Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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28 de octubre de 2013

HAROLD ALVA en la CIUDAD DESIERTA


Harold Alva


Por: Alberto Alarcón



Harold Alva es sin duda un poeta underground, un escritor en el filo de la navaja, un sereno creador de catástrofes. Nació en Piura en 1978 y está vinculado a Trujillo por los estudios de derecho que realizó en esta ciudad y por el Grupo Literario Triángulo4 que fundó en 1996. He aquí declaraciones suyas a propósito de la publicación de su último libro CIUDAD DESIERTA, de próxima presentación en nuestra ciudad, algo desierta también en acontecimientos literarios de importancia.


Quienes hemos leído CIUDAD DESIERTA, estamos de acuerdo en considerar este poemario como una suma de tus libros anteriores, pero una suma en la que todo está depurado, el lenguaje, las imágenes, la intención ¿Te propusiste todo esto cuando lo escribiste?

Yo siento a CIUDAD DESIERTA como el eco de otro libro: La épica del desastre, que a medida que iba desarrollándolo, ese eco fue independizándose. De eso me di cuenta cuando advertí que en CIUDAD DESIERTA había un discurso cuyo eje funcionaba más allá de ese otro escenario, Lima, sobre el que La épica se construía. Quizá porque fue un trabajo que empezó a gestarse desde el inconsciente, percibes la suma de mis libros anteriores. Digamos que el cuerpo de cada texto de CIUDAD DESIERTA se fue construyendo sin mi autorización. Sin que yo me dé cuenta.

Es difícil sentir CIUDAD DESIERTA como un libro cuyos poemas han sido escritos como independientes uno de otro. Esto me lleva a preguntarte si Lima, como un escenario físico, real, no está tan enraizado ahora en ti que forma un sustratum espiritual que se manifiesta en tu arte poética?

No, yo no creo en el sustratum espiritual. Lima es una ciudad que ha ido sitiando mi escritura porque identifico a su vértigo con mi naturaleza de hombre: Lima es tan conflictuada como yo. Su desesperación me conmueve, su desarraigo, porque Lima ahora es una ciudad poblada por desarraigados, es mi vocación apátrida verbal. Pudo ser cualquier ciudad con el mismo caos, pero fue Lima.

A lo largo de tu obra, y en especial en este último libro, la noche es un elemento bastante reiterado ¿Qué significado tiene la noche para un poeta al que, supongo, imaginando el día como un tráfago insoportable y la noche como la paz, como lo bucólico?

Cuando vivía en el campo, viví siete años en un poblado del norte habitado por casi cien familias, aprendí a esperar la noche para escucharme. Ese silencio, ese temor que me produce poder escucharme, fue lo que hizo que asalte a la noche para sobrevivirme. La noche es el escenario al que acudo para escribir, para reconciliarme con el miedo. En ella he aprendido a identificar las pérdidas.

Tú naciste en un villorrio del norte piurano, donde todo es luz, alegría y calor. ¿Cómo ocurrió tu paso a Lima, y cuánto has ganado y has perdido en esta ciudad?

Mi padre fue policía, la vida de mi familia fue una vida de gitanos, nací en Piura, en El Alto, viví allí dos meses, después viví en Trujillo mi primera infancia, luego en Cascas, Cajamarca, Tumbes, en casi todos sus distritos, después nuevamente Trujillo y finalmente Lima. Radico en Lima desde 1998. Pienso que todos los que llegamos a Lima perdemos algo: aquí se produce nuestra primera muerte, lo que viene después son acciones de sobreviviente. Literariamente ambos, Lima y yo, nos retroalimentamos.

Pero resulta que el sobreviviente es un poeta, y los poetas se resisten más que los mortales comunes a la muerte. Como sobreviviente en Lima uno debe elegir, según tu lírica, entre ser lobo o cuervo, al parecer tú elegiste lo segundo ¿Por qué? ¿Recuerdas ese vallejiano, vámonos cuervo a fecundar tu cuerva?

Si existe la reencarnación, yo elegiría en una próxima vida ser un cuervo. El cuervo, estoy seguro que esto lo sabía Vallejo, es el pájaro que asume con mayor precisión el sentido de la libertad, es egoísta, es desarraigado, el cuervo es el más humano de los pájaros. Los lobos le temen a los hombres, por eso los atacan. El cuervo no, el cuervo convive con ese peligro. La poesía es un peligro, a mi me gusta convivir con ese peligro. Quizá por eso no sólo Vallejo se asumió cuervo; Poe, Yeats, Panero, eligieron al cuervo para reescribir su voz. Yo guardo mucho respeto por la muerte.

Cuando llegaste a Lima, ya habían acontecido varios hechos literarios importantes en el Perú, las generaciones del 50, 60 y 70, con lenguajes poéticos distintos. Tú estabas más cercano a la experiencia de Hora Zero. ¿Qué tomaste de ellos y de los anteriores? Me interesa sobre todo, lo que tomaste de ellos respecto a tu lenguaje poético.

Quizá porque viví hasta los 20 lejos de Lima, mi discurso poético no se influenció por la estética anglosajona. Yo crecí leyendo a la generación del 27, a los surrealistas, que fueron las lecturas más cercanas a los poetas del 40 (Moro, Westphalen) y del 50 (Sologuren, Romualdo, Valcárcel), por eso a mí no me chocó la experiencia de Hora Zero. La forma cómo yo percibí o percibo mi realidad no la proceso en mi discurso como ellos, a mí no me dice mucho las tradiciones con las que ellos se alimentaron. He leído a los beat, por citar un ejemplo, pero mi sensibilidad no los procesa. Mi formación es de lengua española, francesa, Pessoa inevitablemente y Kavafis. Me interesa sin embargo los discursos de Nájar, Málaga y Mora, poetas del 70.

¿Tienen algo que ver los PEQUEÑOS POEMAS EN PROSA de Baudelaire con tu prosa poética? Yo siento que tu obra se vincula más a la literatura española, por su sencillez, ciertamente a la generación del 27, y al surrealismo, como un modo de trabajar con la mayor libertad posible tus imágenes.

Baudelaire es un tótem, sus Pequeños poemas en prosa y la carta a su madre son excepcionales, pero, y aunque se trata de narrativa, empecé a escribir poemas en prosa después de leer a Onetti y los Dichos de Luder de Ribeyro. La prosa poética de Baudelaire influyó inconscientemente, la prosa poética de Artaud, también. La libertad de la expresión en prosa poética y el modo surrealista para crear es lo que le da consistencia a mi poética. En cuanto a la influencia española, el Lorca de Poeta en Nueva York y León Felipe, sin duda.

Tú perteneciste al Grupo Neón de los años 90. Ellos, como fue el caso de Carlos Oliva, tenían la visión de un mundo urbano desquiciante, veloz, caótico. ¿Compartiste ese punto de vista? ¿Lo sigues compartiendo? Te lo pregunto porque si bien es cierto en tu obra hay bastante de eso, sin embargo, lo que exhalan tus versos no es una angustia exasperada sino más bien la voz de un hombre que recibe la violencia de la ciudad con una cierta resignación.

El Grupo Neón fue fundado en San Marcos el año 90. Efectivamente la poética que cruzaba al grupo tenía como pilar la violencia urbana, propio del contexto. Recuerda que vivíamos la recién instaurada autocracia de Fujimori. Los 90 en realidad fue una década siniestra en la que los discursos no sólo literarios se lumpenizaron, se achoraron, por utilizar un término propio de la calle. Yo llegué al grupo en su segundo momento y sí compartí esa visión del mundo urbano desquiciante, ahora no es que yo me haya resignado, quizá lo que sucedió es que esa visión fue procesada y un hombre de 35 mira el mundo distinto al de un joven de 20 años. Ahora observo la angustia y la depresión y yo mismo seguro soy esa angustia y esa depresión, pero mi apuesta es por reconstruir. En ese discurso también se encuentran algunos de los poetas que caminaron en Neón. Pienso en la poesía de Ildefonso.

Cuando dices: mi apuesta es por reconstruir, ¿te refieres a una acción civil, política?

Me refiero a una acción civil y a una acción poética. Civil, efectivamente, política. Y poética porque considero que el discurso coloquial y hegemónico debe subvertirse. Hay poetas cuyas propuestas lo han superado, poetas que empezaron a publicar a partir del 2000.

¿Qué es necesario para "proyectarse hacia el futuro? ¿Abrir la escritura, como dijo Antonio Cornejo Polar en el prólogo a Manuscrito del viento de Escribano, hacia una nueva épica que nos permita salir del yo, del exclusivo yo poético?

Abrir la escritura dijo Cornejo, romperse la lengua, digo yo. Algo que tengo como ley es que si alguien quiere proyectarse debe empezar por vencerse a sí mismo, hay poetas que no han logrado vencerse a sí mismos, ellos son los prescindibles. Rimbaud se destruía a sí mismo, Baudelaire se destruía a sí mismo, Antonin Artaud, se vencía a sí mismo, Leopoldo María Panero, se destruye a sí mismo. En ellos coinciden sus vidas como tragedia, cierto, pero vayamos a quienes no llegaron a extremos vivenciales, Huidobro rompiéndose la lengua en el último canto de Altazor, Borges en su Libro de los dones, o Kavafis en Esperando a los bárbaros. El poeta finalmente debe entender que no está sólo en el planeta y como los primeros juglares está condenado a interpretar y cantarle a su época para trascenderla. Como Homero, como Dante, como Darío, como el Vallejo de España aparta de mí este cáliz o como el Neruda de Canto General. El poeta debe tener consciencia épica.

En tu poesía hay un intento épico. Lima es un espacio físico, pero más aparece como una atmósfera lírica. ¿Cuál sería el escenario real, los hechos reales que te alentarían a ingresas en la neoepicidad que reclamaba Cornejo Polar?

Esta época es un momento de desastre. Los discursos ideológicos están en crisis, los discursos literarios ya no la interpretan, por eso hablaba de subvertirlos. Por eso mi intento de La épica del desastre en donde CIUDAD DESIERTA fue creciendo como un eco que logró, por sus elementos, independizarse. Ahora yo no describo los espacios físicos de Lima. Yo escribo desde esos espacios físicos. Algo así como que Lima es el significante y mi poesía el significado. Eso veo, pero esto es.

Un elemento aturdidor en tu poesía es que uno nunca sabe si la noche, la nocturnidad, es también la imagen de una mujer, de una mujer real, con la que el poeta tiene una relación contradictoria, a quien llena de elogios y reclamos al mismo tiempo ¿Existe esa mujer real?

Yo escribo en estado de asociación con intención centrífuga. Lima es un escenario físico que me interesa no como territorio concreto sino como escenario verbal, en esa categoría la mujer real existe. La oscuridad de lo pueril, lo trágico de ese elemento moderno, el amor, como sinónimo de pérdida, de noche, de lo que empieza y se termina. Es contradictorio cómo el hombre, ese animal que tanto tiene que ver con la civilización y la destrucción pueda quebrarse por alguien, o lo que es más raro, cómo sugestionado por esa otra construcción pueda sentir que se redime. Existe el hombre, entonces existe esa mujer real.

¿Cómo ama el poeta de CIUDAD DESIERTA a su hembra real? ¿Cómo es ella? ¿Si más siniestra, más distante, más inasequible, más transitoria, es mejor para ti esta mujer real? ¿Eres también un cuervo en el amor? Es decir ¿También un animal carnívoro?

Tengo a mi cuerva y ambos somos complejos, pero en esa complicación somos hedonistas y entonces nos complementamos. Nos construimos así, con nuestros picos de felicidad y de pelea. Estoy seguro que si yo soy siniestro, ella debe tener mucho de siniestra. Por supuesto nuestra lectura no tiene consistencia occidental ni judeocristiana. Vivimos a un océano de distancia y cuando nos reunimos somos eso: dos cuervos que se encuentran, dos cuervos intensos, un pájaro con su pájara para quienes solo importa esa unión, ellos, amurallados para el resto.

Wagner aparece en tu poesía. Su música tiene una gran componente político y al mismo tiempo una enorme sensación de fatalidad, ¿lo elegiste por esto?

Lo elegí por épico. Escribo con Wagner.

Mencionas también al pintor Delacroix, ese pintor que oscila entre el cielo y la tierra, entre el misterio y la realidad. ¿Cuánto ha hecho la pintura en tu concepción literaria?

Antes de empezar a escribir, aprendí a dibujar y a pintar. Cuando viví en Cascas, frente a mi casa vivía un pintor: Segundo Flores, el famoso Shemere, y en la esquina de la calle Progreso el pintor Romero. Shemere era paisajista y retratista y Romero pintaba frescos de estilo renacentista. Yo tenía 8 años y pasaba casi todas mis tardes en el taller de Shemere aprendiendo a matizar el color y los sábados iba donde Romero a aprender a dibujar anatomía. Así me pase esos dos años. Con ellos llegué a los impresionistas, al trabajo del color, a la intensidad, a ese temblor frente a los cuadros de Delacroix, a su carga romántica. Entiendo como romanticismo el apasionamiento por ser original: eso me marcó desde niño. A veces pienso que debí ser pintor. Gracias a Shemere y Romero me importa la construcción visual. Por eso me preocupo por el escenario de las imágenes. La intensidad es sensorial. Gracias a esos dos pintores de mi niñez, crecí admirando a Delacroix, a Goya, a Egon Schiele.

¿Y por qué Led Zeppeling y el poeta Gelman? A Zeppeling lo entiendo, por tu juventud, pero lo de Gelman no por tu conocida opción por el neoliberalismo.
 A Zeppeling lo escucharé siempre. Yo no soy neoliberal, Alberto. El neoliberalismo no existe. Yo soy un liberal primigenio, por eso me declaro un jacobino. Un liberal es alguien que lucha contra los conservadurismos, yo soy ese tipo de liberal, el problema es que nuestras izquierdas leyeron mal a Marx y se declaran en su mayoría mariateguistas cuando ni siquiera han leído a Sorel. Hablo de la izquierda peruana. Alguna vez le dije a un poeta que si yo hubiese nacido en Chile habría sido de la concertación, admiro a Allende, repudio a Pinochet. He crecido leyendo a Gelman.

Los liberales primigenios luchaban contra la monarquía, ahora hay que luchar contra este capitalismo oscuramente leonino, voraz y sangriento. La poesía no debe instrumentarse para esto, ni tampoco es una obligación de las personas comunes y corrientes. Te lo preguntaba sólo para saber quién es Harold Alva, desnudo de poesía, el Harold de la calle, de la vida cotidiana.

Y te agradezco la pregunta, Alberto. Efectivamente ahora la lucha debe ser contra ese otro gran opresor. El capitalismo salvaje, la corrupción y aquí volvemos a la necesidad de la responsabilidad por lo épico, porque se necesita de una hazaña épica para vencer al nuevo opresor. Harold Alva en la calle, en su vida cotidiana es un hombre que se compromete con su contexto histórico, por eso mi compromiso político. El poeta debe ser un hombre comprometido. Yo no creo en poetas como islas.

Quiero destacar algo importante en CIUDAD DESIERTA: la serena inserción de elementos andinos en tu logos poético. Entran sin estridencias, sin romper la línea española de tu poesía. ¿Qué es la peruanidad para ti? ¿Crees que los poetas peruanos han logrado hacer una poesía con características propias?

Yo no soy partidario de los nacionalismos. El lenguaje poético es universal, pero puede incorporar elementos identitarios de determinadas culturas. Nosotros somos un país pluricultural y por lo tanto hemos asimilado varias tradiciones. Particularmente yo he vivido en varias regiones, por eso quizá he asimilado elementos del norte o de la sierra. Elementos que cruzados por el mismo lenguaje no rompen mi tradición literaria, sin embargo aprendo todos los días y como soy un ser que se construye constantemente podría repetirte como Darío: "Hermano, tú que tienes la luz, dame la mía. / Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas. / Voy bajo tempestades y tormentas / ciego de ensueño y loco de armonía."

A propósito de Darío y los versos que citas, destaco también la persistencia del verbo TOCAR en tu poesía. Tocar es más propio de los ciegos que de los videntes. Esa ceguera tuya ¿Es la ceguera del hombre y del poeta que nunca sabrá qué es la poesía, qué es el mundo ¿Es una ceguera ética? ¿Es la ceguera del ciego que aparece en El Túnel de Sábato?

Saludo que hayas identificado mi persistencia en el verbo tocar. Yo siento que el poeta persiste como un ciego porque teniendo consciencia de lo que vive, insiste tercamente en ir contra la corriente, no sé si motivado por alguna categoría moral o ética. Quizá por instinto, por sobrevivencia. En el fondo sabemos que nada está bien, sabemos que estamos rodeados de inmundicia y sin embargo soñamos y continuamos escribiendo a pesar que el mundo se despedaza en nuestras narices. Pero continuamos porque guardamos discretamente la esperanza de mejorarlo, por eso vuelvo a la palabra reconstruir. Considero que nosotros hemos heredado un mundo para reconstruirlo.
Se trata de la ceguera del poeta que nunca sabrá que es la poesía y qué es el mundo.
Sobre esa ceguera, escribo.





27 de octubre de 2013. Diario La Industria, Trujillo.

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