Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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28 de noviembre de 2010

LO ANDINO EN LA POESÍA DE SAMUEL CAVERO




Por Jorge Aliaga Cacho ©


La poesía es palabra en el tiempo (1). Y el poeta Samuel Cavero nos dice en sus Memorias inéditas: «Yo nací en Puquio, Ayacucho, hace algo más de cuatro décadas. Soy uno de Los heraldos negros del que hablaba con dolor y acento universal César Vallejo. Mi pueblo ―como el de mi hermano mayor César― está en un círculo del muslo, en las venas abiertas, en el tizón de mi pecho, en la piedra labrada. Yo, heraldo negro que huye de sus propios fantasmas y el de los demás, soy en esencia la música de mi pueblo y la palabra hecha poesía y por eso las transporto con mis amorosas manos y el suave temblor de mis labios».


Hace ya siete años que se celebró un Concurso Internacional de Ensayo sobre la obra poética El mar, sueño de piedra de Samuel Cavero, publicada el 2002, en Australia. Fue promovido con el objetivo de incentivar la investigación literaria, el análisis y la exploración de la poesía; lo realizaron el Centro de Estudios Sociales y literarios José María Arguedas, Terra Austral Editores y la página web www.ayacuchoperu.com. El jurado se pronunció con un acta que fue difundida por la prensa y la red el 23 de Abril del año 2,004, día de las letras hispanas En dicho concurso salió elegido ganador el Dr. Camilo Fernández Cozman, miembro de la Academia Peruana de la Lengua y Catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El premio: Mil dólares.

Este hecho anecdótico, circunstancial, creo que es importante destacar para señalar como el entonces narrador sale a la palestra con un libro de poesía de su autoría y surge un concurso en homenaje a su obra, incentivándose la lectura y el análisis de la crítica oficial.


¿Por qué le puso este título el poeta? El Mar: Sueño de Piedra. Samuel Cavero nos dice: «Le puse El Mar: Sueño de Piedra, haciendo alusión a ese ciclo natural e impostergable de la vida que es como un camino, como un mar, lleno de ilusiones y sueños. El mar también es como la vida, un lugar repleto de sueños e ilusiones. La vida es hermosa. El mar también lo es, y hacer poesía por ende sigue siéndolo». (2)

Ahora bien lo andino, más allá del mar en el poeta es un mensaje telúrico que pervive en su poesía. Será que para el poeta la cultura andina es cambio permanente, adaptación a los nuevos desafíos. Y comprobamos que a la distancia el poeta no ha perdido su identidad y raigambre andina del que se duele. He podido hacer por eso una pesquisa lingüística buscando vocablos andinos en dos de sus libros de poesía: El Mar: Sueño de Piedra y Poemas para Julia, citándolos, de manera que nos permitan corroborar esta inferencia mía.


He podido encontrar que Cavero, poeta andino, de nacimiento, educación y familia, no olvida sus raíces ancestrales, sus querencias. Prueba de ello, y de la presencia de lo intransferiblemente andino, son los poemas de su libro: El último Adiós; Patria del Ajo; Mal dios Tiahuanaco; Huevo telúrico, Danzantes y La guitarra sí llora dos veces.

Si es que soy poeta por la gracias de Dios ―o del demonio―, es verdad que también lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, nos dice Lorca. (3)


Hay una muy interesante antología de poetas cuyo título es Solamente Palabras (Impresiones gráficas Ruiz Polo, Madrid, 2003), compilada y editada por el Centro de Estudios Poéticos de España. Allí Samuel Cavero fue finalista de este concurso con el poema El último adiós. Se cumple lo que Lorca recomienda a un buen poeta, como Cavero: «Si es que soy poeta por la gracias de Dios ―o del demonio―, es verdad que también lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo». (4)


En este libro Samuel Cavero hace gala de sus dotes de iluminado e inspirado vate con el poema El último Adiós, así como con una impresionante autobiografía metafórica de su vida. Se trata de una gran evocación lírica, el deseo del poeta de que cuando muera repiquen todas las campanas de su ciudad materna. Samuel Cavero retrata con especial lirismo a la ciudad de Ayacucho, su ciudad natal y de infancia; justamente con el poema cuarenta y último que cierra el libro ―el círculo de mi filosofía, lo llama el poeta― aparece en la contraportada de su libro de poemas El Mar: Sueño de Piedra, Editado por las Editoriales El Cid de EEUU y Terra Austral de Australia. Leamos El último adiós:


El último adiós

El poeta ha muerto, hermanos
escuchad como tañen las campanas
de las cuarenta iglesias
lloran y lloran los repiques
mientras multitudes dolientes de luto
van y van a misas
y al cementerio.

El poeta ha muerto, hermanos
en olor a tinta, sangre y capulí
su boca es espuma de versos.
¡Vengan! Vamos a rezarle un Padre nuestro
y abramos todas las ventanas
que la ciudad no se eche a morir.

Qué importa por qué ha muerto
murió a las cinco de la madrugada
dicen que era Icaro el Prometeo
arcilla, manantial, candela, viento
su voz es dolor y verbo
música en nuestro pueblo.

El poeta ha muerto, hermanos
sus versos son palomas mensajeras
escapan por nuestras ventanas.



El verso del poema El último adiós de Cavero, nos trae a la memoria Poesía de Tul, de Francisco Franco Bazán, que puede servir para reflexionar y comprobar como los versos van y vienen enhebrándose entre creadores, que muchas veces no se conocen ni se han leído nunca. Dice Francisco Franco Bazán en su poema:


…el estío salvaje de la pasión y de la belleza,

la vegetación enclaustrada del dolor y del conjuro,

y la sombra insobornable del último adiós

visitando al unísono los ojos cerrados del niño.


El último adiós, nos recuerda las cuarenta iglesias ayacuchanas, a ese redoble de campanas cuando se anuncia que en la Tierra de Muertos, Wañuy Pacha, algún notable ha muerto o sale la procesión. Tiene cierta evocación a César Vallejo con su poema Me moriré en París, que se lee así:

El poeta ha muerto, hermanos
escuchad como tañen las campanas
de las cuarenta iglesias
lloran y lloran los repiques
mientras multitudes dolientes de luto
van y van a misas
y al cementerio.

El poeta ha muerto, hermanos
en olor a tinta, sangre y capulí
su boca es espuma de versos.
¡Vengan! Vamos a rezarle un Padre nuestro
y abramos todas las ventanas
que la ciudad no se eche a morir.

El poeta considera la cultura andina como operadora de transformación social. ¿Qué es la poesía? Se pregunta Blas Otero, como lo haría seguramente nuestro poeta. No sabrá que decir atrapado por los dolores y las distancias. Esperará el ángel de la palabra traído por las musas, porque no ha muerto. (5)

El poeta tampoco olvida a su patria con gran identidad andina. «¿Qué otra cosa puede ser una obra artística que un artesano animado, una máquina capaz de fabricar emoción, que, introducida en un complejo humano, desencadene la multiforme vibración de lo encendido».(6) El Perú es poesía. Cuando Cavero nos habla de la patria lo hace con enorme pasión, ternura y melancolía:


Patria del ajo

Patria mía, ajo mío, cara mía.
Patria mía, pedazo de tierra
que los poetas han trajinado de versos
donde se puede sonreír y soñar.
Eres nuestra casa y nuestro campo.
Eres nuestra mejor poesía.


Nos preguntamos: ¿Es posible que la poesía se transforme en política? ¿Es posible que la política tome de la expresión literaria diversos tópicos que aparecen en los resquicios del texto literario? Hay mucho sobre esta relación, nunca del todo aclarada de la cual se nutren estas esferas que continuamente parecen alimentarse, retro-alimentarse. La política se asemeja a la poesía en su origen: tanto una, como otra, concurren en una afirmación ética con la cual cuestionan el orden establecido. El "político", así como el artista, se proyectan en el mundo, actúan sobre lo social, produciendo su "verdad"; intrascendente en el caso del primero, trascendente en el caso del segundo. Es el caso del poeta que recrea una divertida sátira contra Alejandro Toledo, incluso haciendo un juego de palabras de Tiahuanaco a Tiahuacano.

Mal dios Tiahuanaco

Tú eres el Presidente
mal dios Tiahuanaco,
contigo ya no alumbra dorados soles
de fructífera historia.

Tú no saliste del Titi Caca
mal dios Tiahuacano.
Préstame un día tu rostro.

«Los poemas son un territorio que no tiene por misión expresar verdades interiores, sino crear las condiciones de la verosimilitud poética emocionante. La poesía se justifica finalmente cuando el lector se cree el poema, del mismo modo que nos creemos el argumento de una película o la historia que nos cuenta un amigo». (7)

«Lo poético es un horizonte, una propuesta de existencia y de pensamiento presidida por la emoción, la imaginación y el sueño, como potencias liberalizadoras del hombre. Lo poético puede manifestarse en el hombre como discurso moral. Ese interior ético y estético al que se ha referido, entre otros, Luis Cernuda vincularía lo poético con el poema». (8) La ciudad encajonada como un huevo telúrico. En el poema Huevo telúrico está presente el verso “luz mercurial” que es parte de los recuerdos de infancia del poeta viviendo entre minas de azogue y mercurio, en Huancavelica.

Huevo telúrico


Luz mercurial. Yo tengo esa luz.
Me llama y me envuelve.
Es una cadena que va de la vida
a la muerte, de la muerte
a la vida. Círculo de fuego.

Aquí «La sumisión a una poética, sea cual fuere, es irremediablemente una operación melancólica. Poetizar tiene que ver con pensar con imágenes, manejar las connotaciones de cada adjetivo, cada verbo y cada nombre, adjuntar al sustantivo un calificativo que lo haga aparecer como ante los ojos del lector, dar tormento a la gramática para obligarla a cantar, urdir el hechizo de los paralelismos, las anáforas y las aliteraciones..». (9) Lo andino en la poesía de Samuel Cavero se proyecta en lúcidas imágenes para el lector:

La guitarra sí llora dos veces

Hablan los retablos de misterios y sueños

y las talladas piedras de Huamanga.

Escúchelas como hablan las piedras a sus hadas

son corazones calcinadas

en el viaje otoñal, desnudas.

Nos moriremos, “Adiós pueblo de Ayacucho”

qué más dolor insondable nos das.

Nuestra palabra se volverá melodiosa música

y tú música será sagrada palabra en mi duelo cantar eterno de almendrahadas.

Ambos seremos el viento, el soplo vital,

la lluvia que jadea los trigos al hospital.


Venga maestro del ande

venga a mis musas, ande.

que del ande venimos, ande

enséñeme a estremecer las cuerdas

de su hermosa guitarra con sus manos yertas.

Su poesía es memoria, leyenda, tributo. Moisés Cavero Cazo y el Monseñor Salvador Cavero León fueron excelsos poetas amantes de todo lo huamanguino, ambos hicieron poesía en castellano y Runa Simi y le inculcaron esta filosofía que Cavero bebió de sus consejos, de sus lecturas, en la pupilas de sus ojos, de sus labios, , y quizá, como él dice, ellos sean los “culpables” (en el buen sentido de la palabra) de que ahora Cavero escriba y publique con mucha regularidad.

Soy el hijo de Zeus y Dánae
Acrisio, el del Ande, fue mi abuelo.
Vuelvo al polvo y soy de fino polvo
de pesado y brilloso metal
que ilumina tu triste mirada.

Asimismo se pueden encontrar en Samuel Cavero una plena identificación con la problemática social del ande, con lo circunstancial, con lo eterno y lo efímero. En Poemas para Julia (10) hay dos poemas que resuman una intransferible carga andina, estos son: El Angel y Februalia. El poema El Angel es una catarsis lírica entre los laberinto de su infancia, la inocencia del niño que fue a los cuatro años, viviendo en los andes, entre Huancavelica y Ayacucho, ciudades de conventos e iglesias que impresionaron al poeta. De Huancavelica su cerro Santa Bárbara, el río Ichu, las truchas, el Niño de Lachocc, el profesor de su escuela tan pobre y otros detalles que marcaron su infancia viviendo el germen de lo que sería su poesía en las serranías del Perú a 3,860 metros del mar. Hay metáforas, simbolismos, juegos de palabras, recursos estilísticos, una parábola bíblica, en fin… que nos recuerda al inmortal César Vallejo, pero en Cavero se transmuta igualmente con estilo propio.

El ángel


En el laberinto de mi otredad

pienso en ese ángel de abalorios

que a los cuatro años fui. Ábaco.

¡Del Ande conventos: Sermón de la Montaña!


Yo todavía no tenía preocupaciones

mi desamparo era mágico territorio de fábulas

respíaba sin tribulaciones, con libertad gaviota

tenía escuela y recreos al pie del río Ichu,

las llamas desfilando en campanillas por las calles

las truchas habitando las heladas aguas

los niños que llegaron tarde y no saben su lección

la inflexible regleta del profesor Zorrilla

y una patria de colores frente al Santa Bárbara protector

en mis libros cama hogar Yananaco, húmedo barrio frío

y bajo las torres acampanadas de la Iglesia

gemidos de indios en socavones

me traían historias de dolor

la imagen adusta y severa del Virrey Toledo.



Más tarde

cuando mis padres me lanzaron al militarizado

no fue la expulsión de los mercaderes del Templo

fue un deshacerseryhacerse

me crecieron alas doradas y al sobaco mundo

eché mis cóndores a volar

descubrí muchas señoronas y huacos en deseo

ludimiento de pieles blanquindias y cobrizas

colibrís pindongueras madrugadas por la miseria

sometidas a mis tentaciones blancas

y tu rostro, caremorena ¡Mi América chola!


Februalia


Enclavada en los andes gran valle de fiestas

visitada y nunca bien ponderada ciudad

hoy te canto Jauja de mis amores

y mi voz se emociona al exclamar:

¡Qué leyendas encierran tus pueblos, beldad!

Caporales y mayordomos de Yauli enhiestas.


Del poeta Samuel Cavero ha escrito en el prólogo del libro Antología del Círculo de Poetas de Sydney el catedrático Dr. Ignacio García, Senior Lecturer, University of Western Sydney , esta interesante cita:

«Samuel Cavero tiene el don de transmutar lo que toca en belleza. Más allá de mero espejo o sismógrafo, su poesía es mediadora entre el mundo y la conciencia. Es Cavero un ingenioso explorador de palabras, también de silencios, de espacios y de la propia direccionalidad que pueden adquirir estos dentro de un poema. Su poesía es a veces enigmática como las Huellas de Nazca (“La mujer del Desierto”), otras, en apariencia juguetona (“Danzantes”) aunque en el fondo nunca lo es: se trata de una poesía planificada por un gran creador de vanguardia… Bien puede considerarse heredero de su coterráneo César Vallejo, aunque con personalidad propia». (10)


Referencias bibliográficas:


(1) Antonio machado: Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes, sentencias de un profesor apócrifo. Madrid, Castalia, 1971, pp.71-72.

(2) Samuel Cavero Galimidi: El Mar Sueño de Piedra, Terra Australis, Sydney, 2002.

(3) Federico García Lorca: “De viva voz a Gerardo Diego” en Obras Completas. Madrid, Aguilar, pp.169.

(4) Blas de Otero. “Qué será de la Poesía” en Historias fingidas y verdaderas. Madrid. Alfaguara, 1970, p. 71.



(5) Juan Larrea en Gerardo Diego: Antología. Madrid. Editorial Signo, 1937, pp.375.



(6) Luis García Montero. Confesiones poéticas. Granada. Diputación provincial de Granada, 1993, p.168.

(7) Ramiro Fonte: “Dos fragmentos de posibles poéticas” en los poetas tranquilos. Antología de la poesía realista de fin de siglo. Granada. 1996. Germán Yanke.

(8) Miguel D’Ors: Prólogo de punto y aparte. Granada. Comares. 1992.

(9) Felipe Benítez-Reves: Prólogo de Paraísos y Mundos. Madrid. Hiperion, 1996.

(10) Samuel Cavero Galimidi. Poemas paras Julia, Terra Austral Editores, Lima, 2009. Ver además: Samuel Cavero. Círculo de Poetas de Sydney, Antología. Sydney, Terra austral Editores, 2004, p. 10.

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