacidad de percepción
Por primera vez, sorprendido comprendo, pero sin aceptarlo, que haya personas que invadidas de desesperación y agresividad estén dispuestas a matar o a morir o a ambas cosas.
Pero ¿cómo morir? De un balazo o por la acción de un cuchillo.
¡No! Eso no, se trata de procedimientos poco vistosos. Quizás, hasta escandalosos y carentes de estética. Además de inmundos; la sangre ensuciando el piso, los muebles y las telas que después alguien tendrá que limpiar, que tarea tan desagradable para quien le toque hacerlo y que desconsideración de mi parte.
¿Utilizando algún brebaje?
¡Sí! Es un procedimiento de mayor belleza, más discreto y hasta puede pasar desapercibido. Con un poco de suerte, puede atribuirse a una muerte natural y así, les evitaría molestas explicaciones y engorrosos trámites legales.
Otra opción para morir, sería que con paciencia, en soledad y lejos del ser amado, esperar la terminación del ciclo natural de la vida.
¿Y si éste tarda mucho? Continuar con el aburrido y lento proceso de decadencia en todos los órdenes de la existencia. ¡Qué tedioso!, además de permanentemente doloroso para mi alma y al final para mi cuerpo.
¡Si de todas maneras vamos a morir! ¿Por qué no acelerar el proceso?
¡Sí! Lo pensaré muy detenidamente. Es un paso a considerar y muy en serio. El suicidio puede ser una opción liberadora, además de ser la decisión más personal y trascendente que puede tomar un ser humano en el camino mortificante de la vida.
Al romperse el espejismo de amor que por un instante se formó en el desierto de mi vida, comprendí que no puedo obligarte a que me desees, a que no sientas rechazo hacia mis besos o a que sientas lo que yo siento por ti. No, eso es imposible.
De que me sirve estar rodeado de vehículos de lujo, de mansiones y de otras riquezas, si mi alma está vacía. Si nada me llena. Si mi desinterés es general y ya no quiero nada. Nada, por bueno que parezca, me interesa.
Con desinterés giro la cabeza y mi vista se detiene. Cuenta tus dones y talentos, me aconseja un rotulo. ¿Cuales dones? ¿Cuales talentos? Acaso un don sea mi capacidad de razonamiento, mi habilidad para racionalizar lo que me parece el final del amor que nunca fue y de las cosas bellas que lo adornarían.
No te lamentes nunca. No te quejes. No te atormentes. No te deprimas. Me indica otro mensaje, bien intencionado.
Medito. Me estoy ahogando y en medio de la desesperación me sujeto de esas tablas. Me aferro como el desesperado naufrago a su última esperanza y con esfuerzo logro llegar a la playa de la vida.
Tomo el camino más difícil. El menos deseado. Quizás el más doloroso y con supuesta valentía, cobardemente acepto vivir.
Por esta vez me he salvado. Acepto la realidad como ineludible, perdono tu doloroso rechazo y quizás, con el tiempo, hasta pueda olvidarte.

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