Sociólogo - Escritor

"La Casa de la Magdalena" (1977), "Essays of Resistance" (1991), "El destino de Norte América", de José Carlos Mariátegui. En narrativa ha escrito la novela "Secreto de desamor", Rentería Editores, Lima 2007, "Mufida, La angolesa", Altazor Editores, Lima, 2011; "Mujeres malas Mujeres buenas", (2013) vicio perfecto vicio perpetuo, poesía. Algunos ensayos, notas periodísticas y cuentos del autor aparecen en diversos medios virtuales. Jorge Aliaga es peruano-escocés y vive entre el Perú y Escocia.

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27 de agosto de 2010

El celoso extremeño


Por Jorge Aliaga Cacho

Don Miguel de Cervantes Saavedra publicó la novela "El celoso extremeño" el año 1612. Tres años más tarde la obra también fue publicada como entremés. Esta modalidad se da en la forma de interludio teatral de un solo acto y corta duración. En las páginas siguientes nos ocuparemos del recuento de estas obras y del establecimiento de las diferencias halladas entre ambas formas literarias.
"El celoso extremeño" de las "Novelas ejemplares", en la opinión de Casualdero, es la única colección que tiene un desenlace negativo´: 'Cervantes en vez de presentar a un héroe victorioso, pone delante de nosotros al antihéroe y su mundo’. (1)
El tema de la novela, un viejo casado con una mujer joven, a la cual protege con celoso desvelo, es muy antiguo y se ve repetido en numerosos relatos tradicionales. En el relato de Pedro Alfonso, “Disciplina clericalis” se presenta una trama similar: un joven antes de casarse ´pregunta a un sabio acerca de la seguridad y guardado de su futura esposa. El joven recibió el consejo de construir una casa con paredes altas, y una sola ventana, y una puerta inaccesible a cualquier ajeno. No obstante haber seguido el consejo del sabio la mujer logra engañarle con otro joven, tras emborrachar al marido y procurarse la llave que él tenía escondida bajo la almohada.
Algunas analogías del tema se pueden apreciar en obras tales como: “Historia de Flores y Blancaflor”, “El Filocolo”, de Boccaccio, “El Corbacho”, del Arcipreste de Talavera, “El Orlando enamorado”, de Mateo Boyardo, etc. Sin embargo, debo de anotar la afirmación de que, Felipe Carrizales, o Cañizares, y un posible Loayza fueron personajes de la vida real. De ser esto cierto, alguien ha dicho que, en esta novela los precedentes literarios se desvanecen ante el poder de observación de los personajes vivos. La última afirmación, aunque valida, en mi opinión, debe dar importancia a la influencia cultural que se produce al relatar un episodio vívido.
La trama se desarrolla, más o menos, de la siguiente manera: un anciano muy rico, Felipe Carrizales, contrae matrimonio con una mozuela, Leonora, de quince años de edad. La diferencia de edad entre los cónyuges produce una obsesionada desconfianza en el anciano marido, quien encierra a Leonora, en una casa especialmente construida, para no permitirle contacto alguno con ningún hombre. La joven permanecerá encerrada en dicha casa, vigilada por esclavas gobernadas por Marialonso. Loayza, atraído por lo misterioso de la casa, llega al recinto presentando su aspecto juvenil y de ocioso sevillano. Argucias, y la colaboración de la dueña, vencerá el inexpugnable recinto para poner a Loayza frente a la prenda deseada. El viejo, Carrizales, descubrirá a Leonor dormida en compañía del joven seductor. Este hecho ocasionaría luego la muerte de Carrizales. Antes de morir Carrizales se resigna a los hechos y perdona a Leonora.

En la manera relatada en nuestro párrafo anterior se presenta la historia del texto impreso en 1613. Sin embargo, en el “Códice”, de Porras, primera versión del tema, el adulterio llega a ocurrir. De la misma manera sucede en el picaresco entremés de “El viejo celoso”.
En el impreso de 1613 la versión aparece de la siguiente manera: “Pero con todo esto, el valor de Leonora fue tal, que en el mismo tiempo que más le convenía, le mostró contra las fuerzas villanas de su astuto engañador, pues no fueron bastantes a vencerla, y él se cansó en balde, y ella quedó vencedora, y entrambos dormidos. Y esto ordenó el cielo que, a pesar del ungüento, Carrizales despertase….”. (2)

En la primera versión, el Códice de Porras, el texto se presenta de la siguiente manera: ‘No estaba ya tan llorosa Isabela en los brazos de Loaysa, a lo que creerse pueda, ni se extendía tanto el alopiado ungüento del untado marido, que le hiciese dormir tanto como ellos pensaban…”(3)

En “El celoso extremeño” se presenta un cuadro análogo al de “El viejo celso”. En ambas piezas se mitiga los términos del pecado a diferencia del picaresco entremés. Américo Castro opina que: “El celoso extremeño”, que apareció impreso en 1613, presenta un cambio: “tal escena ha sufrido una extraña purificación. Los ángeles de la Contrarreforma se han cernido sobre los dos amantes, y el resultado es algo mirífico: duermen en brazos uno de otro, sin que la castidad reciba menoscabo”. (4)

Según Américo Castro, Cervantes escribe primero lo que piensa: que la mujer es adultera pero que luego surge el recuerdo de la moral, de Trento, en su obra, se puede apreciar la opinión de que producto de la opresión ejercida por la Contrarreforma Cervantes se rectifica. Esta rectificación, afirma Castro, es hecha a través de un enmascaramiento en su estilo complejísimo.
Cervantes se ocupa de tres temas fundamentales en esta historia: la desigualdad en los matrimonios, el problema de los celos, el adulterio. En el primer tema Cervantes despliega la teoría renacentista que explica la peligrosidad de los matrimonios incongruentes. Este punto de vista también fue expresado en el Quijote cuando nuestro autor anota:”…porque nunca los tan desiguales casamientos se gozan ni duran mucho en aquel gusto con que se comienzan”. (5)
El segundo tema referido por Cervantes es el relacionado con los celos. Cervantes condena la vigilancia extrema de las mujeres. Esta vigilancia por más severa que fuera, fallará su cometido si es que el recato no parte de la propia voluntad femenina. En muchas de sus obras Cervantes repetirá esta idea: “La señora Cornelia”, “El laberinto del amor”, “El Quijote”, etc. Al referirse a este tema J.M. Diez Borque, citado por García, comenta: “La mujer es el objeto pasivo del honor, reflejando el del marido, y para mantenerlo lo más segura es privarla de la libertad, reducir sus posibilidades de actuación y esto sí es reflejo de la condición social de la mujer en el siglo XVIII”. (6)
El tercer tema aludido por Cervantes es el adulterio. La novela enfoca la pregunta: ¿Es este pecado merecedor de perdón o castigo? En el transcurso del trágico desenlace vemos que el augurio renacentista toma complexión y se manifiesta en el fracaso del incongruente matrimonio. Al menos para Carrizales el adulterio se ha consumado y no valieron nada las precauciones adoptadas para contrarrestar el pecado.
Una de las coplas cantadas por Loayza son ideas que repiten el pensamiento cervantino:

“Madre, la mi madre,
Guardas me ponéis,
Que si yo no me guardo,
No me guardaréis.
Dicen que está escrito,
Y con gran razón,
Ser la privación
Causa de apetito;
Crece en infinito
Encerrado amor;
Por eso es mejor
Que no me encerréis;
Que si yo, etc.” (7)

La novela como el entremés, en diferente intensidad, nos presenta una posibilidad de juzgamiento. Pero, ¿Quién es o quiénes son los culpables? Un seguimiento simple de la historia nos pone de manifiesto muchos cómplices: el negro esclavo, la dueña Maríalonso, la negra Guiomar, etc.
Cervantes no se olvida de culpar también a los generadores del delito: los interesados padres de Leonora. Con ello censura la ambición de los matrimonios impuestos. En la novela trata irónicamente a los padres de Leonora: “Quedaron los padres de Leonora tristísimos, aunque se consolaron con lo que su yerno les había dejado y mandado por testamento”.
En el entremés, a diferencia de la novela, Cervantes se burla del viejo celos y presenta en escena un desvergonzado adulterio. En el entremés, “El viejo celoso”, Cervantes no solo disculpa el deshonor, sino lo aplaude como justo castigo. Según García, “Novelas ejemplares”, refleja más cercanamente el criterio cervantino cuando este trata temas de aguda crítica. En el caso del adulterio, García opina que, el entremés “El viejo celoso” tiene la finalidad de hacer reír a la audiencia, razón por la cual se encuentra más alejado del criterio cervantino.
Stanislav Zimic piensa que la influencia de Bandello es reveladora en Cervantes y particularmente, de manera patente, en el entremés, “El viejo celoso”. En este entremés se ejemplifican las ideas de Bandello que también fueron reflejadas por los renacentistas.
“Se revela, sin duda, también esa glorificación desenfadada de la sana naturaleza, triunfante sobre todos los intentos de suprimirla o refrenarla, que suele dejar tan perplejos a muchos lectores por estimarla extraña, contraria a la característica expresión artística cervantina”. (8)
Américo Castro se expresaría más directamente al comentar del entremés de nuestro ensayo de la siguiente manera: “nunca ha escrito Cervantes con tal desvergonzado cinismo como en esta deliciosa obrita”. (9)
Castro también advierte que la moralidad de un autor no depende del género literario o teatral en que se expresa. Cervantes en cierto momento de su actividad artística, nos dice Castro, decidió relajarse con algunas obras que produjeron unas escenas “en la forma más lúbrica y desvergonzada que registra la literatura española después de la cópula de Pármeno y Areúsa en La Celestina”. (10)
La novela, “El celoso extremeño”, tiene en su haber dos finales que responden a sus diferentes ediciones. Pero, como ya lo hemos sugerido, tal vez haya habido fuerzas sociales que motivaron los diferentes finales de la obra. En la novela se registra el apellido del viejo, custodio de las siete puertas, como: Carrizales. En el entremés, en cambio, es registrado como Cañizares.
Carrizales es víctima de adulterio en una de las novelas; la segunda edición, se esta no muestra el desenvolvimiento fatal. En el entremés, sin embargo, cabe notar que la fatalidad llega a ocurrir pero es necesario el uso de la percepción de la audiencia. Por las diferentes formas de percibir de los integrantes de la audiencia vamos a construir diferentes finales de la obra. Cada final es parte de la subjetividad de cada individuo pero analizando la forma lexicológica usada por los actores, y por lo pícaro en la intención de la obra, podemos decir que en el entremés la deshonra se comete. La percepción del autor de este ensayo es que incluso la vasija o lavatorio de agua echado a Cañizares había sido usada en la procuración final del acto: “Lavar quiero a un galán las pocas barbas que tiene con una bacía llena de agua de ángeles, porque su cara es como la de un angel pintado”.
Las palabras de Doña Lorenza, de nuestro párrafo anterior, derrochan un pícaro- erótico contenido que estoy seguro ha debido de ser uno de los menos recatados de su época. Las palabras expresadas por Lorenza debemos entenderlas en doble sentido, pues en mi opinión, es difícil imaginar a Lorenza, después de tantas peripecias, lavándole la cara a su galán.
Las coplas cantadas al final del entremés por los músicos y cantores nos entregan un argumento más para sostener que en el entremés la deshonra llega a efectuarse:

“Llover el trigo en las eras,
Las viñas estando en cierne,
No hay labrador que gobierne

Bien sus cubas y paneras”
Es indudable que esta copla está destinada contra Cañizares. Los cantores ‘le dicen’ que en algunas épocas las pasiones de los conyugues son difíciles de controlar.
En la novela de nuestro estudio el trama es diferente: “Pero, con todo esto, el valor de Leonora fue tal, que en el tiempo que más le convenía, le mostró contra las fuerzas villanas de su astuto engañador, pues no fueron bastantes a vencerla, y él se cansó en balde, y ella quedó vencedora, y entreambos dormidos”. Luego Cañizares, al despertarse, interrumpiría cualquier delito.
La lírica musical del entremés no la encontramos en la novela. La lírica expresada en la novela tiene diferente finalidad que la del entremés. En la primera, las canciones se usan para ayudar a la consumación del delito. Loayza hizo uso de sus dotes musicales y poéticas para ganar la confianza de Leonora. La letra de las canciones, muy en moda por entonces, cantadas por Loayza, sirvieron al trovador para la conquista de su objetivo: el corazón de Leonora.

“En esto, la dueña tomó la guitarra, que teniía el negro, y se la puso en las manos de Loayza, rogándole que la tocase y que cantase unas coplillas que entonces andaban muy validas en Sevilla, que decían:
Madre, la mi madre,
Guardas me poneís,
Que si yo no me guardo,
No me guardaréis”. (11)

En estas coplas y las subsiguientes de la novela, se aprecia el uso de una lírica de convencimiento. Loayza utiliza las canciones como instrumentos de convención.
En el entremés, por el contrario, las coplas cantadas por Loayza tienen otra finalidad. En este caso encierran una picardía más aguda que servirán como principal elemento en el entretenimiento de la audiencia. Las coplas del entremés las podemos apreciar, tal vez, como parte de un ‘grand finale’. Y servirán también para ridiculizar a Carrizales quien no quería dicha música:
-‘Señores, no quiero música: yo la doy por recibida’.

Y el músico le responde:
-‘Pues aunque no la quiera’.
El interludio es dominado, usualmente, por la farsa.
Esta es la característica principal que la diferencia de la novela. Su propósito es entretener al la audiencia, con una pieza corta de cargada extravagancia, entre los de una pieza de teatro de normal duración.
Edwing Honig ha escrito acerca del entremés lo siguiente:
‘It deals with stock characters and a temporarily unhinged situation reassembled at the end by a token banquet, dance, or marriage’. (12)
Edwing honig opina que el entremés de este ensayo, se torna al final, del lado de una alegría irónica ocasionada por la distorsión de la vida real. (13)
Otro de los elementos que diferencian al entremés de la novela es la amplificación de la incompatibilidad de los personajes durante la oportunidad de expresarse en público, como si estuvieran en un juicio público.
Muy propiamente sostiene Honig que por el hecho de acordar ‘el juzgamiento público’ es más fácil reintegrar a los personajes dentro de la comunidad contra la cual pareciera que hubieran estado rebelándose: ‘but the social injuction that checks it also dissolves for the moment all individual differences in the interludes’. (14)
Para concluir este ensayo quisiera enunciar dos particularidades de nuestro estudio:
La primera, es la opinión de Wardropper, citado por Zimic: ‘Cañizares se percata del adulterio, pero que por honra decide encubrirlo, con la complicidad de Lorenza’, (“Ambiguity in El viejo celoso”, pages 24,25).
Nos cabe la pregunta, si damos por aceptada esta premisa: ¿Logró Cañizares engañar a la audiencia?
Zimic nos muestra nuestra segunda particularidad cuando anota citando a Astrana Martin: ‘nunca se hizo una novela de una pieza de teatro’. (“Vida ejemplar y heroica de Cervantes”. Vol VI, página 238).
Concluyo citando algunas fundamentales características presentadas por ambas obras: ell entremés y la novela. Estas son inconfundibles en ambas versiones: Carrizales o Cañizales, se presenta como un viejo indiano, celoso y necio, que guarda estrechamente, ‘enfermamente’, a Leonor. Marialonso es la vieja sensual, lasciva, malintencionada y alcahueta. Leonor es la joven ingenua, prisionera sin libertad de contacto con el mundo exterior.
Las diferencias las encontramos en un Loayza que se convierte de pícaro en galán, renovando la pareja amorosa, aumentando la trama central, incorporando al gracioso y cambiando el desenlace de trágico a cómico. Y la fundamental diferencia, en la forma, es que de los tres temas considerados en la novela, en el entremés repite los dos primeros pero no el adulterio al no haberse consumido matrimonio previo. Las otras diferencias pueden ser halladas en la propia percepción de la audiencia o del lector a la usanza ‘psico-cervantina’.

‘Yo me voy, pero advertid
Que neciamente se engaña
Quien fía el guardar mujeres
De una llave y de unas tablas:
Porque las tablas se rompen
Y suelen haber llaves falsas:
En fin las mujeres solo
consigo mismas se guardan’. (II,145)

Bibliografía

1 Casualdero, Joaquín
“Sentido y forma de las Novelas ejemplares”, p.135, Universidad de Buenos Aires,1943.

2 García Martin, Manuel
“Cervantes y la comedia española en el siglo XVIII”, p.109, Universidad de Salamanca,
1980.
3 Ibid, p.109
4 4Ibid, p.109
5 Cervantes, Miguel de, citado por Manuel García, p.110
6 Diez Borque, J.M., citado por Manuel García, p.111
7 Cervantes, Miguel de, “Novelas ejemplares”, p.125, Catedra, London, 1990
8 Zimic, Stanislav,”El teatro de Cervantes”, p.394, Castalía, Madrid, 1992
9 Castro, Américo, citado por Zimic Stanislav, p.394, Madrid, 1992
10 Ibid, p.395
11 Cervantes, Miguel de, “Novelas ejemplares”, p.125
12 Honig, Edwin; “Cervantes a Collection of Critical Essays”, p.152, Lowry Nelson, Yale University, 1969
13 Ibid, p.152
14 Ibid. p.155